e-mail: santamariadelosangeles63@gmail.com

jueves, 19 de enero de 2017

EL SECRETO DE CONFESIÓN - SEGUNDA PARTE..

ALGUNOS RECUERDOS PERSONALES DE 6°


En el anterior escrito nos habíamos quedado en los primeros días del mes de diciembre de 1969, con el amargo sabor de la entrevista en el despacho de Don Antonio. Sin lugar a dudas, aquella dura confesión y su “algo más”, me marcaron durante algún tiempo. Aquel tono inquisitivo inusual me planteaba muchos interrogantes, que sin duda hubieran merecido alguna aclaración posterior de su parte, aunque yo no se la pidiera, pues jamás me hubiera atrevido.

Pero mi confianza en los sacerdotes que se ocupaban de nuestra formacion era muy grande y deseché todas las dudas. Acabé asimilando aquel episodio como un hecho totalmente aislado y una prueba más con la que Dios había querido purificar mi corazón. Todo quedó en el ámbito religioso, dentro del secreto de confesión entre mi director espiritual y yo. Sin transcendencia para el resto de los compañeros. Además nos encontrábamos en plenos exámenes de final del primer trimestre. Las vacaciones de Navidad estaban tan cerca que todo invitaba a arrear el último empujón a los estudios y a comenzar a soñar con los dulces días hogareños que nos esperaban.

Son muchos los recuerdos de aquel 6° curso. Algunos ya los habéis contado vosotros en este blog, más extensamente Pedro Calle en sus "memorias". Quisiera destacar que la convivencia dentro del Seminario era muy buena. Nuestra aula estaba situada junto al patio de cemento. La rutina de las clases se alternaba con las horas de estudio, las prácticas religiosas y la pasión por el futbol. Nos tirábamos horas disfrutando de este deporte los sábados y domingos, en partidos interminables, sin límite de tiempo, con aquella pelota blanca de goma que tanto nos gustaba. Quizás algunos me recordéis jugando de portero. Casi siempre ocupaba esa posición gracias a mis buenos reflejos. Para los grandes partidos en el campo de San Eulogio, el portero indiscutible de mi curso era Jaime. También solíamos salir a pasear en grupitos libremente por Córdoba. El patio de los naranjos de la Mezquita era uno de nuestros lugares predilectos.

Volvamos al principio del curso. A los de 6ª nos colocaron de la siguiente manera: Subiendo por la escalera principal, en la parte izquierda había unos dormitorios individuales que coloquialmente llamábamos "camarillas". Unos 10 afortunados compañeros, en teoría más desarrollados físicamente, las ocuparon. A los restantes nos acomodaron en un dormitorio corrido que estaba enfrente del pasillo, dos o tres escalones más arriba. Era una gran diferencia, pues la privacidad dentro del dormitorio individual les otorgaba mayor libertad de movimientos, sin ese control mutuo permanente del dormitorio común .

Recién iniciado el trimestre, sobre finales de septiembre o primeros de octubre, se produjo un hecho relevante. Nos encontrábamos en el estudio cuando vimos aparecer a Don Antonio Jiménez. Se situó delante de nuestras mesas de estudio y reclamó nuestra atención. Empezó contando que del dormitorio individual de nuestro compañero Antonio Luna, de encima de su mesa concretamente, había desaparecido un reloj de pulsera. 

Don Antonio siguió explicando que, sin duda, se trataba de un desliz accidental o temporal. Estaba seguro que la persona que lo había “distraído” recapacitaría y lo retornaría en el plazo de 48 horas. Continuó hablando y se fue calentando hasta el punto de comprometerse personalmente en el asunto. Concluyó diciendo que si en una semana no había aparecido el reloj, utilizaría todos los medios a su alcance para dar con el ladrón.

Pasó una semana, pasaron 15 días, pasó un mes y del reloj nunca más se supo. Muy pronto nos olvidamos todos de aquel incidente. Las clases y los exigentes estudios de 6º, (además de las asignaturas que algunos arrastrábamos del curso anterior como consecuencia de los exámenes libres en el Instituto de Écija), acaparaban nuestra atención más que cualquier otro tema. Aprobar y sacar adelante los estudios era lo primordial para nosotros.

