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jueves, 4 de septiembre de 2014

CARTA A ANTONIO ROJAS LORENTE

 PARA ANTONIO ROJAS LORENTE

Amigo Rojas:
                     En nuestras primeras vacaciones de verano, verano de 1964, te escribí una carta a la que me contestaste con rapidez; yo, por desgracia, tardé algo más en responderte y ya no pude hacerlo: te habías marchado, sin avisar, a la Casa del Padre, uno de esos días calurosos de verano mientras disfrutabas de un día de baño, en el río de tu pueblo, junto a otros compañeros. Hace nada me contaba nuestro amigo Juan García Parra la rapidez del aquel accidente y cómo tuvo que esperar hasta identificar tu cadáver.
                     Siempre pensé que no debí ser perezoso y haber respondido a tu carta con la misma prontitud con la que tú respondiste a la mía, pero hoy, 50 años después de aquel verano y de aquel trágico día, quiero hacerlo. Sé que no perdí esa carta, pero ahora que todos estamos mirando en el baúl de nuestros recuerdos no aparece.
                     Nos conocimos aquel lluvioso 4 de noviembre de 1963 cuando llegamos a aquel inacabado edificio que albergaría el Seminario Menor Santa María de los Ángeles, procedentes de distintas localidades de nuestra provincia. La mayoría salimos en autocar desde Córdoba, de la calle La Bodega, y en el cruce de San Calixto cambiamos a camiones.  Seminario Menor de Santa María de los Ángeles... ¡y tan  menor!: éramos chiquillos de 10, 11, 12 años cargados de ilusiones, llenos de alegría; posiblemente no supiéramos muy bien qué hacíamos allí, pero felices sí que estábamos y lo fuimos. Con nuestros gritos habíamos roto el silencio y la paz casi monacal de aquellas montañas. Los superiores D. Gaspar, D. Francisco Javier. D. Antonio Jiménez, D. Pedro Antonio, D. Francisco de Paula, como un equipo perfecto, atendían a los familiares que se habían desplazado hasta allí, nos indicaban el dormitorio que nos correspondía, dónde estaba la capilla, el comedor, a qué hora sería la comida, dónde deberíamos recoger las maletas, dónde dejarlas una vez hubiéramos vaciado las mismas y colocado ordenadamente nuestras ropas en el armario individual que teníamos junto a la cama, aquellas ropas limpias y perfectamente planchadas que nuestras madres habían colocado en nuestras maletas y baúles.
                    Nos saludamos y hablamos, por primera vez, en el dormitorio que nos habían asignado, llamado Beato Juan de Ávila, mientras colocábamos la ropa y tú además colocabas, con mimo, tu bandurria con aquella funda de madera y de diseño extraño. Por primera vez, al menos yo, nos hacíamos la cama; recuerdo que me sobraban sábanas por un lado, las mantas descuadradas, la colcha por un lado arrastraba y por otro no llegaba: pronto descubrí que lo mejor era remeter todo muy bien por  debajo del colchón y entrar en la cama como si fuera un sobre. Me imagino que recordarás cómo era la primera alineación de las camas: empezaba con Carlos Arrabal, Alfonso Belmonte, Ruiz Nieto, Ruiz Alcubilla, Rojas Lorente, Raya Marqués y hasta aquí llega mi memoria. Curioseábamos los servicios, comprobábamos los grifos de aquellas filas de lavabos, todo era a estrenar, mirábamos por las ventanas, nos íbamos orientando para saber en qué parte del edificio nos encontrábamos y observábamos aquella puerta, casi secreta, que daba a la terraza del campanario y que, más adelante, descubriríamos cómo a veces se abría sigilosamente, con una llave maestra, y aparecía un superior siempre serio y estirado para comprobar el orden y el cumplimiento de la norma. Cerca de la puerta de entrada, el cuarto de D. Francisco Javier y el dormitorio Cura de Ars. Aquel día gritábamos, reíamos, todos nos ayudábamos con suma generosidad, todo era alegría y felicidad. Al atardecer, unos lloraban al despedir a los padres, muchos con  lágrimas en los ojos recordábamos a nuestras familias, a nuestras casas, y todos, con algo de morriña, empezábamos a ser consientes de que nos habíamos quedado solos y comenzábamos a vivir con una nueva familia mucho mas extensa que la que habíamos dejado en nuestros pueblos. A partir de aquel día Nuestra Señora de los Ángeles, los superiores y los numerosos compañeros formarían nuestra nueva familia, familia que, 50 años después, seguimos queriendo y recordando con tanta alegría. En estos momentos nos estamos reencontrando como si fuera el regreso de un largo exilio.
                    Estamos celebrando el 50º aniversario de aquella llegada al seminario, del inicio de aquel curso 1963-1964. Ha pasado mucho tiempo: aquellos chiquillos son hombres maduros, padres con hijos mayores, abuelos en muchos casos, prejubilados, jubilados, algo gordos, con poco pelo, la mayoría con los primeros achaques y supongo que con una trayectoria no siempre fácil, de trabajo, de dificultades, de lucha y superando lo que a cada cual nos haya ido presentando la vida; otros compañeros, como tú, se fueron demasiado pronto: se dice que los mejores se van los primeros, no sé si eso es así pero sin lugar a dudas se van los que más quieres.
