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lunes, 4 de mayo de 2015

LA PRIMAVERA...Y MAYO






















Hasta la tarde, de ese mismo día, no sab­­­­­­­ía, exactamente, si podría asistir a la reunión de “los ­­­­­­­jueves fin de mes”:  otros asuntos, requerían mi presencia en ellos.
Cuando llegué a “Los Tres Califas”, algo tarde, me encuentro con Antonio Martínez Rangel (especialmente), que después de mucho insistir se había decidido a acudir a esta reunión. Una vez terminados los saludos a todos los demás (no los nombro, pueden verse en la foto) alguien me dice que he roto el maleficio del número trece,  pues  con mi presencia llegamos a los 14 amigos.
Menos mal que sucedió así, pues, de entrada, noté algo rarillo en el ambiente: ¿quizás un excesivo olor a pimienta, no en la comida que había en la mesa, porque como ya es conocido, somos muy austeros (sólo había cubatas), sino porque como la cocina está cerca y la cocinera, que  tiene mucho salero (no digo pimentero porque parece que desentona) a lo mejor se le escapó un poquito en el ambiente.
No comento lo que estaba proponiendo el padre Rector, porque como nadie le hacía ni puñetero caso, como siempre suele pasar, es obvio no comentarlo. Vamos tampoco se tenía muchas ganas en profundizar en el análisis de la visita a Montilla. Se aplaudió su perfección, aunque (según los mentideros de palacio) se recalcó el excesivo tiempo dedicado a la visita turística. Debió dedicarse a tener más, para la tertulia, con los compañeros, pues, en definitiva, era lo fundamental de aquello. ¡Pobre padre Rector, que poca consideración le tenemos!
¿Cómo digo ahora yo lo que sigue, viendo la bonanza que se refleja en la crónica de la reunión de nuestros hermanos capitalinos,  por muchos cañones que figuraran allí?
Pues, sin darle más vuelta: Carlitos estaba descorazonado. No había logrado que se pudiera visualizar el trabajo que tanto esfuerzo le había costado, la recopilación de las miles (“sajeraoo”) de fotos,  acumuladas en el peng que portaba. El bar los 3 Califas, por muy califas que fueran, no tenían medios técnicos, para su visualización. Pero, quienes los tenían bien puestos, eran los presentes, al  no dedicar  la debida atención, para que por lo menos se viera por el ordenador, que también se había llevado.
Lo del padre Rector vale, porque para eso es Rector. Lo no admisible es lo que sufrió Carlitos. Nos merecíamos que nos hubieran tirado por la borda, de uno de esos barcos, bien pertrechados de cañones, a los que aludía nuestro entrañable Antonio Estepa, en su cronica de la reunión capitalina tenida el dia anterior.
Visto lo sucedido, se pasó al relax. ¿Saben ustedes por medio de qué artilugio? Pues muy fácil: ¡POR UN BOCATA DE CARAMALES!.  Ahora si que reinó la paz, la concordia y la sonrisa en los rostros.
Bueno, se me olvidaba decir que, antes fuimos a hacernos unas fotillos, en la Cruz de Mayo, del claustro de la Parroquia de San Francisco, habían instalalada por varias hermandades (reglamentariamente hermanadas, ¿cómo si no?)
La reunión terminó pronto, cosa rara, pero todos teníamos que guardar fuerzas para aguantar el duro fin de semana que se avecinaba (bautizos, bodas, comuniones, cruces…)
Al final, sólo quedaron Andrés Luna y su entrañable Jenny… y como no… ¡el eco de abrazos y hasta pronto, que quedaron colgados en las paredes del bar Los Tres Califas!
Andrés Osado

P.D. Ahora que lo pienso, en lugar de la pimienta ¿no sería este mes de Mayo con su primavera, el causante de la  “rapsodia húngara” (en DO mayor) que se interpretaba al principio de la reunión?



1 comentario:

  1. Como siempre una crónica estupenda. Felicidades Andrés.
    Lo del olorcillo es lo que no se si es que ..... pero a mi a lo que me olía era a ....si eso mismo.

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