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jueves, 16 de noviembre de 2017

Velada en el patio

Junto al pozo de un patio cordobés

Ahora, ya en el frío otoño, me viene a la memoria este encuentro de mayo en Córdoba.

Ya de atardecida nos fuimos acercando a la Plaza de las Tazas. Se abrió el portalón y como en una ceremonia iniciática, precedidos por los anfitriones, fuimos entrando al patio. Un jardín vertical preñado de flores nos abrazaba. Tomamos asiento a la mesa, preparada para la ocasión, junto al pozo y la alberca y fuimos dejándonos llevar por el embrujo de la noche cordobesa entre una alegre conversación, las canciones de Antonio Martínez Rangel y la lectura de alguna poesía.

De estas os dejo una muestra.

Un abrazo

Rafa Vilas


AZUL Y ROJO
(A los patios de Córdoba)

Preludio de interior acompasado
en el marco azulado de tu entrada:
fachada de color entrelazada
de jarcha y blanco del pasado.

¿Cuándo tu azul
se difuminó en el horizonte?
¿Quién, como roedor cruel,
penetró por tu costado?

Hoy quiero rememorarte;
mirar por el pretil
de tu engalanado pozo
en busca de esa luna
allí, en otro tiempo, acomodada
y soñar con la fragancia,
que en versos de clavel enamorado,
por las paredes de tu patio goteaba.

Andrés Osado
Córdoba, 16 de mayo de 2017


EXISTENCIA EN BINARIO

Y todo era como en Matrix.
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Realmente no tenía sentido pensar;
las sensaciones no partían de razón alguna.
011000101

Las pasiones estaban ya escritas,
los olores ya escritos,
los sabores ya escritos.
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Sabores, olores, formas y colores,
todo escrito en color fósforo
bajo el cristal de la pantalla
del "Gran Hacedor".
1010010

Él tenía todo el tiempo,
yo solo era una línea en binario
01000100100000000……..

Rafael Vilas
Priego de Córdoba, 14 de mayo de 2017

sábado, 11 de noviembre de 2017

CRÓNICA DE UN ENCUENTRO IMPREVISTO

El encuentro 

Mis colegas cronistas comprenderán el temor que me invade, al tratar de reseñar un encuentro amistoso, a solas, frente al ordenador.

-Tienes que escribir una crónica de las tuyas para el blog –te dicen, sin considerar el “embolao”.

-No os preocupéis, que eso está hecho –contesta uno aparentando suficiencia.

En fin, vamos allá. 

Miguel me contactó el lunes, 23 de octubre, para quedar con Mónica y conmigo y salir a comer juntos. Con él se encuentra Rafael Ruano, con quien intercambio por teléfono unas palabras a modo de saludo. 

Miguel me recuerda que desea retomar nuestra conversación en Tabarca sobre la reencarnación, ya que el tema le impresionó vivamente. 

Por su parte Rafael me pregunta si podremos echar alguna partidita de ajedrez, tal como teníamos concertado en unos correos electrónicos anteriores a la reunión de Lucena. Dichos correos patentaban nuestra común afición a ese juego sangriento, que a ojos de un espectador profano puede parecer sosegado hasta el aburrimiento. Los contendientes, silenciosos, sin apenas moverse en sus asientos, desplazan las piezas sintiendo su corazón acelerarse con cada jugada efectuada. Se oculta el nerviosismo lo mejor que se puede, esperando el golpe aniquilador del rival tras el último dudoso movimiento propio.

Prometo atender a ambos amigos lo mejor que pueda. Pero lo primero es buscar un sitio para comer. Miguel propone un restaurante de la Universidad de Alicante, donde hacen un arroz “de puta madre”. No obstante, me pregunta si conozco yo algún otro sitio que venga bien al caso. No se me ocurre lugar mejor que el Li-Du, restaurante asiático del que es dueña y regente Linda, una mujer china, muy agradable, y amiga nuestra desde que nos consiguió unos trajes de taichí a precio de costo, traídos por su madre desde China.

El Li-Du se encuentra en las afueras de Mutxamel, a cinco minutos de nuestra casa yendo en coche. Por otra parte podremos tomar el café en la terraza interior de nuestro piso, con el ajedrez por medio, sin distracciones para la conversación o el juego.

-Vamos al Li-Du, no hay más que hablar. ¿A qué hora nos vemos? –resuelve y pregunta Miguel.

Mónica propone que comamos a las dos. En la siguiente llamada le doy nuestra dirección y alguna “desorientación” para llegar.

A las dos bajamos Mónica y yo a esperar a Rafael y a Miguel a la puerta de nuestro piso. A las dos aparecen nuestros amigos en la “fragoneta” de Miguel. Fascinante sincronicidad.

Saludos afectuosos y, ya en marcha hacia el restaurante, la típica conversación acerca de complicaciones y rodeos para encontrar nuestra calle. Miguel ha preferido no poner en marcha el GPS del móvil y ha preguntado a un transeúnte. ¿Para qué necesitamos los móviles bajos de batería teniendo paisanos? 

Saludamos a Linda, que nos recibe con su habitual sonrisa, y nos sentamos a la mesa. Mónica se percata del cambio de decoración de la pared convexa. El edificio es cilíndrico, de techo muy elevado y ventanales luminosos. Se ofrece Linda a sacarnos una foto. A continuación le pido que se fotografíe con Mónica y conmigo.

-¿Qué había pintado antes en la pared? -pregunto exhibiendo mi “fantástica” memoria.

-En vez del actual paisaje campestre bordeado con ramitas de ciruelo, había un poema chino –me contesta Linda.

Pedimos cuatro menús. Degustamos: rollito de verduras, de primero, -Miguel prefiere la sopa picante-; arroz chino, de segundo; pescado al vapor para Miguel y Mónica y ternera con bambú para Rafael y para mí, de tercero; finalmente, de postre: pudin de mango Rafael y Mónica y plátano frito Miguel y yo. 

Durante la comida Miguel habla con Paco Moreno. Nuevo intercambio de saludos. Paco le dice a Miguel que no se preocupe por Yeni, que está bien.

Después seguimos hablando a dos bandas. Mónica explica a Miguel el tema del millón: ¿Por qué estamos aquí, en la Tierra? ¿Por qué nacemos, morimos y volvemos a nacer…?