Los días fueron pasando rápidamente. A mediados de diciembre de 1969, faltando menos de una semana para las vacaciones de Navidad, nos encontrábamos todos en el estudio cuando se presentó Don Antonio Jiménez. Dijo que venía a darnos una buena noticia. Que el reloj de pulsera desaparecido casi tres meses atrás, había sido devuelto. Alguien lo habia dejado sobre la mesa escritorio del dormitorio de Antonio Luna. Por tanto el caso quedaba totalmente resuelto y zanjado.

Ni en aquel momento, ni después, ninguno de nosotros comentó nada, a pesar de la evidente coincidencia entre las visitas a su despacho y la aparición del reloj, pues justo 15 días antes , muchos de nosotros habíamos ido pasando por su despacho, en mi caso en confesión obligatoria, tal como os he contado. Tiempo después me pregunté internamente, cuántos compañeros fuimos realmente sospechosos de la desaparición del reloj.

Por suerte para los que continuamos el siguiente curso en Preuniversitario, el Director Espiritual fue el R. D. Pedro Crespo. 

D. Pedro tenía un talante muy diferente. Había corrido mucho mundo antes de ordenarse sacerdote, ya que sintió la vocación tardíamente, siendo ya mayor. Era muy realista, cercano a nosotros. A menudo nos contaba anécdotas que conseguían amenizar sus pláticas religiosas.

Desde aquella mala experiencia en el despacho de Don Antonio, con tantos elementos incomprensibles para mi y sin encontrar ninguna respuesta lógica, tuvo que transcurrir más de un año para que cayera en la cuenta de lo que realmente había sucedido. A partir de entonces comencé a desconfiar paulatinamente del secreto de confesión. La vil utilización del mismo por parte de aquel sacerdote sin escrúpulos consiguió alejarme definitivamente de la confesión. ¿Se confesaría Don Antonio de haber abusado de su posición “espiritual” para satisfacer su arrogante "ego"?

Tres o cuatro años después de abandonar el Seminario tomé la decisión de no confesarme nunca más. Me habían enseñado que para ir a comulgar debía pasar previamente por el confesionario. Como además nunca acepté como válidos y sustitutorios de la confesión personal los actos de penitencia comunitarios y de absolución en masa. La consecuencia lógica fue que también dejé de ir a comulgar.

Sé que no todos los sacerdotes son como aquel que intervino en la historia que os he contado. Sin duda, la inmensa mayoría administran el sacramento de la confesión con la comprensión y humildad debidas. No le guardo ningún rencor, al contrario, considero que me ayudó a madurar y desarrollar una actitud personal más crítica en adelante. 

Tampoco quiero buscar culpables ni justificaciones externas a mi forma de pensar. Para mí merecen el máximo RESPETO aquellas personas que viven su religiosidad y siguen acercándose con fe a la confesión y a la comunión.

Con el paso de los años, desaparecidos aquellos “corsés”, he sido capaz de buscar la Verdad por otros caminos. El sentido de la Vida me ha ido llegando a través del estudio, la comunicación con los demás y la reflexión. He conseguido vivir en paz con mi conciencia sin necesidad de “intermediarios”.

Nunca he intentado imponer a otros mis creencias o manera de pensar. En todos los órdenes de la vida mi bien más preciado es la LIBERTAD.

Hasta aquí mis reflexiones personales. Quisiera terminar recordando que este mes de enero ha hecho un año desde que nuestro amigo Rafael Raya nos contó aquella increíble historia en la que le culparon injustamente y lo expulsaron. Los dibujos obscenos que aparecieron pintados en los servicios del patio de recreo del Seminario de los Angeles, no fueron obra suya. Lo mandaron a su casa faltando muy pocos días para el final del segundo curso.

