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miércoles, 1 de marzo de 2017

CARTA ABIERTA A LOS AFICIONADOS AL FÚTBOL

Aquellas tardes de fútbol

Queridos amigos hornachueleros:

Me gustaría recrear someramente el ambiente del club de fútbol cordobés que nos encontramos el año del Señor 1969. Mis conocimientos futboleros fueron entonces y son ahora lamentablemente raquíticos. Confío en vuestra sin par condescendencia para saldar mi atroz osadía.

No temáis. En realidad, sólo aportaré un par de detalles nimios vividos al azar, probablemente durante el 6º curso pelagiano. 

Señala Manuel Jurado acertadamente en sus memorias que nuestra llegada al Seminario de San Pelagio supuso un cambio radical en nuestras agrestes vidas. En mi caso, los paseos en completa libertad por la hermosa ciudad de Córdoba suplieron las excursiones y paseos montaraces de nuestra recatada etapa anacoreta, de la que apenas sobresalen en mi parca memoria algunas excursiones relatadas en anterior escrito y las salidas semanales al Llano del Pozo. Piscina, pichoncho, ping-pong y otros entretenimientos eran diversión más limitada.

Los paseos, con algunos amigos habituales de mi curso, por la Córdoba de ojos profundos, soñadores, pintados por Julio Romero de Torres en sus mujeres cordobesas, derivaron de forma natural hacia todos sus puntos cardinales con el soñar del tiempo. 

Sin premeditación alguna fuimos explorando sus mágicos rincones y sus plazas, sus parques y su río, sus palacios, estatuas, monumentos… hasta quedar prendados sin reservas en su hechicero encanto. 

No enumero las diversas y variadas incursiones que realizamos por el Centro y los alrededores de esa ciudad embrujada porque todos vosotros conocéis cualquier lugar, recodo, luz… que pueda mencionar, mucho mejor que yo. 

El caso es que en uno de aquellos joviales paseos llegamos al estadio El Arcángel del Córdoba F.C., (en aquellos tan lejanos días más llana y concisamente Estadio Deportivo del Córdoba C.F. ).

Volveríamos unas cuantas veces más, atraídos por la remota posibilidad de colarnos saltando la valla exterior del recinto durante las animadas tardes de fútbol, y atraídos también por el fantástico ambiente que se respiraba durante aquellos viriles encuentros. 

El intento de asalto al interior del estadio era práctica habitual para los jóvenes cordobeses con la faldriquera “seca” y la pasión futbolística desbordada, durante los vibrantes partidos de liga de aquellos benditos años.

El campo estaba permanentemente vigilado cada vez que se celebraba un choque liguero por varios policías a caballo, que no dudaban en utilizar la porra con alevosía en cuanto se organizaban las espontáneas escaladas desde el exterior del estadio. 

Para superar el muro se necesitaba la colaboración de un valiente que apuntalaba al escalador sobre sus hombros y de otro cómplice que, estando ya dentro, aupaba al audaz aficionado, ayudándole a rematar el asalto de la hermética “plaza”. 

Mientras escuchábamos los vítores, insultos y exclamaciones que nos llegaban del público en el interior del estadio, los enardecidos asaltantes aprovechaban los mínimos descuidos de los jinetes policiales para intentar colarse una y otra vez, recibiendo estopa… una y otra vez.

El espectáculo se repetía en sucesivas oleadas de escaladores y de policías a caballo que acudían galopando con presteza a desbaratar las aguerridas torres humanas que levantaba la pasión por el balón y sus endiabladas escaramuzas. 

Cuando aparecen en las noticias los asaltos a la valla de Melilla, salvando todo tipo de distancias, percibo la misma determinación inquebrantable frente a la empresa imposible. En realidad no tan imposible ya que unos pocos conseguían acceder al recinto sagrado sin gastar un duro. (En la valla de Melilla esporádicamente también lo consiguen algunos magrebís a juzgar por las mencionadas noticias que vomitan las “condenas” televisivas).

A estas alturas del relato es fácil deducir que mis amigos y yo jamás nos atrevimos, ni remotamente, a intentar la desaforada hazaña de colarnos en el condenadamente bien vigilado templo futbolístico. Demasiado emocionante y demasiado peligroso. Además nos faltaba el necesario colaborador en el interior del estadio. Vamos, que ni en sueños. 