Yo hablo sin parar, tanto, que no recuerdo nada de lo que le dije a Rafael… y me quedo solo con mi tercer plato. Los demás han terminado hace tiempo.

Ya en nuestra casa, Miguel grava los sonidos de la campana y del cuenco tibetanos, “para despertar al personal”. Luego, pone a recargar el móvil. Rafael y yo preparamos los combates ajedrecísticos.

Mientras Mónica nos sirve amablemente los cafés y el agua, me intereso por la jubilación de Rafael. Ya no trabaja, pero seguirá cotizando unos meses más hasta cobrar el paro. Ninguno de sus dos hijos quiso quedarse su empresa de transporte. La vendió razonablemente bien. Ahora, ya libre de ocupaciones, su mujer intenta atraparle en tareas domésticas como la limpieza de cristales y otras lindezas semejantes. No hay miedo, ha salido por pies, escapando a reunirse con sus amigos.

-Nunca me he ocupado de las labores caseras y no me siento ahora animado para ello.

Comenzamos el duelo en el tablero escaqueado y me sonríe a mí la diosa Caissa.

-Me hubiera gustado ganarte alguna partida, pero juegas mejor de lo que me esperaba -confiesa un poco decepcionado Rafael.

Miguel, ha llevado de marcha a Rafael, estos días pasados, a más sitios de los que me caben en la página. Ahora, acusa los gin-tonis de la noche anterior y se queda adormilado en el sillón mientras jugamos las últimas partidas.

Rafael me ha dado muchas facilidades para ganarle al ajedrez: de entrada, la resaquita de los gin-tonis de anoche y, luego, el despiste de jugar en mi pequeño tablero. Está acostumbrado a las partidas rápidas online del ordenador.

Le consuelo como puedo, regalándole el libro de partidas de ajedrez de Magnus Carlsen, actual campeón mundial, que ya le había prometido por teléfono. Y le sugiero bromeando que se prepare mejor para nuestro próximo campeonato. 

Soy consciente de que no he podido tratar el tema de los registros akásicos y la reencarnación con Miguel, como ambos deseábamos. Otra vez será.

Tras las despedidas me quedo con la sensación maravillosa que produce la amistad y con una secreta tristeza por no haber dado satisfacción a ninguno de los dos amigos.

Espero que esta sencilla crónica, al menos, sea de su agrado. Un abrazo, amigos Rafa y Miguel, y mil gracias por vuestra amabilísima visita.

Mutxamel, 28 de octubre de 2017
Pedro Calle Ballesteros

domingo, 5 de noviembre de 2017

Encuentro de otoño en Dos Torres

CRÓNICAS DEL ENCUENTRO POR PACO NIETO Y "EL FILI"


Crónica de Paco Nieto

54 AÑOS DESPUÉS

            Hacía exactamente 54 años. Un 4 de noviembre de 1963 peregrinamos hacia un lugar, para nosotros desconocido hasta ese momento, pero que nuestras retinas mantienen aún en nuestro cerebro, per sécula seculorum, como era el Seminario de Nuestra Sra. de los Ángeles, y que nos golpea el corazón todavía.

            Pues bien, 54 años más tarde, un 4 de noviembre de 2017, volvimos a peregrinar hacia otro lugar, desconocido también, para muchos, como era la Villa de Dos Torres, en plena comarca de Los Pedroches, para que, según el alcalde, D. Manuel Torres Fernández, nos dijera que nuestras retinas se habían impregnado de parte del legado artístico que dicha Villa tienen dentro de su patrimonio.

            Pero nosotros, además de eso, íbamos buscando algo más. Volver a convivir, como lo habíamos hecho hacía 54 años atrás, con nuestros compañeros, y en este caso con sus actuales compañeras, la mayor parte de ellos, aunque alguno, como en otras ocasiones, presumíamos de solteros, aunque no sea verdad.

            Y va el insurrecto de Paco Nieto, y vuelve a osar, haciendo de Osado, y se arremanga e intenta, eso sí, solo intenta, hacer una reseña de lo ocurrido a lo largo de dicho día, que por cierto, aunque se nos hizo corta, fue muy intensa, en cuanto a convivencia.

            Bueno, bromas aparte, vamos a lo serio. Comenzamos a llegar sobre las 10 de la mañana, a la plaza de la Villa, donde no podían faltar los organizadores. Por supuesto, en la puerta del Hotel Los Usías, se encontraban los señores Paco Sánchez Sánchez y Manuel Rafael Muñoz Medrán, cual buenos anfitriones, dando la bienvenida a cuantos compañeros y compañeras comenzaban a llegar, dando algunas explicaciones de cómo se desarrollaría el día, que después nos fastidiaría el dichoso tiempo, hasta en ello, igual al 4 de noviembre de 1963. Nos faltaba el camión, los autocares y las maletas, aunque Alguno apareció con la suya, en esta ocasión, atestada de cuadros, como veremos a continuación.

            Nos llamó la atención que la parroquia estuviese atendida aún por nuestro compañero, aunque de algún curso superior, Manuel Cantador.

            Y comienza nuestro periplo por la villa, acompañados de la guía turística María del Mar Carrasco Serrano, que tras una breve reseña sobre la historia de las dos antiguas villas con sus propias torres: Torremilano y Torrefranca, que con el devenir de los tiempos, en 1839, se convirtiera en una sola con el ya conocido nombre de Dos Torres.

            Y como no podía ser menos, comienza la visita guiada por la Iglesia de la villa, como decía anteriormente, regida por nuestro antiguo compañero Manuel Cantador, donde, además de la cumplida información, dada por la guía, sobre santos, naves, cúpulas, retablos, arcos, etc., etc. se canta la salve, en latín, en pleno altar mayor. Y es cuando empieza el desconcierto. Al salir de dicha visita comienza un aguacero que hace trastocar todo lo planificado. Y en lugar del recorrido previsto, vamos para la casa donde se muestra el tipo de arquitectura de la zona, eso sí, la arquitectura de los ricos, la de los pobres, no sé si es que no la enseñan porque no merezca la pena, o que por efímera ha desaparecido.

            Y de allí a la ermita de la Virgen de Loreto, patrona de la Villa, con su avioncito en la puerta, que ni nuestro "volaor" pudo arrancar para dar una vuelta, el pozo de nieve, etc., etc. Lo que se suprimió por la lluvia fue la ruta de los escudos que, al no ser posible, nos la dieron enlatada en un folleto que, al menos guardamos para hacerla tranquilamente en casa.