Tampoco le permitieron terminar el curso a nuestro amigo Antonio Martínez Rangel, por una historia de índole menor, que él ya ha contado en alguna ocasión. De esta manera, el estigma de los "margaritos" quedaba consumado, tal como nos recordó magistralmente en su escrito “La voz de Dios” nuestro amigo Andrés Osado. Dicha “voz” le advirtió que evitase durante las vacaciones de verano el contacto amistoso con aquellos dos ex compañeros que tanto daño moral le podían causar.

Poco a poco hemos ido entrelazando entre todos, como si de un racimo de uvas se tratase, unas maravillosas historias que nos han enriquecido y nos han llenado de nostalgia. En un año, más de 40 relatos, recuerdos personales o memorias han reflejado en el blog la realidad peculiar del Seminario en aquella época, con estilos y puntos de vista muy diversos.

Durante este tiempo he querido compartir con vosotros cuatro relatos personales y un resumen estadístico de los dos primeros cursos 1963 y 1964. Os invito a los que ya habéis contado anécdotas e historias muy interesantes y a los que queráis comenzar a hacerlo. Confío en que unos y otros continuaréis deleitándonos como hasta ahora. 

Animo desde aquí a los que guardan sabrosos recuerdos del Seminario para que nos hagan partícipes de ellos. La antorcha encendida debe seguir alumbrando nuestro pasado en común con el concurso de todos. Al menos, hasta donde buenamente podamos mantenerla viva.

Gracias por la paciencia que habéis tenido al leerme. Pido disculpas a aquellos que haya podido molestar.

Un abrazo cordial para todos vosotros.


Manuel Jurado. 
Móstoles, Enero de 2017

29 comentarios:

  1. No tienes que pedir perdón por nada Manolo, magnífico relato. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Andrés. Tus ánimos tienen un doble valor para mi.
      Era pura cortesía pedir disculpas a algunos que sé, que no les ha gustado que haya removido aguas pasadas.
      Te envío un fuerte abrazo. Gracias por ser un gran ejemplo para todos nosotros.

      Eliminar
  2. Me gustan tanto las vivencias y opiniones que tan magistralmente cuentas y te animo a ti también que gozas de tan estupenda memoria, a que sigas relatando aquellas experiencias. Gracias Manolo, enhorabuena

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Rafael muchas gracias por tu comentario. Me alegra saber que te ha gustado. Hace un año, cuando pasasteis por Madrid, tú y Elena camino de Ucrania, de alguna manera fuiste el que me impulsó a contar estas historias. Creo que ha sido un año muy fructífero para todos.
      Recibe un fuerte abrazo.
      Manuel Jurado

      Eliminar
  3. Entre todos tejemos un pasado que nos aclara el presente. Gracias por tu escrito, yo conocí esas camarilla de las que hablas cuando preparábamos el ingreso para Los Ángeles, curiosamente no me dio miedo quedarme solo y eso que era la primera vez que me separaba de mi familia.
    Muchas veces me he preguntando como hubiese transcurrido mi vida de haber seguido unos años mas en el seminario, pero nunca de una manera nostálgica, simplemente como mera curiosidad.
    Cuando vosotros estabais en sexto curso yo ya estaba trabajando en una fábrica de muebles en Irún y mis preocupaciones eran muy otras que las confesiones aunque seguía yendo a la Iglesia regularmente.
    Sigue recreandonos con tus recuerdos y un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pacocesar me hubiera encantado seguir teniendote como compañero en San Pelagio. Pienso que hubieras llegado más lejos que ninguno de nosotros.
      Contigo se equivocaron completamente los curas. Una persona como tú, que ha dedicado su vida entera al estudio y a ayudar a los demás ...Que mal ojo clínico tuvieron.?Puede darse un mejor perfil de candidato a formar parte de la curia?
      Recibe un fuerte abrazo.

      Eliminar
  4. Es un deleite leerte Manuel, todos tenemos buenos recuerdos(y algunos no tan buenos) de Los Ángeles, lastima que no estemos agraciados para poder expresarlo como hacéis algunos.
    Un abrazo. Fco.Sanchez

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Paco por tu comentario. Me ha sigificado un gran esfuerzo elaborar este relato tan personal. No tengo esa facilidad y rapidez para escribir que tú amablemente me supones.
      Recibe un cordial abrazo.

