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viernes, 10 de febrero de 2017

El cojo de san Fulgencio

Quizás fuese ese año, en quinto del bachillerato, mi curso más fructífero en el seminario desde el punto de vista académico. Creo recordar que obtuve cinco matrículas de honor en los exámenes por libre en san Fulgencio. Por los pasillos del instituto los profesores bromeaban con nuestros curas sobre qué suerte de vitaminas les echaban a nuestras comidas para que consiguiéramos unas calificaciones tan buenas, o si, por el contrario, era el bromuro el responsable de nuestras buenas notas. ¡Ilusos!... Se creerían que nosotros estábamos todo el día apretando los codos, cuando en realidad jugábamos al fútbol y nos la cascábamos tanto o más que cualquier otro alumno oficial de aquel instituto. Vaya, por lo menos yo. "Y sobre todo, el cojo -decía uno-. Qué tío más bueno, no sé cuántas matrículas lleva ya".

Y el cojo era yo.

A finales de mayo de aquel año del señor de 1969, en uno de aquellos gloriosos partidillos de fútbol de sobremesa en el patio de cemento, me fracturé la rótula de mi rodilla derecha. Me adelanté mucho la pelota (aquella pelota blanca y saltarina que tanto costaba controlar, seguro que os acordáis), corrí la banda a mi manera alocada, me salió al paso "El Chivo" -José Luis Roldán- (casi siempre contrario mío porque éramos los dos más buenos -primi inter pares- y echábamos pies para escoger equipo), me cargó un pelín, lo suficiente para desequilibrarme en mi carrera; con todo, conseguí chutar y marcar en la pared de la portería la sucia huella de la pelota, auténtico ojo de halcón de la época para verificar los goles fantasmas. Mirando el gol, no frené a tiempo en mis trompicones, y antes de caerme mi rodilla derecha tropezó en seco contra la pared. En caliente, apenas noté nada. Seguí jugando, ¡hay que ver qué vicio teníamos! Pero al cabo de poco ya no me dejaba correr y la rodilla hinchada no cabía en el pantalón. No podía caminar. Algunos de vosotros me cogisteis en brazos a modo de sillín, me sentasteis en el pasillo interior y enseguida llegó don Antonio. Me hizo bajarme los pantalones para ver mejor qué había. Me asusté: la rodilla estaba caliente, roja, como si fuese a explotar. Y ya no podía ni menearla. Me llevaron al hospital de agudos, muy cerquita de san Pelagio, y allí don Alfonso Carpintero, médico de nuestro seguro de estudiantes, me hizo una radiografía, me diagnosticó de fractura conminuta de rótula derecha (conminuta significa hecha polvo, rota en muchos pequeños fragmentos) -qué golpetazo no me daría-, me tumbó en una camilla, me anestesió por la zona y lo vi entrar en mi rodilla con una aguja enorme, más que aguja, lezna del 14, de las que yo veía usar a José el talabartero en La Capilla. Por allí drenó sangre achocolatada en abundancia hasta que la rodilla quedó, de nuevo, flácida. Muy quietecito en la camilla para no marearme, me dejé hacer. Me encasquetaron una escayola hasta la ingle... Y a juir por ahí.

Y así permanecí más de un mes. Llegado el momento de los exámenes finales en Écija me plantearon los curas la posibilidad de examinarme a mí solo por separado, dadas las circunstancias especiales de mi caso. Yo dije que prefería ir con todo el mundo, que entre mis compañeros me ayudarían a moverme de un sitio a otro -como así ocurrió-. En la sala de los exámenes me dejaron un pupitre entero, sacaba la pierna por debajo y la apoyaba en una silla puesta enfrente. De esta guisa, el cojo de san Fulgencio salió por la puerta grande.

Como soy tan malo para los copia y pega fotográficos, le pediría a Rafa Vilas, nuestro magnánimo administrador, que hiciera el favor de buscar la foto en la que estoy en Écija con el pantalón rajado por culpa de la escayola, y que la ponga en cualquier rincón de este escrito. Besos para todos.

El Fili

11 comentarios:

  1. Los detalles que cuentas del fútbol los recuerdo bien. Me hiciste tantos regates que ya no sé si logré quitarte la pelota una sola vez. Eran partidillos muy animados y casi nuestra única diversión en aquel curso dentro del edificio del Seminario.

    No era el único entretenimiento para algunos aficionados a pasar buenos ratos en el huerto, (naranjitas y limones y procesionaria en los pinos), y en el gimnasio, donde, puestos a lucirse, yo lo hacía con el salto del plinto interior. Subir la cuerda lo conseguía echando el bofe.
    Tu lesión la tengo más borrosa, pero la detallas muy bien, como el profesional de la medicina que eres.

    Tu cerebro privilegiado para destacar en los estudios no admitía dudas.

    Tus memorias desenfadadas siempre aportan detalles curiosos y simpáticos.
    Otro pilar magnífico del blog.
    Y ya que os concedo el reconocimiento que os merecéis a Juan Martín y a ti en el blog, permíteme que lo extienda a Manuel Jurado, de nuestro mismo curso, sin desmerecer al resto de interesántisimos escritores blogueros.

    Un saludo afectuoso, compa.
    Pedro

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  2. Jajaja, es que Manolo Jurado, Paco Delgado, el Luna, Martínez Camacho, tú mismo y otros pocos eráis mu malos con la pelota en los pies. Cuando echábamos pies os dejábamos para los últimos. jajaja.

    En cuanto a lo meritorio de la escribanía de Manolo Jurado, completamente de acuerdo. Todos los que escriben con asiduidad (Antonio Estepa, Andrés Osado, Antonio Gómez, Juan Martín, Manolo, tú mismo...) lo hacen con maestría, cada uno con su propio estilo, es natural. Yo soy más jocoso y verderón. Ca uno es ca uno.