            Y entre aguas y vientos, al pabellón donde nos tenían preparado el refrigerio, que al comiendo, más que refrigerio nos pareció un jarro de agua fría, ya que por un malentendido decían haber preparado en lugar de una comida, un coctel hasta sin sillas. Pero con la intervención de nuestro anfitrión Sánchez, el entuerto fue fácilmente resuelto, y en diez minutos teníamos las sillas, que tanto esperábamos tras la larga caminata que nos habíamos dado.

            Distintos gazpachos: de melón, de tomate... salmorejos, salsamorra, ibéricos: chorizo, lomo, jamón... berenjenas a la miel, pescaíto, el clásico lechón, que le pasó igual que las bodas de Canaán era lo mejor y lo dejaron para el final, para terminar con el conocido plato de arroz, muy bien cocinado, eso sí, aunque para algunos ya no cabía. Eso sí, todo muy bueno y regado con cerveza, refrescos y distintos vinos, tanto de nuestro Montilla-Moriles como de otras tierras, blancos y tintos.

            La ya clásica sobremesa acompañada de nuestros antiguos cánticos estuvo llena de brindis, uno de ellos dedicado a nuestro compañero, ya emigrado Andrés luna y como no podía faltar, su embajadora aquí, nos acompañó. Jenny estuvo con nosotros y con ella, la presencia de Andrés, se hizo patente.

            Por supuesto, Serenata de la Mezquita, Soy Cordobés y nuestro himno de Amigos para siempre, no faltaron.

            También estuvimos acompañados de sorpresas, como la maleta llena de sus cuadros, con la que se presentó nuestro amigo y compañero Manuel Gómez Sánchez que nos hizo entrega a cada cual, algunos hasta dos, que guardamos, no solo en nuestro corazón, sino en nuestras casas, con la promesa de sacarlos a la luz, si algún día cotizan al alza. No siendo ésta, la única sorpresa, regaló para el grupo dos décimos de lotería que habrá que determinar los participantes, aunque ya lo hizo saber: para los presentes en el acto y resto del grupo de WhatsApp.

            Y ya cantando, pero bajito, fuimos recogiendo: despedidas, abrazos, besos y demás, pensando en un próximo encuentro en el que, por qué no superar al presente, aunque la fecha dice mucho y ayer, era nuestro 54 cumpleaños.

            Gracias, organizadores, y asistentes. Lo siento por los ausentes.

            Córdoba, 5 de noviembre de 2017
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Crónica de "El Fili"
José Mª Rivera Civico

De pronto me ha impelido un arrebato de responsabilidad inesperada y autoimpuesta. Me he despertado esta mañana con la obligación moral de cubrir para vosotros lo acaecido en la feliz jornada de ayer en Dos Torres, ante la ausencia de nuestros dos cronistas oficiales, léase, el famélico de Móstoles y el sublime Andrés. Y no hago más que ponerme en harina cuando veo con grata sorpresa que alguien ya se me ha anticipado. Joer con el Paco Nieto, cómo le cunde el paso, nene. Y ha resultado realmente emotivo su relato sobre todo por la feliz coincidencia de fechas entre la de ayer y la del 4 de noviembre de 1963, día en que ellos, los mayores, pisaron "Tierra Santa" por vez primera.

La voluntad, lo primero. Bueno, no. "Lo primero e principal, oír misa y almorzar; y si precisa, se deja la misa" (El Quijote). Pero ha sido mucha la voluntad de la gente nuestra asistiendo al evento en un día de tan sombrío pronóstico climatológico -que luego no fue tanto, las cosas como son-. Voluntades, las del Luna y de su señora Pilar, que abandonaron sus cálidas sábanas a las cinco de la mañana, y que después de las preceptivas abluciones y de un frugal desayuno recogieron en Órgiva a Lola, la prudente esposa del "fuguilla" Manolo Sepúlveda; luego, a un servidor en las cercanías de Antequera, y más adelante, a Gregorio en Córdoba capital.

En las fotos que ya ha incorporado nuestro ejemplar editor, el gran Rafa Vilas (gran, de grande, corpulento, entraíto en carnes), podéis comprobar el grueso de todos los asistentes. Pero no tendréis inconveniente en que, de entre todos y todas, ponga el foco en dos de ellos: por ser nuevos en nuestras convocatorias y porque a mí me hicieron más tilín, ea; pa eso soy yo quien escribe. Ramón Moreno Jurado era amigo mío en los Ángeles, pero rival cansino en los partidos de fútbol; y encima, era del Atlético de Madrid. Poseía un regate único con su única pierna útil, la izquierda. Regate del que todos los futboleros de entonces comentábamos con cierto hartazgo y su mijita de envidia, pero que ninguno éramos capaces de imitar. Y pasaba como con el famoso regate de Garrincha, que siempre se iba por el mismo lado, que todo el mundo lo sabía, pero no había manera de cortarlo. Algo así, pero en el campo del pozo, claro. Lo perdí de vista en 1973, año en que abandoné san Telmo. Cuarenta y cuatro años después nos abrazamos ayer. No está mal. Ha sido un hombre valiente, así se lo dije a la cara. Ha de ser muy complicado superar un problema de salud nada grave por una parte, pero cruelmente fastidioso para las relaciones sociales. Y él lo ha hecho. Ha sabido orientar sabiamente su vida profesional, familiar y social. Me alegré un montón de volver a verlo. De Manuel Casimiro Gómez Sánchez solamente puedo decir que me sonaba mucho su cara, que yo sabía que era del curso 64, del nuestro, pero nada más. Se nos reveló como un hombre cabal y bondadoso. En términos futbolísticos, un buen fichaje. Y gratis. Es un artista en la pintura figurativa. En la sobremesa expuso una hilera de cuadros pequeños para que cada uno de los presentes escogiera a su gusto. Preguntado por el precio, medio se ofende "que él no iba a cobrarles nada a sus amigos".