      Eliminar
  5. Querido Manolo: admiro la profundidad de tus reflexiones. He de admitir que por mi parte, en ese curso sexto de bachiller, yo era bastante simple. Mis únicas preocupaciones eran los estudios, el fútbol y las tías güenas que nos enseñaban las rodillas en las ventanas de enfrente. Creo que mi madurez personal se inició a raíz de Preu.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jose Maria gracias por tu comentario. Es verdad lo que dices, cosas simples pero que llenaban nuestras vidas de entonces.
      Recuerdo perfectamente tu faceta futbolera. Eras un hábil regateador, tocabas el balón perfectamente con las dos piernas y tenias un potente disparo con la zurda. Purita envidia para los que solamente le pegabamos con la derecha. Eso si, "chupabas" mucho balón....
      Recibe un fuerte abrazo.

      Eliminar
  6. Compañero Manolo.
    Despues de leer todos los relatos de este blog y hablar con algunos compañeros en la comida de Navidad en Cordoba me atrevo a opinar.
    Un modelo educativo que permite,condenar a niños indefensos, no es precisamente el mejor.
    Alguna vez me he preguntado,quien controlava a nuestros educadores

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Rafa puedes opinar todo lo que te parezca bien en este blog. Aquí hay plena libertad de opinion .
      Deduzco por tu comentario que hay alguna "sombra" que te gustaría contar. Es difícil saber quién controlaba a los controladores.
      Nuestros dos primeros años en Santamaria fueron duros. En tercero nos presentaron, por primera vez, como alumnos libres en el instituto de Ecija. 27 compañeros no continuaron el curso siguiente, en 4°. Entre ellos estabas tú. Supongo que además de la mayor exigencia de los estudios, hubo más historias personales. Historias que ya nunca llegaremos a conocer.
      Rafa, me ha encantado la foto en la que estás con tus paisanos, Serrano Cazorla y Serrano Ruiz. Esas caritas ya las tenia olvidadas.
      Recibe un cordial abrazo.

      Eliminar
  7. Gracias por compartir tus vivencias. Gracias por esa forma tan clara de expresarlas. Siento envidia de no poder hacer yo lo mismo.
    Gracias Amigo Manolo.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti Pacomo por tu comentario. Es cuestión de ponerse con papel y bolígrafo y empezar a escribir. Sin prisas. Unos días estarás más inspirado que otros, pero así se empieza.
      Tampoco tengo la facilidad que otros compañeros, que en dos horas escriben un excelente articuló o una crónica chispeante y divertida.
      Este relato personal me ha llevado mucho trabajo de elaboración y he cuidado al máximo el vocabulario. También he eliminado muchas "aristas", que podían doler y aportaban poco al fondo de la historia. En fin, con tiempo y dedicación se pueden hacer muchas cosas.
      Recibe un fuerte abrazo.

      Eliminar
  8. Historias para recordar seguro que todos tenemos, pero esa facilidad para trasladarnos a los tiempos de hace 40 años no está ha alcance de cualquiera.
    Con esto solo quiera dar las gracias por vuestros relatos y hacercarme a revivir la infancia con un gran grupo de compañeros a los que consideró amigos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Juan gracias por tu comentario. Es verdad que ya nos quedan más lejos esos recuerdos, después de 40 años y más. Pero continúan dormidos en nuestra mente y con la pequeña colaboración de cada uno de nosotros, los estamos volviendo a revivir. Por lo menos para que no queden definitivamente en el olvido.
      Un abrazo.