                    Pero ¿sabes una cosa?, ¿sabes qué está pasando?: que estos hombres, mayores ahora, han vuelto a sentirse como aquellos niños que fueron, que jugaban al fútbol, al pichoncho, escalaban hasta aquella cruz de mármol, bajaban a la fuente de Los Tres Caños, andaban por el Palo Banderas y hacían excursiones a San Calixto. Aquellos niños que hacían multitud de travesuras ahora son felices y disfrutan hablando de sus extraordinarios recuerdos, de sus maravillosos amigos y de lo que significaron aquellos años en Los Ángeles. Unos compañeros se reunieron el pasado día 10 de mayo en Hornachuelos visitando, lógicamente, el seminario que, si bien en aquel primer año era un edificio inacabado, en la actualidad es un edificio incomprensiblemente abandonado. Compañeros como Arrabal, Castro Guerra, Gómez Ramírez, López Pedrosa, Montes Santiago, Osado Gracia, Raya de la Mora, Ruiz Nieto, Sánchez Toledano, D. Pedro Antonio Llamas y otros compañeros de cursos posteriores, protagonizaron el primer acto de celebración de esta efeméride. El compañero Carlos Arrabal está intentando reunir al mayor número de compañeros y ha creado un grupo de Facebook al que nos vamos incorporando los del periodo 63-65 de nuestro curso: Arrabal, Bazuelo, Belmonte, Caballero Luque, Crespo García, Díaz Alonso, Gálvez Gálvez, Gutiérrez Molero, Luna Prieto, Montes Santiago, Moreno Osuna, Nieto Molina, Polo Lara, Raya de la Mora, Raya Marqués, Toro Pérez, Ventura Jalón, Vida Ruiz, Vilas García.
                    Montes Santiago ha conseguido, no sé cómo lo ha hecho, la emisión de un sello conmemorativo de la Promoción del 63. Moreno Osuna se ha propuesto que nos toque esta Navidad el Gordo y ha comprado décimos del 41.163 que se han distribuido entre el grupo. A Vilas, ya sabes, nuestro solista de extraordinaria voz, le encargamos de todo, especialmente de lo que no sabemos muchos de nosotros: contabiliza la distribución de los décimos de lotería y de los sellos, cuelga las fotografías en el Facebook, diseña las fichas informáticas, organiza el trabajo informático y el asesoramiento a todo el grupo, porque está quedando claro que en los Ángeles no estudiamos informática; ha creado algo  que se llama blogs y que ahora está muy bien visto. López Pedrosa es un lince para identificar a los que aparecemos en las fotos que vamos colgando, y no es fácil porque son fotos que tienen 50 años. Luna Prieto reserva la mesa cuando nos reunimos en la Sociedad de Plateros o en los Tres Califas, junto a su casa. D. Francisco Solano Raya Marqués es el Don Gaspar de la actualidad: nos convoca, nos dirige, en ocasiones nos deleita con su gregoriano, en definitiva, nuestro P. Rector y el mejor comercial del whatsapp. Los demás lo pasamos maravillosamente bien, trasmitimos nuestros recuerdos, remitimos nuestras fotos, hablamos de otros compañeros y cuando nos juntamos no faltan nuestras copas. Muchos compañeros residen en distintas localidades de Madrid y se están reencontrando. Raya Marqués dice que hay que hacer grupos de compañeros por el norte, el sur, el este y el oeste. Yo te invito a que tú organices vuestro propio grupo, quizás ya lo tengáis, con Caballero Repullo, Delgado Bujalance, Estepa Sánchez, Lara Castro, Luque Fernández, Mérida Montoro, Navas Sánchez, Raya García y Zafra Tallón; no dejéis de avisar a D, Francisco Javier Varo, un grupo sencillamente extraordinario de compañeros tan queridos, ¡qué jóvenes os fuisteis, dejando un gran vacío! Seguro que se incorporarían otros superiores y  compañeros que en años sucesivos pasaron por los Ángeles y que ya no llegaste a conocer, como Antonio Aguilera García, Rafael Goñi Orellana, Juan Beteta García, Félix Ortega Osuna, Don Moisés Delgado Caballero, D. Eduardo Mármol Ortega.
                    Amigo, te he recordado en muchas ocasiones: te recuerdo con tu sotana, larguirucho, delgado y con  un timbre de voz muy particular, siempre sonriente, tocando la bandurria; también recuerdo aquellas frecuentes conversaciones que manteníamos mientras la luz del dormitorio permanecía encendida y cómo compartíamos aquellos manjares que recibíamos de nuestras casas en las talegas de la ropa limpia. Cuando ahora nos reunimos en la Sociedad de Plateros y te recordamos, como al resto de compañeros que ya no están, Raya Marqués siempre menciona, aún sorprendido, tú pronunciada nuez. Durante un tiempo veía, con cierta frecuencia, a Villén Lucena y siempre le preguntaba cómo estaba tu madre; sabía cómo le había destrozado tu muerte, igual que sabía cómo le había destrozado a mi madre la muerte de mi hermano. La última vez que le pregunté tu madre había fallecido recientemente y habían unido tus restos a los suyos, como el último intento de permanecer, también aquí, juntos.
                    Espero que este grupo de niños grandes siga disfrutando de este reencuentro y todos sigamos recordando lo que en aquellos años aprendimos. Estoy seguro de que, en los avatares de nuestra vida, Nuestra Señora de los Ángeles estuvo siempre a nuestro lado, y estoy seguro de que vosotros, tan cerca del Padre, nos habréis acompañado en muchos momentos.