Nuestro ínclito y entrañable Paco César, algún día, tendrá que iluminar nuestra cerril sesera a fin de que podamos comprender desde la psicología conductual qué es lo que bulle en nuestra amígdala cerebral, o quizás en nuestro corazón emocional, para que consideremos amigos íntimos, casi hermanos, a personas a quienes no vemos desde hace una cuarentena de años, y con quienes "solamente" nos une el vínculo de unas vivencias tiernas -o duras, según se mire- en una etapa de nuestra vida, etapa, por otra parte, crucial, crítica e irrepetible. Te esperamos Paco.

El día físico fue feo de cojones. Hizo frío y calor; salió el sol y se volvió a esconder; llovió y amainó; chaleco dentro, chaleco fuera; abre y cierra paraguas. Lo endulzó bastante Marimar, la joven y sugerente guía turística con sus doctas explicaciones sobre ambas primitivas torres, las disputas de siempre entre lugareños vecinos, y la posterior fusión en el bonito pueblo de hoy, con la moraleja acompañante de tanta actualidad de que más vale unir que separar. Aunque, la verdad sea dicha, a mí particularmente en ocasiones se me iba el santo a las mallas apretujadas de la muchacha en detrimento de piedras y granitos por muy vernáculos que fueran. Que las mujeres perdonen mi imprudencia, pero es que soy un viejo verde. Mu verde.

Del recorrido cultural y del atracón culinario ya ha dado buena muestra Paco Nieto. Eso que me ahorro. Pero volvería a ver (y lo recomendaría) la Iglesia de la Asunción, la casa museo-exposición y el pozo del hielo. En lo relativo al manduco bastará que sepáis que esta madrugada me ha perjudicado uno de esos apretones de tripa tan míos, y que ha malogrado intestino abajo tan exquisitos manjares. Tengo para mí que, a lo tonto a lo tonto, escancié más de lo aconsejable para mi condición. Como conducía el Luna...

En fin, una jornada bonita y emotiva, como tantas otras, con el aliciente de ser la primera de las de los muchos otoños sucesivos que nos quedan por disfrutar.

Sed buenos.

Palenciana, 5 de noviembre de 2017

martes, 31 de octubre de 2017

REUNIÓN DE LOS VICARIANOS CORDOBESES

PARROQUIA VIRGEN DE LINARES
Córdoba, 26 de octubre de 2017

El día se presentó radiante: no sólo porque lucía un sol magnánimo, sino por el cambio de sede y hora. Esta vez sería, a propuesta de Manolo Vida, en su Parroquia y en horario de mañana, a partir de las 12 horas. 

Lo de llegar a partir de las 12, no se lo crean ustedes. Mucho antes, algunos ya estaban allí. Fue el caso de Paco Nieto que incluso llevaba el perol casi hecho: el día anterior ya había preparado el refrito para echar sólo el agua. También Manolo Vida había colocado el líquido elemento, en el frigorífico, para que se fuera enfriando. Estos chicos son geniales. Otros, conforme iban llegando ayudaban en otros menesteres. Lo cierto es que todos, como es nuestro natural, echábamos una mano.

Poco a poco se fue llenado de alegría el hermoso salón que por su acceso de la Puerta Sur, iba a constituir el Centro de Operaciones. Pues bien, nada más entrar por esa Puerta, cual elegante anfitrión nos daba la bienvenida un ceremonioso perol, del que hablaremos más adelante. A su lado, con mandil en ristre y sonrisa placentera, como preludio del deber cumplido, se encontraba el cocinero, Paco Nieto. Por supuesto, deambulando de un sitio para otro, pasando casi desapercibido, se dejaba notar la presencia de Manolo Vida. ¡Que sitio tan acogedor nos había preparado! Un amplio salón de “estilo modernista” muy alejado de aquellos otros “fernandinos” que son muy frecuentes en nuestra vieja ciudad (¿a que ha quedado bien?) Ale, sigo: El “sancta sanctorum” un elemento de elegante factura del siglo XVII, se ubicaba en la parte central, algo colocado hacia la derecha (¡Eh, cuidado! Que no voy a empezar a hablar de política) ¡Jo!, si es que me gusta enredar las cosas, podría haber dicho que el frigorífico estaba en un rincón y que lo del siglo XVII era por lo de la pila años que soportaba sobre sus espaldas, ya hubiera terminado… pero… no habría quedado tan bonito, ¿no os parece? Sigo: a la derecha, orientada al Este, se encontraba una puerta que daba acceso a unos cuartos, entre ellos, hacia el que pronto empezaron a dirigirse nuestras maltrechas próstatas. Sillas y mesas repartidas por doquier, estilo Luís XV.

Gran regocijo provocaron en todos nosotros la presencia de Paco Zurita, Alfonso Belmonte y Antonio Rodríguez. Los demás nos tenemos muy vistos y ya se sabe… (es broma) Claro, es normal, a ellos no los vemos con tanta frecuencia.

Los aperitivos, relucían como el sol: unos chorizos y filetitos de lomo, que aportó Paco Sánchez, procedentes de Dos Torres; patatitas fritas y queso que fue a comprar Carlitos y unas aceitunas “melonadas” (por aquello de lo grandes que eran) traídas y aliñadas, magistralmente, por el cocinero Nieto. 

Pronto dimos cuenta de todos ellos, mientras que eran regados por refrescantes cervecitas y el excelente “vino del cura”: ¡sí, vino del cura, pues se trataba del barril de Manolo Vida! y según los entendidos, de excelente calidad. Transcurrido un rato, con las piernas algo cansadas, por el largo rato en pie, pero con la boca calentita, tomamos asiento. Y comenzaron los cantos, aprendidos allá entre las montañas de aquel caserón de Santa María de los Ángeles.

Antes de que nuestras cuerdas vocales colapsaran, Pepe López, hombre avezado en estas lides y ante el derrotero que iban tomando las conversaciones (en el sentido de “Torre de Babel” o sease, que no nos enterabamos nadie) propuso que Manolo Tenor, se constituyera en moderador y fuera dando la palabra. Así se hizo.

¡Qué bien empezó a funcionar aquello! Tan bien, como cuando Antonio Martínez estableció la sede parlamentaria. Lo que equivale a decir que, “tanto monta (cuidado con la interpretación, ¡jodios!) Antonio Martínez, como Pepín-Tenor.

Buen rato y algo maravilloso flotó en aquel salón.