Nos conformábamos con disfrutar del excitante ambiente que se vivía en el exterior del estadio, donde permanecíamos expectantes junto a numerosos grupos de jóvenes aficionados, que seguían los lances del juego a través de los gritos de los espectadores. Los goles locales desataban un poderoso clamor que inundaba los abiertos espacios y era contestado con efusión por los espectadores ciegos. 

Toca mencionar que el Córdoba descendió a segunda división la temporada 68-69. Los rumores apuntaban a que los jugadores eran unos golfos redomados, amantes de las fiestas nocturnas de fin de semana. Su rendimiento en el campo de fútbol era cada vez más desastroso, según los “técnicos” por falta de motivación y otras lindezas, como los lesionados, la “vejez” de la plantilla, etc. 

El club tuvo que contratar al prestigioso Ladislao Kubala como entrenador, tratando de remediar la debacle. Kubala era la gran esperanza regeneradora del club para emprender la anhelada y necesaria remontada.

Recuerdo que en un partido el Córdoba goleó a su rival y acabaron dejando entrar a la hinchada exterior. Fue una especie de invitación a los aficionados “probes” a hermanarse en una celebración triunfal con los “paganos”, (que habían pagado la entrada). 

Mis amigos y yo renunciamos a diluirnos en aquella masa enfervorizada y disfrutamos la alegría general como testigos impertérritos. En realidad, la política de puertas abiertas se produjo pocos minutos antes del final del glorioso partido. No merecía la pena entrar cuando la gente estaba a punto de salir. Éramos más cabeza que corazón. Y sobrevivimos.

Me refiere Manuel Jurado al respecto que en un par de ocasiones él y unos compañeros consiguieron del portero de la entrada permiso para pasar a ver un partido. Para ello le lloraron su doble condición de pobres seminaristas, o sea, de seminaristas y pobres.

Por mi parte, y ya termino, encontré la puerta del estadio abierta un sábado que había entrenamiento. No recuerdo con quien iba, pero sí recuerdo que entramos a curiosear. Encontramos a Kubala dirigiendo a sus jugadores. Nadie nos impidió ver al equipo entrenar desde las gradas. Éramos escasos los curiosos y además discretos: no nos metimos con ninguno de aquellos golfos arrepentidos, como es usual en estos tiempos. 

Tampoco nos quedamos hasta el final del entreno. Nos hubiera gustado saludar a Kubala al final del mismo, pero la hora de la comida era sagrada para nosotros incluso los días festivos. 

Durante nuestro curso de Preu (1970-1971), el Córdoba volvió a ascender a primera división con un equipo joven, renovado, y ya sin Kubala como entrenador. 

Quien desee más información puede recurrir a Internet y conocer la historia completa del club. Yo simplemente he pretendido “tocar” el tema para que José María lo “remate” de cabeza, si quiere, corrigiendo y ampliando este pobre relato con su infalible tino y excelente humor.

No olvidéis los demás que algunos de nosotros anhelamos las novedades del blog. 

Yo, lo confieso, me he vuelto adicto a las anécdotas y memorias que se nos ofrecen mes tras mes de manos de nuestro incombustible “máster” Rafael Vilas. 

“Necesito” más historias, más fotos… y si es posible en dosis más altas. 

Estoy, me temo, irremediablemente enganchado. 

Va…, aunque sólo sean unas caladitas, contad algo. 

Si así lo hacéis, entraréis en el reino encantado de los escritores mágicos que conmueven los cansados corazones con historias verdaderas de aquel mundo perdido y aún añorado con dulce melancolía. 

Agradece vuestra amable atención este simplísimo bufón, Pedro Calle, vuestro humilde servidor, que de sus muchos errores demanda real perdón.

Agradecer al Córdoba Club de Futbol las imágenes tomadas de su fototeca.

8 comentarios:

  1. Pedro, intentaré complacerte. Pero te confieso que yo tampoco nunca intenté el asalto al muro. La vergüenza a ser pillado era mucho más fuerte que mi afición. Yo era de los que nos quedábamos merodeando por la puerta principal mendigando el favor del portero. Recuerdo dos partidos en que pude entrar en los últimos diez minutos: uno fue contra las Palmas, y el otro, contra el Real Madrid. Creo que ambos terminaron 2-2. En las Palmas, vi el gol de Gilberto II; y en el del Real Madrid, el gol de Gento.

    Bueno, un abrazo. Seguiremos informando.