                                                             Un fuerte abrazo de la Promoción del 63
                                                          
                                                                                                           Diego Ruiz Alcubilla
Agosto de 2014

11 comentarios:

  1. Diego, amigo: Si no fuera porque la costumbre de escribir con el teclado me permite saber, más o menos, donde están las letras, sencillamente no podría escribir esto ¡me has emocionado, "joio"!.
    Gracias por haber puesto negro sobre blanco mis propias emociones que son las tuyas y estoy seguro son las que todos compartimos. Muchas gracias Diego.

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  2. Diego, gracias por esta carta dirigida Antonio, me ha emocionado hasta el punto de dejar correr unas lágrimas, algo raro y poco frecuente en mí. Has hecho recodar aquellos benditos años que marcaron nuestras vidas y crearon un fuerte lazo de unión en todos nosotros a pesar del tiempo transcurrido.
    Un fuerte abrazo de corazón. Compañero Paco Polo

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  3. De una sencillez absoluta, no por ello menos magistral. ¿Para qué mostrar los sentimientos personales de otra manera si se pueden hacer así, tan reales como estos?
    ¡Bravo compañero!

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  4. Amigo Diego:
    Qué maravilla de carta dirigida a nuestro compañero Rojas, que palabras mas bellas y bien expresadas. Gracias por traernos a la memoria tantos recuerdos en unas pocas palabras, pero muy acertadas y bien colocadas.
    Gracias, un abrazo y un emocionado recuerdo a nuestro compañero y a los que lo siguieron después.
    Paco Moreno Osuna.

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    1. Antonio Estepa Romero6 de septiembre de 2014, 11:30

      Querido amigo Diego: Mucho tiempo ha pasado sin poder estar un rato juntos. Las nuevas tecnologías nos está ayudando a reencontrarnos de nuevo. Es como si un Pastor se afanara en reunir de nuevo a las ovejas que están dispersas por los montes de la vida. He leído tu maravillosa carta a Antonio Rojas. Me has emocionado mucho porque lo que escribes es exactamente lo que hemos vivido y compartido todos los compañeros. Yo le llamo a toda esta revolución interior el ESPÍRITU DE LOS ÁNGELES; no se concibe que después de 50 años, un ruinoso edificio sea tan querido por todos nosotros. En su interior dejamos muchas vivencias, muchos recuerdos y mucha amistad compartida. Por eso duele tanto la marcha de un compañero, porque con él se va parte de nuestra vida. ¡¡¡Enhorabuena Diego por esta carta abierta y por hacer que tengamos que beber agua para deshacer el nudo de la garganta. Un abrazo.

      Antonio Estepa Romero

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  5. Recuerdo con enorme afecto todos los momentos relatados. En muy poco tiempo se crearon lazos fuertes de amistad que vienen reforzados por este providencial encuentro. Un abrazo para todos.