Recorrimos nuestros años de enseñanza. , con sus aciertos y sus sombras. No faltó en reconocer que algo importante quedó marcado en todos nosotros. Algo, también, que olvidar o dejar a un lado. Esta vez, a Carlitos no se le escaparon vítores republicanos, sino unos buenos lagrimones, dejando entrever, sin palabras, sus sentimientos más profundos. Lo mismo le pasó a Antonio Martínez. No sólo van a ser chistes.

Una cosa se consideró fundamental: “el valor a la persona y su dignidad” quedaron impresos en nuestros corazones.

Gracias a ese tiempo, nos conocimos y podemos disfrutar de estos momentos.

Pero el instante cumbre y grandioso se produjo cuando, uno de nosotros, relató cómo perdió “su virginidad”:

“Recién llegados a San Pelagio, encontré, arrumbada, una vieja bicicleta (por cierto aclaró que, previo interrogante de algunos intrépidos juerguistas, dicha bicicleta tenía sillín, ¿queda claro?) con la que me daba algunos paseos, por entre aquellos ancestros muros. Un día, andaba yo en mi acostumbrado deambular, cuando aquello, comenzó a ponerse algo durete. No por eso dejé de pedalear sino que continué dándole a los pedales, aunque con mayor ritmo (esto de más rápido lo aporto yo, malvado que es uno) Tal fue el éxtasis provocado, por aquella situación, que… ya-ta… como dice el chiste japonés. ¡Que gustito me dio, nunca me había pasado algo igual! ¡Era la primera vez! Cuando se lo comenté a un compañero, éste me dijo la palabra fatídica…¡pecado!. Inmediatamente fui a confesarme y aquel cura bueno, supo aliviar mi conciencia al considerar que ese acto no había tenido la consideración de voluntariedad y por lo tanto, estaba exento de culpa. ¡Que alivio!

¿Qué… llevo razón en lo de sublime?

Me imagino a este compañero con los ojitos medio vueltos y con cara de tontito, tratando de mantener el equilibrio. Es para troncharse risa. Pues eso es lo que provocó entre nosotros: unas sonoras carcajadas y un atronador aplauso. ¡Genial!

Cordial y entrañable rato que pasamos, 

Esto nos dio ánimos, mas bien hambre y pasamos a darle cuentas al perol. ¡Que rico estaba! Prueba de ello, fueron los grandiosos vítores que se le dieron al cocinero Paco Nieto. El arroz en su punto, el sabor inmejorable. Más de uno repitió. Vaya desde aquí, mi reconocimiento a tan magnífico cocinero.

Deliciosos “cacharritos” y excelentes pastelitos traídos por Antonio Rodríguez, amenizaron el “después”. Así hasta, como siempre suele pasar. Poco a poco se fue quedando solitario el salón, hasta que “los de siempre” esos que son tardos en abandonar, se despidieron. 

No quisiera abandonar estas letras, sin dejar constancia de mi reconocimiento hacia una persona cercana, que ha dejado de estar, corporalmente, entre nosotros. Se trata de Andrés, padre de Antonio Martínez: muchos años de mi vida han circulado en su rededor; lo recuerdo, entre otras cosas, montado en su bicicleta, en la que un canasto de mimbre, color rojizo o marrón oscuro (no puedo precisar) atado en el sillín trasero, portaba su almuerzo o esos choricillos o morcillas los cuales, unas vez vendidos, aportaban unos dinerillos a la economía de la casa. Siempre una sonrisa, aunque, en algunas ocasiones, las trastadas de Antonio y mías, ponían las cosas algo más serias. Mi agradecimiento.

Será hasta la próxima. Para algunos, muy pronto, en Dos Torres.

Mientras tanto, no despistarse mucho y salud.

domingo, 8 de octubre de 2017

Crónica de la 25ª reunión Grupo Madrid

GRUPO VICARIANO DE MADRID
Alcorcón (Madrid)
6 de octubre de 2017


¡Ya tocaba!

Siete meses sin poder asistir a los encuentros es mucho tiempo. A Victoriano y Consuelo no los veíamos desde el pasado mes de diciembre. ¡Mereció la pena tanta espera!

Volvíamos de nuevo al “Pirata´s”. En mi opinión creo que es el mejor restaurante de cuantos hemos visitado hasta ahora. Tiene buena cocina y un servicio, no me refiero a WC, excelente. Tienes que llevar muchas horas sin comer para terminar los platos. Crespo se encargó de todo y todo salió bien. El único punto negativo es el aparcamiento. Yo tuve que dar tres vueltas al ruedo para poder hacerlo. Íbamos llegando con la misma majestuosidad que los diputados el edificio del Congreso.  

Estábamos ya  sentados cuando el Vilas hizo su entrada triunfal en el amplio comedor. ¡Pero viene solo!, comentamos extrañados. Terminados los abrazos nos comentó que Carmen había anulado la cita por “indisposición”.

Comenzando el segundo plato la vimos, agradablemente sorprendidos, acercarse a la mesa. Poco faltó para atragantarme de risa ante el comentario de su cónyuge. ¡Aquí hay arte para dar y tirar! Bueno, pues ya estamos todos: Carmen, fuerza incontrolada de la naturaleza; Consuelo, envidiable moreno caribeño; Manuela, belleza serrana cordobesa; Cari, eterna sonrisa luminosa, y Andrea. Victoriano, elegante socarrón; Manuel, memoria fotográfica del grupo; Rafa, biblioteca ambulante;  Crespo, bondad infinita, y yo.
  
Llevábamos cinco minutos hablando de nuestras cosas cuando Rafa comentó extrañado: “¿Os habéis dado cuenta que no hemos hablado de Cataluña?” ¡Se jodió la marrana! ¡Casi toda la velada hablando de los insurrectos! La verdad es que el tema da juego. Entre bocado y bocado íbamos desgranando nuestras opiniones, coincidentes esta vez en casi todo. Aprovechando que Rafa se paraba para beber, entrábamos a saco en la conversación. Lo he pensado muchas veces; ¡este tío de parlamentario arrasaba!

Estuvimos comentando la idea de vernos en Dos Torres. Excepto Crespo y Cari que no pueden, los demás estamos apuntados para el encuentro.

Entre chistes y bromas se fue pasando las tres horas de encuentro. Levantamos la acampada minutos antes de la cinco de la tarde, hora taurina por excelencia. La foto de rigor, los abrazos y la despedida al estilo de los fuegos artificiales: cada uno para un lado.