    Un abrazo.

    El Fili

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  3. Amigo Fili: Menos mal que la escayola te llegó hasta la ingle, dejando libre la zona que tanto apreciabas y supongo seguiras apreciando.
    Un relato tan sencillo que precisamente, por ello y por lo bien descrito, resulta grandioso. Por cierto, ¿quedó bien la rodilla? Yo recuerdo, no se a quien, se le rompió un brazo, jugando en el patio con esa famosa pelota. Un abrazo

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  4. Querido Fili: A los que ya no estábamos en el seminario, y en mi caso ya ni en Andalucía, el conocer -que pasó después- abunda aún más en el enriquecimiento de ese puzzle colectivo que vamos organizando en nuestra sexagenaria memoria. Agradezco de veras la frescura y sencillez de tus escritos, donde como en un retrato, recibo los rasgos y situaciones que compusieron las vidas paralelas de los compañeros que dejé y que nunca dejaron de ser parte de la mía.
    Muchas gracias Fili por estos regalos tan preciosos.

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  5. Muchas gracias amigos. Andrés, la rodilla estupenda. Ojalá me hubiesen enyesado también la pierna de enmedio, a lo mejor hubiera aguantado tiesa lo mismo que la rodilla. Jajaja.

    Rafa, un besazo. La foto ha quedado pintiparada.

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  6. Querido Fili, tienes la virtud de hacer presente el pasado. Nadie de extraña de eso. Para el grupo de los torpes, aquella frase lacónica "todo 10" que salía de la boca del Prefecto de Estudios cuando nombraban a Pepe Ruz, Agustín Madrid Parra, José María Rivera Cívico, etc., era tan normal como la salida del sol por el monte que teníamos frente al Seminario. Fuisteis inalcanzables. El mecanismo de defensa que yo tenía era "-Tú sabrás mucho pero por aquí no pasas". También en eso fracasaba, porque eras una ardilla sin rabo. De todas formas, creo que todos estábamos orgullosos de vosotros. Un abrazo muy fuerte, querido amigo.

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  7. José María, magnífico recuerdo el que nos traes de aquella época de partidos en el patio con aquella pelota blanca.
    En la nebulosa del recuerdo, se me queda borroso el hecho de tu avería en la rodilla, pero ahí están las fotos para corroborarlo.
    Rápido en el regate corto y con la pluma.
    Un fuerte abrazo.
    Juan Martín.

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  8. A modo de mosaico cada recuerdo es una tesela que viene a enriquecer el cuadro de nuestras vidas; yo, como Rafa Vilas, en ese año ya vivía fuera de Córdoba, en Irún, y trabajaba en una fábrica de muebles. Es curioso que en aquellos años yo apenas hacía cuenta del tiempo pasado en Los Ángeles, ha sido mucho después cuando han empezado a aflorar los recuerdos y resulta un poco paradójico que éstos sean mucho más vívidos que los que tengo de vivencias mucho más recientes, misterios del sistema límbico, en todo caso al escribir esto, Fili, me haces partícipe de una vida que ya no era la mía y te lo agradezco. Un abrazo desde Donosti.

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  9. ¡Que pena¡ Ahora pienso que debería haber seguido unos añitos más para compartir esas vivencias. La de cascarla sí la continuamos fuera,-el que lo niegue miente como un bellaco- pero el resto de vivencias que compartes con nosotros me hubiese gustado mucho compartirlas. Me reconforta que lo pasáseis tan bien porque la sensación al abandonar el Seminario era de alivio personal y a la vez de preocupación por la disciplina que tuvimos, al menos hasta el Curso 67/68. Gracias, FILI por tus relatos y sobre todo por compartirlos. PACO RAYA.

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  10. Amigo Jose Maria, como siempre excelente relato el tuyo. La anécdota que cuentas la tenia casi completamente olvidada y sin embargo estoy seguro que aquel día que te estrellaste contra la pared, estaba jugando ese partidillo. Es verdad que al principio no le dimos importancia y seguiste jugando un poco cojo.
    Que eras un excelente regateador, ya te lo he comentado en varias ocasiones, nos aburrias a todos con tus recortes. Creo que por eso decidí ponerme de portero, al menos podía tocar la pelota una vez, en el saque de puerta...
    Tus calificaciones de sobresaliente eran casi un aburrimiento, incluso en San Fulgencio, donde los demás cosechabamos enormes calabazas. Pero estábamos muy orgullosos de los que destacabais en los estudios en tierra hostil. Vuestros éxitos eran de alguna manera, también los nuestros.
    Antonio Estepa ha recordado a algunos compañeros que siempre sacabais notas excelentes. Quisiera además recordar a Manuel del Pino Morgadez, que se marchó al terminar 4° . Sobre todo a dos compañeros estupendos estudiantes, que ya no están entre nosotros, Juan Pedro Beteta Garcia y Francisco Delgado López.
    Impagable la foto que ha puesto Vilas del grupo de compañeros que estáis en Ecija, casi me han saltado lágrimas de nostalgia. Aquel mes de junio no os acompañe porque no me podía presentar a los exámenes de 5° pues arrastraba los tres grupos de la revalida de 4°. Me examine de ellos en los primeros días de julio, los aprobe y luego ya en septiembre de 5° . Ya ves, tu mejor curso coincidió con el peor mío.
    Bueno Jose Maria no quiero alargarme más. Gracias por traernos esos recuerdos maravillosos y recibe un fuerte abrazo.

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  11. Tios, no sigáis escribiendo que me emocionais.
    Me encuentro en una fiesta de cumpleaños de un amigo,y no he podido sustraerme a mirar los comentarios en un aparte.
    Hasta pronto. Un abrazo para todos

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