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sábado, 18 de junio de 2016

VAREADORES DE ACEITUNAS

Recogida de aceitunas (Acibuchinas)

El año 1966, a finales de febrero principios de marzo, aproximadamente, junto a las inmediaciones del Seminario Menor de Santa María de los Ángeles, en Hornachuelos (Córdoba), durante algunos días, numerosos seminaristas adolescentes, nos dedicábamos a una actividad, no propia del estudio y conocimiento básico de diferentes ciencias, aunque bajo mi punto de vista, también ayudaba a nuestra formación: La recogida de aceitunas.

La ubicación del Seminario, en la zona sureste de la sierra de Hornachuelos, hace que se encuentre rodeado de espesa vegetación; al margen de los naranjos, limoneros y algún algarrobo sembrados y cultivados; propia del monte mediterráneo, encinas y alcornoques robustos, quejigos y matorrales como el lentisco, con sus hojas verde intenso, sus drupas rojas y negras al madurar; el mirto de hojas lanceoladas y relucientes, sus flores blancas fragantes y olorosas y fruto de color azul oscuro y negro azulado; el espino negro, arbusto caducifolio, ramoso, espinoso y con gruesas ramas y como no el acebuche (Olea Europaea), olivo silvestre, de parte arbustiva, perinnifolio, longevo que puede alcanzar los quince metros, con copas anchas, troncos gruesos, retorcidos y cortos, hojas de dos a ocho centímetros de largas, lanceoladas, recias y correosas, con punta pinchuda, verde en el haz y blanquecinas en el revés, flores hermafroditas con corola blanca, el fruto, y aquí está el porqué de este escrito, la aceituna (acebuchina), drupa suculenta, muy oleosa de uno a tres centímetros y medio de larga, ovoide o algo globosa, verde al principio y transcurridos varios meses, negra morada; y digo que aquí está el porqué de este escrito, porque allí, junto a la cruz, entre otros lugares, que nos señala la proximidad del Seminario, a ambos márgenes de la sinuosa y estrecha carretera, en los ribazos d la sierra, había varios acebuches longevos, con abundante fruto que iban a servir, no como en la antigüedad para coronar a los ganadores de los juegos con sus ramas, sino para vestir deportivamente a los que jugábamos al fútbol, por la venta de sus frutos; porque en algunos días festivos nos dedicábamos a coger aquel fruto, que la Providencia nos había dado, para que los sacerdotes educadores lo vendieran en la almazara de Hornachuelos y así comprar dos equipaciones de fútbol. Tal vez, las que aparecen lucidas y exhibidas en las fotografías de aquellos años.

Recuerdo con alegría, lo ágiles y vitales que éramos moviéndonos en un terreno desnivelado y quebradizo, movidos por el entusiasmo y la ignorancia de nuestras edades que no consideraba el riesgo y la rapidez con la que el fruto era recolectado, al existir tantas manos inmaduras, pero algunas, tal vez con cierta experiencia, dispuesta a hacerlo, y he dicho que también era actividad formativa porque aquello me hizo repetir en muchas ocasiones; y más tarde pensar; la mayoría de los que allí estábamos procedíamos de zonas rurales y ya con nuestra corta edad, lo expreso por mi, habíamos tenido experiencia y responsabilidad en ciertas tareas agrícolas y ganaderas, habíamos experimentado lo que suponía estar durante varios días, sin que el trabajo humano fuera reemplazado por una máquina, en la recolección de la aceituna; la facilidad y rapidez con la que haciamos aquella actividad, no por otra razón que el valor de la solidaridad de todos aquellos adolescentes, aunque prácticamente niños, para conseguir un objetivo: Que todos nosotros, como especie, éramos y somos fruto de ese valor, lo que potencia nuestras individualidades, este compañerismo, esta relación de amistad que hemos formado y permitidme la expresión ya que estoy  escribiendo de flora, tiene enraizado ese valor por las actividades, por las vivencias, entre otras más, que allí tuvieron, con defectos y anormalidades; y de lo que la Providencia nos da.

Perdonad si mi prosa ha podido resultar cansada, no soy escritor, tenía grabado este hecho y quería compartirlo con todos vosotros.

Ramón Moreno Jurado
Hinojosa del Duque (Córdoba)

17 de junio de 2016

9 comentarios:

  1. Rafael Raya de la Mora18 de junio de 2016, 12:47

    Muy buen relato Ramón y felicidades por tu cumpleaños. Un abrazo

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  2. Magnifico comentario, Ramón. Un abrazo

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  3. Feliz cumpleaños Ramón. Yo también recuerdo alguna tarde de recogida de aceituna en los Ángeles, creo que ese olivar estaba cerca de la fuente de los tres cañia, o al menos por ese camino íbamos. Te agradezco el artículo.

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  4. Gracias Ramón, hemos recordado nuestro feliz pasado, con tu amplio y detallado relato.
    ««Felicidades en tu cumpleaños»»
    Un abrazo

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  5. Doble felicitación, Ramón. Por tan precioso relato y por tu cumpleaños. POCO RAYA

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  6. Muy buen comentario amigo Ramón.
    Efectivamente muchos de nosotros veníamos de zonas rurales y estábamos familiarizados con los trabajos del campo.
    Un medio natural que nos dejó a muchos de nosotros un poso de superación y tesón desde la sencillez de vernos personas comunes.
    Un abrazo.

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  7. Buenos días Ramón. Gracias por traernos de nuevo a la memoria aquellos momentos de niños- jornaleros del campo.
    Tuve la suerte que nunca fui llamado para esas labores en los Ángeles. Pero lo compense con creces pues mi padre, también del campo, estaba esperando a que
    viniese de vacaciones de Navidad, para que le ayuda se a recoger las aceitunas, así todos los años. Sé muy bien lo que es. Los dedos se te quedan medio congelados con el frío del invierno. Será por eso que no me gustan nada las aceitunas.
    Aprovecho la ocasión para mandarte un abrazo. De un medio paisano de El Viso:
    Manolo Jurado.

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  8. Oye Ramón, me alegro mucho de saber de ti. Yo mismo compartí contigo algunas jornadas de aceitunero. Por ahí anda una foto de entonces con don Manuel Cuenca de manijero y unos pocos de nosotros de "varadores".
    En cualquier caso, Ramón, lo tuyo (y lo mío) era el fútbol. Nunca podremos olvidar, los que fuimos futboleros, tu famoso regate de pisarla con la zurda, arrastrarla un poco hacia atrás y luego adelantarla. Sabíamos de sobra que lo harías, pero nunca te lo cogimos, oye. ¡Artista!

    A ver si te dejas ver por las reuniones de primavera, tío.

    Un abrazo.

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  9. ¡Olé Ramón! Como dice Fili también me alegro mucho de comprobar que sigues en contacto con nosotros aunque sólo sea a través de este Blog. La última vez que nos vimos fue en el 25 aniversario de nuestra promoción de Magisterio. Anímate y nos vemos el año que viene en Lucena con los amigos del Seminario.

    Un fuerte abrazo de tu amigo

    Francisco Pérez Ortiz de Galisteo

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