¡Qué bien me sienta estos encuentros! Independientemente de la comida, para los que somos de poco comer esto es secundario, el compartir tu tiempo con las personas que quieres es una gozada.

Le pido al Señor que durante muchos años nos dé salud para poder disfrutar de nuestra amistad. ¡Que así sea!

Paz y bien


Antonio Estepa Romero

miércoles, 4 de octubre de 2017

CRÓNICA DE LA REUNIÓN DE LOS VICARIANOS CORDOBESES

EN NUESTRA SEDE DE LA SOCIEDAD DE PLATEROS
A 28 DE SEPTIEMBRE DE 2017

¡Próxima parada, Mártires! 

Esa voz metálica, surgida en el interior del autobús, cuando tomaba el camino de regreso, por la pequeña cuesta que asciende, entre el lienzo Este del Alcázar y la fachada Oeste del coloso caserón, donde desgranamos juventud, me hace consciente de que, por esa noche, se ha terminado la reunión de los vicarianos.

A la hora de costumbre, ya estábamos todos allí. Todos… menos aquellos a los que les gusta hacer la entrada triunfal, a saber:

Carlitos, con su cámara en ristre

Antonio Martínez, el volaor impaciente, que en ristre portaba el faro de su bicicleta, con el que estuvo dando por… “muertos”, a nuestros, apreciados ojos. 

Es que la verdad, sus repentinas apariciones son siempre apoteósicas. 

Pero, esta vez, les duraron poco, ya que inmediatamente hicieron acto de presencia Manolo Vida y Diego Ruiz, provocando una gran muestra de júbilo, ya que hacía tiempo que no se dejaban ver entre aquellos viejos muros. Igual recibimiento se le dio a Jesús Yamuza, pero, como buen chico, estuvo allí a su hora.

Por no llegar a tiempo, se perdieron los “alegres recibimientos” que nos dieron nuestros queridos amigos camareros: Impertérritos y solemnes, cual “cariátides” (Καρυάτις) fueron observándonos cómo nos colocábamos en nuestros asientos, ya preparados de antemano; pues como es de rigor, una llamada preventiva, (en este en esta caso de Paco Nieto, ya que el Sr. Sepúlveda, estaba ocupado allá por tierras italianas)

Amena conversación, si, sí, he dicho bien…amena, ya que a pesar de todo y como no podía ser menos, esta tomó el derrotero de la “independencia catalana”. Ya hubieran querido los señores parlamentarios, de uno y otro lugar, haber debatido este tema, con tanto sosiego como el que mantuvimos. Hasta tal punto llegó el éxtasis que, en un momento determinado, uno de los nuestros grito con entusiasmo “viva la República”. No, no vayáis a pensar en el que siempre pensáis. No fue el, sino nuestro sin par Carlitos. Efectivamente y tras lo cual, continuó (sic.) “lo que no funciona entre nosotros, es el Whtsapp” Los presentes le dedicamos un gran aplauso, porque estuvo “sembrao” Entre nosotros con caben los encasillamientos: lo que vale… vale y lo demás son tonterías. Esa noche Carlitos dio rienda suelta a sus sentimientos, y creo que se quitó un buen peso de encima. ¡Bravo por Carlitos! Quizás la presencia de nuestro querido Manolo Vida le dio alas.

Como viene siendo costumbre, desde hace algún tiempo, en un momento de la reunión, nos dirigimos a la "Vitrina de los Recuerdos" para depositar lo siguiente:

- Un método de solfeo "LAZ", donado por Antonio Hidalgo Naz.

- El Diario de Juan Navas, llevado por Manolo Vida.

- El Diario de Juan M. Luque, depositado por Jesús Yamuza.

Así, entre conversaciones también diversas fuimos pasando la noche, por supuesto previas copitas, cervecitas y otros majares diversos, entre ellos los caramales.

Luego llegó la hora de los proyectos, entre los que surgieron:

- una copita, algún día que otro, en Los tres Califas.

- la preparación de la Comida de Navidad, que ya la propondrá Manolo Sepúlveda.

- animar para en encuentro en Dos Torres.

Más y más cháchara y para la casita, que nuestros anfitriones se les estaban poniendo sus caras algo demudadas, tal vez a causa del sueño o de “jartura” de oírnos.

Yo seguí en mi autobús, pensando en la próxima reunión.

Hasta pronto, cuidaos.


Andrés Osado Gracia
Córdoba, 2 de octubre de 2017

jueves, 21 de septiembre de 2017

EXCURSIÓN A LA ISLA TABARCA (11-9-2017)

Crónica de Pedro Calle Ballesteros


Una crónica como la que nos ocupa reúne prolegómenos, viajes, paseos, cervezas y comida, un helado o copa antes de iniciar las afectuosas despedidas y algunos detalles deleitosos. No quedaría completa sin las vistosas fotos del grupo y del lugar, en este caso a cargo de dos “primeras espadas”: Manuel Jurado Caballero y Miguel López Navarro. 

Me encomiendo a mis Guías espirituales y a la Divina providencia para componer el mejor relato posible, capaz de agradar a todos.

Los prolegómenos ya quedaron adelantados en la “Crónica al alimón”, que escribimos para el blog Antonio Roldán y un servidor de ustedes, hace unas semanas.

Resumo brevemente: En conversación telefónica Miguel y yo pensamos en la isla Tabarca, (única isla habitada de la Comunidad Valenciana), como lugar idóneo para pasar el día con Manuel Jurado y nuestras inseparables compañeras Manuela y Mónica.

Después de sopesar distintas opciones resolvimos coger el barco en Santa Pola y no en Alicante. (Desde Alicante la travesía en barco dobla su duración). Miguel no necesitaba más de un cuarto de hora para plantarse en el puerto de Santa Pola desde su residencia en Elx (Elche). Habíamos acordado abordar juntos el barco que parte a las 11 de la mañana hacia la isla y regresar en el último barco de vuelta, el de las 18:30. 

Mónica y yo recogimos a Manuela y Manuel a la puerta de su hotel en La Vilajoiosa (Villajoyosa, “La Vila”), al ladito del Montiboli, residencia en otro tiempo de reyes, magnates y famosos. 

Gozosos estaban nuestros amigos al presentarnos sin retraso a la cita y también de volver a vernos después de cinco meses. Comprobamos que el afecto mutuo se acrecienta sin que podamos, (ni queramos), evitarlo.