      Eliminar
  9. Muy bien recordado y mejor escrito. Gracias Manuel

    ResponderEliminar
  10. Gracias Manuel por recordarme en tu escrito.
    El retrato de D. Antonio Jiménez arrogante y prepotente nos revela un modo de actuar sin escrúpulos que me ha sorprendido. Recuerda un poco a la GESTAPO.
    Tú has superado todo aquello y puedes contarlo. Él, no creo.
    Precioso relato continuando tu discurso sobre abusos y arbitrariedades que afectaban profundamente a los implicados, como en tu caso o el de los "margaritos".
    Un abrazo.
    Pedro

    ResponderEliminar
  11. Gracias por mencionarme Manuel.
    Me ha sorprendido la faceta prepotente y arrogante de D. Antonio Jiménez, que tan claramente evocas.
    Puede que a ti y a otros, aquellos abusos y arbitrariedades os afectaran profundamente. Pero el tiempo ha pasado, hoy conocemos la verdad y estamos unidos.
    Te felicito y agradezco tus excelentes relatos.
    Un abrazo, amigo.
    Pedro

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Pedro por tu comentario. Es verdad que Don Antonio, aparte de la mucha soberbia, detrás de sus gafas negras, tenia un perfil entre inquisidor y policiaco, que a veces daba miedo.
      Aquella es una etapa muy superada para nosotros pues luego la vida nos ha ido curtiendo en mil batallas. La única pena es que todo haya pasado tan rápidamente . Pero aquí estamos para recordar esas batallitas y para disfrutar de nuestros encuentros, de las muchas cosas que nos unen y de nuestra amistad.
      Recibe un fuerte abrazo

      Eliminar
  12. Profundo y sincero. Gracias, Manolo por ese relato que a todos nos llega al corazón. PACO RAYA.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Paco Raya por tu comentario y por tus sentimientos. Son vivencias que nos traen recuerdos, a veces no tan buenos, pero que por supuesto están muy superados a estas alturas de nuestras vidas.
      Recibe un cordial abrazo.

      Eliminar
  13. Mi gustosa bienvenida al club para Juan Cabello. Lo recuerdo como un lateral derecho muy duro de roer. ¿nos vemos en Lucena?

    ResponderEliminar
  14. Querido Manolo, impresionante la segunda entrega. Deberías dedicarte a esto. Tu narración es amena, medida y exacta. Tendrías que explotar tu memoria fotográfica. Enhorabuena, maestro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Antonio te agradezco tu comentario. Aquí el único maestro y que puede dar clase, eres tú.
      Llevas años haciendo unas crónicas fantásticas y siempre consigues seguir encontrando ese punto chispeante y anecdótico, que todos esperamos de ti. Eso es puro arte.
      Recibe un cordial abrazo.

      Eliminar
  15. Ciertamente, has limado mucho. A pesar de lo duro del tema, has sabido dejar constancia de un hecho,que sin huella de revancha, nos muestra un reflejo de algo vivido. Me alegro, sobre todo, porque queda superado, como ha de ser. Bravo y sigue, amigo Manolo. Pido disculpas por no haber respondido antes. Tambien, por no haber indicado nada sobre la anterior. Sirva esta para ambas. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Andrés te agradezco tu comentario. Desde luego todo quedó superado. Aunque al principio, debido a la educación religiosa que estábamos recibiendo, incrementado por la confesión obligada, aumentaron de forma importante mis problemas de conciencia y mis "remordimientos". Pero esa ya es otra historia.
      Recibe un fuerte abrazo.

      Eliminar
  16. Amigo Manuel, comparto la opinión de los demás compañeros.
    Tu relato es un magnífico retrato de aquella época y de los sentimientos que te envolvían en aquella etapa.
    Es verdad que aquellos años significaron para muchos de nosotros, la base sobre la que apuntalamos nuestra personalidad y nuestro futuro.
    Recojo tu consejo sobre la posibilidad de colaborar en la reconstrucción del puzle. Trataré de aportar los últimos recuerdos que aun conservo de aquella época, sobre la indecisión y las dudas personales que nos asaltaban ante la elección del camino a seguir.
    Te felicito por la claridad y la sencillez con la que nos has presentado tus sentimientos de aquellos años de estudiante.
    Un abrazo.
    Juan Martín.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Juan muchas gracias por haberme leído y por tus opiniones. Es verdad que estábamos en una etapa critica de nuestras vidas. Todo eran dudas y muy difícil acertar con el camino correcto. Por esta situación pasamos todos.
      Nos encantara conocer tus recuerdos y las decisiones finales que orientaron tu futuro inmediato.
      Un abrazo también para ti.

      Eliminar