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viernes, 16 de septiembre de 2016

La Meditación

Crónicas de los Ángeles

Tal como dije en mi última crónica, retomo después del verano mis relatos de los Ángeles, con el fin de revivir aquellos días infantiles, en los que fuimos forjando carácter, madurez, compañerismo, conocimiento y aprendizaje.

Hoy le toca el turno a la Meditación (Caletre).

Todos recordáis aquella media hora, recién levantados y antes de la Misa, en que nos recluían en la Capilla a meditar y rezar (era la teoría del uso de dicho tiempo) ya que algunos días, al menos yo, seguía durmiendo sentado e inclinado, con las manos en la cara, para disimular.

Era también tiempo hábil para las confesiones. Recuerdo fundamentalmente a D. Francisco de Paula en el confesionario, en las que un rosario de niños pasaban a contar sus “pecadillos” (por la edad, el “pito” todavía estaba en sus comienzos). Los más fervorosos pasaban por el confesionario casi todos los días. Yo lo espaciaba, hasta que consideraba que podía llamar la atención el no hacerlo.

No obstante, no se trata de narrar, sino de interpretar con la perspectiva de los años, lo que aquella media hora ha significado en mi vida: “aprender a pensar”, ya que te daba tiempo a darle vueltas a la “olla” sobre cualquier asunto, viniera o no a cuento, que fuera ya pasado, o que pudiera suceder y entonces se rumiaba cómo. Esta costumbre adquirida en aquella rutina diaria, me ha servido durante el devenir por la vida, para que las decisiones fundamentales que he tomado, acertadas o no, al menos han sido las mías y pensadas.

Lo fundamental de aquella media hora, era que te enfrentabas contigo mismo examinando los aspectos de tus vivencias y sacabas conclusiones, decisiones o proyectos, por muy nimios e infantiles que fueran. Aprendías a enfrentar tu ego con la realidad que tenías a mano (como ahora), y a discernir entre las opciones que esa realidad ponía delante de ti.

Ese aprendizaje de pensar y razonar, lo considero como uno de los valores más preciados de los que nos dieron en Los Ángeles, y es que a fuerza de rutina, se convirtió en costumbre en mi personalidad, tanto en mis relaciones personales, familiares, profesionales y otros aspectos de mi vida. Tengo la certeza de que “contar hasta diez”, es decir, pensar antes de responder y no decidir nada importante en “caliente”, evita muchos de los problemas a los que a veces nos enfrentamos, ya que en “frío” y después de analizar los asuntos, las decisiones suelen ser más justas y acertadas.

En fin, hoy me he puesto en plan “gnoseológico” y espero no haberos cansado.
Como siempre, suerte y un abrazo para todos.

Antonio Gómez Ramírez
Córdoba, 16 de septiembre de 2016


5 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, Antonio. La meditación ha llegado a formar parte de mi vida de una manera refleja, rutinaria, como sin querer, pero queriendo. Y esta costumbre tan productiva en lo personal y en lo profesional nos fué a todos inculcada en los Ángeles. ¡Hay que ver lo que dio de sí aquella media horita diaria!

    El Fili

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  2. Antonio, qué momentos para recordar. No dejes de escribir, se te da muy bien.

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  3. Amigo Antonio, muy buen comentario sobre uno de los momentos importantes de cada unos de los días que vivimos en los Ángeles.
    Aquel esquema de tiempos marcado por la campana del regulador se nos quedó escrito en las neuronas.
    Un abrazo.
    Juan Martín.

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  4. Amigo Antonio resordarás aquello de "intellectus apretatus, discurrit qui rabiat" pues si, es verdad que vino bien ese apretatus...
    Buen recuerdo.
    otro abrazo para ti
    Andrés Osado

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