El viaje, de unos 60 Km. hasta Santa Pola, discurrió sin tropiezos, aunque el tráfico era espeso. Manuel nos ilustró por el camino sobre los pintorescos paseos por la costa escarpada y alrededores de La Vila, que había realizado cada mañana con su hija Ana Mª.

Tardamos casi una hora en llegar. Dejé el coche aparcado en el primer hueco que encontré, en previsión de no hallar aparcamiento en la zona del puerto. Rápida ojeada al nombre de la calle para no despistarnos a la vuelta, (Calle Canalejas), y pequeña caminata hacia el puerto. 

Al llegar a las 10:30 al embarcadero recibimos mensajes del móvil de Miguel que nos esperaba a pie del barco. Nos pide que corramos porque la embarcación está a punto de salir. Mientras le alcanzamos, saca nuestros billetes para la travesía. (Más tarde nos explicará que ha negociado una rebaja importante en el precio de los mismos, es un crack).

El patrón del barco desde la pasarela nos hace gestos para que aceleremos. Al pasar a bordo nos regaña porque hemos provocado un retraso en la salida del pasaje. Comento entonces al patrón que años atrás me llevaban gratis por ser el último maestro de la escuela de la isla. No pica y me responde que ese privilegio ha caducado hace mucho tiempo. Es igual: hemos cogido el barco que sale media hora antes de lo que habíamos previsto y estamos encantados de navegar en tan claro y bonancible día, animados como si fuéramos chavales. 

Buscamos un lugar en cubierta y nos acomodamos. Miguel y Manuel no tardan en disparar las primeras fotos. Manuela, acompañada por Mónica, reza para no marearse. Le sugiero que mire al horizonte relajadamente. El trayecto, de casi media hora, termina felizmente con la arribada al pequeño puerto de la isla. Antes de descender a tierra nos sugieren por megafonía bajar a las bodegas para ver, a través de los ventanales acristalados de la quilla, los pececillos, doncellas, doradas y sargos que parecen asomarse a los cristales para vernos a nosotros. El agua limpísima que rodea la isla nos permitió divisar las rocas y posidonias del fondo marino, algas que se asemejan a la hierba alta. 

Durante el recorrido por las murallas, el agua cristalina llama la atención de nuestra pareja de Móstoles. Aprovecho para relatarles que las aguas y fondos que rodean la isla han sido declarados patrimonio natural y reserva marina de España por su saludable y rica biodiversidad. Desde 1986 está severamente penada cualquier tipo de pesca o actividad que atente contra la flora o fauna del entorno marino de la isla. 

Breve historia de la isla, obtenida de la Wikipedia:

“La pequeña isla de Tabarca, cercana a África, estaba protegida y gobernada por la insigne República de Génova y habitada desde tiempos inmemoriales por cristianos. 

Fue conquistada por el rey de Túnez el año 1741. Una guerra perdida por Túnez años después contra Argel convirtió a los tabarquinos, cautivos del rey tunecino, en cautivos del rey argelino, continuando sus penalidades y trabajos casi otra década. Sólo unas cuantas familias de cautivos lograron quedarse en Argel. 

Fray Juan Bautista Riverola, cura agustino, visitó, asistió y consoló a su amado pueblo viajando entre Túnez y Argel durante los años del cautiverio. 

Nuestro católico monarca don Carlos III, el año 1759 los redimió con suma liberalidad y magnificencia el día de la Concepción Purísima de María Santísima. 

Efectuado el pago de su redención, fueron conducidos a la ciudad de Alicante 394 liberados con su cura agustino. 

El Excmo. Conde de Aranda influyó en la decisión del monarca para que la isla Plana de San Pablo fuera el lugar elegido como asentamiento de los antiguos tabarquinos. Por ello esta isla pasó a llamarse “Nueva Tabarca”, aunque ahora se denomine Tabarca, como la isla africana”.

Llegamos a la puerta de Levante o de San Rafael, que da entrada al pueblo, con su arco de piedra caliza modelada por el azote de los vientos. Manuel comenzó allí una nueva tanda de disparos fotográficos. Luego avanzamos por la calle principal, las chicas visitando un par de tiendas turísticas y nosotros pensando en fotografiar la iglesia de San Pedro y San Pablo, recientemente reconstruida; buscando el restaurante Don Gerónimo, que le habían aconsejado a Miguel; o ansiando una cañita fresca. 

Enfrente de la iglesia se halla el restaurante buscado. Manuela y Mónica nos divisaron al salir de las tiendas. Todo confluyó afortunadamente en la anhelada cerveza, (ya tenía yo la boca más seca que una mojama).

Me presenté al gerente y camarero del pequeño restaurante, Fernando, como último maestro de la escuela unitaria prefabricada de la isla. Fernando me explicó que el negocio, que él atiende, pertenece a mi amiga Ada, hija del “Foto”, quien desgraciadamente hoy se halla ausente de la isla. Se presentó entonces el hermano de Ada. Cuando le dije quién era protestó alegando que él fue alumno ese curso y no me parezco en absoluto a su maestro.

-¿Cómo se llamaba tu maestro?

-Pedro

-Han pasado unos 33 años desde entonces. He cambiado mucho, peso casi 20 kilos más, pero me sigo llamando Pedro –le contesté. 

-A mí me llamaban Chiqui.

Nos dimos la mano. También me saludó un hijo de Ada. Ésta cuenta ahora 48 años de edad. Tenía 15 cuando nos conocimos.

Miguel, que no pierde el tiempo, concertó la comida para la 13:30. Además de los aperitivos de gambitas y boquerones fritos, el menú incluye arroz a banda, ensalada y una gallina por persona. Antes de que Manuel cambiase la cara de sorpresa le aclaré que aquí gallina se refiere a un exquisito pescado de color rosáceo que se nos servirá hervido con una salsa deliciosa.

Paseamos, como es de rigor, por la muralla reformada y alcanzamos la puerta de la Trancada o de San Gabriel, de la misma piedra caliza que la otra puerta e igualmente diseñada por los frecuentes vientos que vienen y van por esta “Isla Plana” o “Nueva Tabarca” como yo por mi casa. Al final del paseo encontramos la tercera puerta, de tamaño algo menor, la puerta de Tierra, de Alicante o de San Miguel, orientada hacia la costa alicantina.