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  6. Diego, gracias por esta carta dirigida Antonio, me ha emocionado hasta el punto de dejar correr unas lágrimas, algo raro y poco frecuente en mí. Has hecho recodar aquellos benditos años que marcaron nuestras vidas y crearon un fuerte lazo de unión en todos nosotros a pesar del tiempo transcurrido.
    Un fuerte abrazo de corazón,Compañero.
    Paco Polo

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  7. Querido Diego: hoy mismo he tenido acceso a este blog y enseguida me pongo manos en harina. Los de mi curso del 64 no conocimos a este compañero de quien hablas, ido tan temprano. Es igual. Nuestra hermandad nos engloba a todos los que fuimos afortunados de vivir en "tierra santa".
    De tu emotiva carta me ha llamado la atención la noticia, nueva para mí, de la muerte de Ricardo Goñi y de Juan Beteta. No lo sabía. De los otros sí que tenía conocimiento.

    Mi recuerdo de Beteta es que era uno de los contrincantes para la hegemonía académica. Los empollones de mi curso éramos Pepe Ruz, Juan Beteta, Pablo Márquez y yo. La rivalidad llegaba a su punto álgido en el concurso de Cesta y Punto. MI equipo ganó dos ediciones, no es por ná.

    Lo de Ricardo Goñi fue mucho más gracioso. Don Gaspar organizó un año que los seminaristas "más catetillos" fuéramos acogidos unos días en las casas de otros compañeros más cultivados. Yo pasé tres días con la familia de Ricardo Goñi, en Córdoba. Me llenaron de mimos y lo pasé genial, pero seguí luego igual de cateto.

    Oye Diego, déjate ver, tío y ven a las reuniones de primavera.

    Un abrazo para todos.

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  8. Amigo Fili: me alegra tener noticias tuyas de forma tan directa, creo que desde que dejamos el Seminario solo nos hemos visto, casualmente, en varias ocasiones cuando estabas en Reina Sofía, si la memoria no me falla. No hace mucho, cayó en mis manos tu libro Historia de mi consulta y otras imprudencias con el que, sinceramente, me he divertido mucho y después gracias a Paco Sánchez Sánchez he conocido tu blog Del breviario al Vademécum, del que he leído, preferentemente, aquellos que de alguna manera tienen relación con nuestra vida en los Ángeles o con los compañeros con los que compartimos aquellos maravillosos años Vuelta al Seminario lo he leído en varias ocasiones, el imaginario sueño de Jaime, pudo de forma real corresponder a cualquiera de nosotros, fueron realmente unos años maravillosos, inolvidables y llenos de amistad, una amistad que aún perdura, Blabla car una aventura muy divertida, el comentario de Estepa Romero estupendo y totalmente real, deberías autorizar al compañero Vilas a que pueda colgar en el blog los artículos que hacen referencia al Seminario, que los disfrutarán muchos compañeros.

    Rojas Lorente, fue la primera baja que sufrió el Seminario de Santa María de los Ángeles y el primer compañero que perdimos, lamentablemente después de Rojas vinieron otros, que también marcharon jóvenes. Efectivamente pertenecía al curso 63/64 y murió en el verano del 64, los del siguiente curso no tuvisteis la suerte de conocerlo, fue una gran persona y un magnifico compañero, yo como me dice el compañero Moreno Osuna tuve la suerte de disfrutar de Los Ángeles del 63 al 68, por ello me siento de ambos cursos.

    Has tenido un lapsus en la lectura de mi carta, hago referencia a compañeros de otros cursos que han fallecido y entre ellos Rafael Goñi Orellana hermano pequeño de Ricardo que ingreso en el curso 66/67. A Beteta si que lo seguí viendo, con bastante frecuencia, debido a su trabajo en temas culturales en la Barriada de Alcolea y claro que recuerdo aquellos encuentros de Cesta y Puntos.

    Fili claro que me dejo ver, no me ha movido de Córdoba y desde 1972 hasta el día de hoy estoy trabajando en la Diputación Provincial, salvo ocho años de excedencia que estuve de Delegado Provincial de Cultura pero también en Córdoba. La verdad es que siempre me he enterado de los encuentros anuales a toro pasado, si bien este año me remitió Contreras González un E-mail de Luna que recibí pocos días antes y me resulto imposible asistir, espero poder estar, el próximo año, en el encuentro de Montilla.

    Saluda y darle un fuerte abrazo a los compañeros residentes en Sevilla, a los que también hace años que no veo.

    Anímate y únete a este grupo, te alegrará ver colgados en facebook tantos recuerdos y fotos de aquellos años y sobretodo no de tu faceta intelectual sino de la deportiva.
    Un fuerte abrazo.

    Diego Ruiz Alcubilla

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  9. Diego, por causas de la vida ha llegado tu recuerdo de Antonio Rojas Lorente. Durante muchos años nos hemos conocido sin saber que nos unía esta persona. Mi mujer es su hermana, Ramona.. Hoy, con tu sentida carta nos has emocionado a los dos y en su nombre quiero agradecertelo. Rafael Arenas González

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