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  2. Gracias Fili por tu siempre amable aportación. El recuerdo de Manuel, (dos partidos presenciados parcialmente gracias al detalle del portero de la entrada), queda confirmado y ampliado. También agradezco a Manuel y Rafael Vilas su amabilidad, ya que se han ocupado de publicar mi artículo incorporando las fotos de época del estadio y los jugadores.
    Permíteme que me quite el sombrero ante tu portentosa memoria. Lo mío son flases a los que saco punta lo mejor que puedo.
    Un fuerte abrazo y de nuevo gracias por el "remate".
    Pedro

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  3. Pedro, me ha gustado mucho tu relto, sobre esas vivencias futbolores. Yo tan sólo he entrado una vez al ese campo. Lo curioso de ello, es que fué en el partido que jugó el equipo de de San Pelagio: el S.P. contra el Córdoba B, quien nos ganó 1-0 y de penalty. Siempre digo que quiero ir a ver algún partido, pero nunca encuentro el momento -o las ganas. Me alegro por haberte aficionado a este mundillo de contar historietas. Un abrazo y... "contamos contigo".

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    1. Gracias Andrés. Tus relatos son siempre sabrosos pero el de "La voz de Dios" me pareció genial.
      Como me quedan lejos vuestras animadas reuniones, el blog, las fotos que recopila Rafael Vilas y mis contactos con Manuel Jurado, Miguel López y Antonio Roldán me dan mucha vidilla.
      Es un placer compartir con vosotros recuerdos y una miaja de literatura.
      Un abrazo.
      Pedro

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  4. Amigo Pedro, me ha sorprendido conocer tu afición futbolera.
    Sobre el tema solo puedo contar la anécdota de asistir en el campo del S. Eulogio a un entrenamiento del Córdoba, cuando lo entrenaba Ignacio Eizaguirre. Quizás porque aquel día fuimos a jugar nosotros.
    A duras penas puedo recordar un himno que decía algo así:"... Córdoba tiene un gran equipo, que guarda el marco como un león...y el portero es el Benegas... que guarda el marco con Simonet...".No recuerdo más.
    En mi caso nunca fui al estadio del Arcángel, pues los fines de semana me iba a mi pueblo en una moto que tenía.
    Te haré caso, y comentaré algunos de los recuerdos que tengo al respecto de aquellos años.
    Un abrazo.
    Juan Martín.

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    1. Muchas gracias Juan Martín. He leído en uno de tus comentarios que recopilas tus memorias, como hago yo. Ambos hemos participado al blog los capítulos del Seminario, pero en mi caso tengo 300 páginas más. Están a tu disposición si te animas a conocer mi caótica existencia. Tienes mi correo electrónico en el cuaderno poético. Bastaría con que me comunicaras el tuyo. A cambio yo me ofrezco a leer tus memorias en plan crítico literario. Siempre que te apetezca, no hay compromiso.
      Un fuerte abrazo y gracias de nuevo por poner siempre todo lo que puedes de tu parte.

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  5. Amigo Pedro: Te agradezco tu generosidad al citarme y darme las gracias, pero sólo me he limitado a reenviar tu correo con el relato, a Rafael Vilas. Él lo ha colgado y ha puesto esas estupendas fotos del campo de fútbol. Por tanto, todo el mérito y las gracias deben ser para el amigo Rafael.
    Me encanta leerte por el manejo tan extraordinario que tienes del lenguaje. Además en este caso divertido y buscando la provocación del lector.
    Seguro que cerca estuve de ti y de Jose Maria Rivera, en esos paseos hasta el Arcángel, en busca de disfrutar del ambiente futbolero y de alguna remota oportunidad de entrar en el campo.
    Si me decido a escribir sobre algunos recuerdos del 5° curso, que puedan aportar algo de interés, ten por seguro que incluire una anécdota de una tarde de fútbol en el Arcángel .
    Recibe un cordial abrazo.

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  6. Querido Manuel: Sé que Rafael Vilas es el motor del blog, pero el alma del blog la compartís especialmente ambos. Indudablemente con todos los demás.
    Me alegra que te animes a currarte alguna cosilla nueva. Tú no puedes faltar en el fantástico equipo de escritores buceadores de la neblina del tiempo para rescatar entrañables recuerdos.
    Como me dijo una vez cierta amiga: "¿No sabes que te necesitamos?"
    Un fuerte abrazo para ti y otro para Rafael Vilas.
    Pedro

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