No paré de contarles a mis “compas” detalles y locuras de mi año escolar como habitante de la isla. Miguel, que también conoce bien este rincón del mundo, tomó la iniciativa y nos mostró la cueva del “llop marí”. Cuando yo llegué a la isla, las focas de la cala donde se halla la cueva eran sólo un recuerdo. Imagino que el boom turístico las alejó definitivamente. Miguel fotografió el lugar y nos descubrió una construcción antigua al pie de la muralla, a poco más de un metro sobre el agua del mar: el arco de una vieja puerta tapiada que sugiere un antiguo acceso a la cala. 

No es su primer descubrimiento, poco antes nos había llamado la atención sobre una especie de barbacana con dos frentes en ángulo recto y con una serie de pequeñas puertas en la muralla interior. Confesé que no conocía el propósito de aquellas edificaciones. Entre los tres chicos deducimos que toda la construcción debió corresponder a una defensa contra los bucaneros o berberiscos y que las pequeñas puertas del recinto interior de la muralla podían ser la armería del fortín. 

A partir de ahí, renunciamos a rematar el paseo llegando hasta la playa y deliberamos buscar pronto alivio a nuestro creciente apetito. 

Antes de terminar la segunda caña, el camarero nos trajo la ensalada y los aperitivos. Aprobación general y cata del alioli en las rebanadas de pan. La gallina estaba de rechupete y los chicos atacamos hasta las cabezas, que recuerdan ligeramente a la del rape. Rematamos la comida con el sabroso plato de arroz a banda, unos helados y café.

Abusando de la confianza de Fernando nos quedamos charlando alrededor de la mesa mientras los demás clientes, que llegaron después que nosotros, nos iban dejando solos.

Nos despedimos finalmente de Fernando para salir a pasear la zona esteparia de la isla, donde se halla la Torre de la Guardia Civil, el Faro y el Cementerio, en el extremo opuesto al pueblo. 

Miguel se disculpó porque precisaba aliviarse urgentemente. Desapareció entre las chumberas mientras crecían las embestidas de un viento levantisco. Nuestras mozas renunciaron enseguida a continuar el paseo.

Manuela y Mónica se encaminaban hacia el puerto cuando reapareció Manuel, que se había marchado solo a los acantilados. Enseguida se le unió Miguel con cara de satisfacción.

-¡Qué a gusto me he quedado! –comentó al reunirnos de nuevo los tres fenómenos. 

El fuerte viento arreció disuadiéndonos también a nosotros de continuar la excursión. Ni siquiera llegamos al Faro. Nuestras chicas nos propusieron coger el barco de vuelta a Santa Pola, a punto de salir. Eran las 6 de la tarde. Adelantamos la hora prevista para el regreso empujados por el incómodo viento desabrido y brabucón.

Durante la travesía de vuelta, Manuel aguantó estoicamente mis explicaciones sobre la Tierra hueca, teoría que no ve nada clara. Luego comentamos la conveniencia de ilustrar la Crónica con unas cuentas fotos y dejar el resto en una galería aparte. 

El mar estaba ligeramente picado, aunque el viento, logrado su propósito de expulsarnos de la isla, fue amainando. Manuela llegó bastante mareada a tierra firme, pero no tuvo que utilizar la bolsa de plástico. Sudores, abanicazos de Mónica y abrir la ventanilla la aliviaron lo justo. Cuando, ya desembarcados, se recuperó un tanto del agitado trayecto, confesó que la isla le había gustado mucho, pero que no pensaba subirse a otro barco para volver a visitarla.

Faltan algunos detalles finales. Ofrecí tomar un helado o granizado antes de separarnos. Miguel ponderó la heladería Baldó como la mejor de la zona. Granizados de limón los chicos; helado Manuela; nada Mónica; y yo mi deseado café granizado. (Un día es un día).

Manuel me hizo una jugarreta y pagó las consumiciones a mis espaldas. Se lo perdoné porque a un amigo como él simplemente se le quiere. A cambio de mi generosidad encauzará nuestro regreso por la autopista y pagará el peaje. Así quedamos en paz, ¿no?

Claro, que antes Miguel se despidió de todos nosotros dándonos abrazos, besos y serias advertencias de que irá a visitarnos siempre que quiera y pueda.

El último incidente, al buscar mi coche, enfrentó a Manuel y Mónica en un duelo fratricida de orientación. Yo no recordaba el nombre de la calle en que había aparcado el coche y no lograba orientarme tampoco. Ambos emprendieron la búsqueda por caminos separados. Mónica puso el radar y dio con el coche, pero Manuel y Manuela se nos habían perdido de vista. Me tocó ir a buscarlos rezando para que no se hubieran alejado demasiado. Los encontré enseguida. Manuel me pidió que no relatara el incidente en la Crónica. Le hice ver que, aunque seamos buenos amigos, una petición como esa soy incapaz de cumplirla. Me miró resignado y le prometí que lo redactaría con cariño. Lo importante en este episodio es el empeño y determinación de Manuel en encontrar el coche, y la humildad con que reconoció el error, al que yo mismo le induje con mis suposiciones equivocadas. Manuel es encantador incluso cuando se equivoca, pues nunca culpa a otros. Normalmente arrostra con decisión los encuentros amistosos de los que disfrutamos los demás. Nunca se queja ni pide nada a cambio de sus esfuerzos organizativos. Dichosos aquellos, que como yo, lo tengan por amigo. Gracias, Manuel, y perdóname el relato de la tontorrona anécdota.

Llegamos a la puerta del hotel en que se alojan nuestros amigos y nos despedimos unos de otros lo mejor que pudimos. A la mañana siguiente regresarían a Móstoles y no había más remedio que separarnos para que pudieran descansar y no nos consideraran unos pesados. 

Así terminó un día inolvidable del que sólo he relatado los pormenores menos interesantes. ¡En el tintero quedan tantas confidencias personales! Creencias, opiniones e intimidades, que cada uno hemos expresado, no soy quien para comentarlas aquí. Como se dice en el romance del marinero:

“Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va”. 

Compartimos un hermoso día con el más intachable respeto y el más profundo cariño. Queda la ilusión, habitual entre todos los amigos del blog, de nuevos y maravillosos reencuentros. Un fuerte abrazo y hasta pronto.