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jueves, 22 de junio de 2017

Recuerdos de niñez


10 comentarios:

  1. Hola Ramón: me alegro de encontrarte por aquí. Me gustaría verte en alguna de las reuniones anuales. Dentro de poco quizás tengamos una reunión extraordinaria en Dos Torres, tan cerquita de Hinojosa. Haz por venir, hombre.
    Yo quiero recordar también esa charla de don Gaspar. Nos advertía, asimismo, del peligro que suponía para nuestra castidad, en las vacaciones, el contacto aunque solo fuera visual con las amiguitas de nuestras hermanas, que acudían a nuestras casa para "darnos palique". ¡Qué cosas! ¡Oh tempora!

    Un abrazo, tío

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    1. José María: Me agrada saludarte y saber de ti, una vez más me ha sorprendido tu capacidad memoristica, no me extraña que hayas tenido una inmejorable trayectoria profesional, con las más de cinco mil enfermedades, diagnósticos y tratamientos. Cuando mencionas lo de las amiguitas me han venido algunos detalles más al respecto. En cuanto a lo de Dos Torres veo la posibilidad de ir. Estaré atento a la información.
      Un abrazo
      Ramón Moreno Jurado

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  2. Amigo Ramón, cuánto tiempo ha pasado desde aquella etapa de estudiantes, y cómo aun perdura en nosotros lo que aprendimos en aquellos años.
    Te felicito por el testimonio de tu sentida aportación.
    La poca edad jugaba en nuestra contra, ante quienes eran para nosotros los doctos profesores incuestionables en todos los sentidos. Aquellos años, fueron el final de un triste pasado pastoral en materia de Credo y Religión, retorciendo el sentimiento digno de la Fe con pasajes grises ante lo que somos las personas: hombres y mujeres, machos y hembras.
    Creados así por el mismo Dios tan alabado siempre en la Iglesia como un Ser Omnisciente, Misericordioso y Omnipotente.
    Esos aspectos humanos interpretados de forma mediocre, impartidos desde la jerarquía enseñante bajo el tabú del pecado, hicieron mucho daño a quienes desde nuestra corta edad infantil, solo buscábamos aprender en el ámbito del Seminario a ser personas dignas y decentes.
    Después de aquella etapa, la madurez de la vida nos enseñó el resto, sin renunciar a lo fundamental; los verdaderos valores morales que iban al lado entremezclados, y que se nos quedaron dentro.
    Un abrazo.
    Juan Martín

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    1. Juan: Valoró tu comentario y agradezco que hayas dedicado un poquito tiempo a leerlo. Estoy de acuerdo con el mismo; sólo puntualizar que para que los valores morales surgieran tenía que haber una predisposición, teníamos doce, trece años. Y los que teníamos esa predisposición, al menos hablo por mi y no con petulancia y alarde a pesar de los avatares de la vida, de las circunstancias vividas, los hemos desarrollado y llevado a la práctica en la medida de lo posible e intentamos seguir con ellos.
      Un abrazo.
      Ramón Moreno Jurado

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  3. Amigo Ramón: qué importante es ir desgranando historietas pasadas. Con ellas retrocedemos en el tiempo y a la vez nos divertimos. Tenemos para no parar de escribir. Sigue así. Un abrazo. Andrés Osado

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    1. Andrés: Agradecido por leer mi escrito y por tu comentario. Nunca me he dedicado a escribir en estos términos, soy neófito en esto, solo he escrito, en su mayoría, escritos comerciales. No obstante al hacerlo vas formando memorísticamente más tu yo; en este caso de estudiante y en unas circunstancias determinadas.
      Un abrazo
      Ramón Moreno Jurado

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  4. Mi madre nos dijo alguna vez a mi hermano y a mí que no jugáramos con "las colillas". Éramos niños y no entendimos nada. Preferíamos pelear o hacernos cosquillas en los pies para ver quien resistía más.
    La represión sexual, en mi caso, no hizo más que aumentarme el morbo hacia el elemento femenino y sus ocultos atributos.
    Al final, lo que pretendían evitar los curas, (que no se nos fuera toda la fuerza por el pito), era lo que conseguían.
    Yo entré un año después que tú al Seminario y no recuerdo ninguna intervención como la que cuentas, aunque la castidad seguía siendo la prueba de fuego para merecer el sacerdocio.
    Como cuento en mis memorias un cura de San Pelagio me recomendó dejar el Sacerdocio cuando le confesé que me había corrido tres veces. Y eso que no le dije que habían sido tres pajas seguidas, en el enorme estudio comunitario, y simplemente frotando las piernas. (Ojo, sólo fue una vez. No soy ningún fenómeno).
    Bienvenido al club de escritores. Si me aceptas un consejo, utiliza más a menudo el punto y seguido. Los párrafos cortos son más llevaderos para los lectores.
    Un abrazo y gracias por animarte a compartir.
    Pedro

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    1. Pedro: Te saludo atentamente.
      No recuerdo tú estancia en el seminario. Considero tus consejos sobre mi escrito y el hecho de que hayas expresado tus comentarios. Deduzco de lo que dices que lo pasaste bien en aquella situación que te llevo a la expulsión y que con tu actitud y sinceridad en la confesión lo antepusiste a la continuación de tus estudios y formación allí. Te respetó aunque veo que estaba fuera de la norma y tu mismo en tu escrito de alguna forma así lo manifiestas.
      Cuando en mi relato hago hago mención al peso moral sobre la sexualidad y a una moral estricta y caducada no me refiero a que fuera partícipe o estuviera de acuerdo con una sexualidad descontrolada y fuera del orden y de las normas de convivencia. Como alguno, que no recuerdo quién y aunque así fuera tampoco lo citaría, que en la capilla de Santa María de los Ángeles y durante la celebración eucarística matinal se autocomplacia de determinadas formas que por pudor no voy a describir, pero que muchos de los allí presentes, en los bancos finales, lo veían. Formas que no sólo no eran aceptadas allí sino en ningún otro lugar donde hubiera una relación social fuera del seminario.
      Me refería a esas situaciones en las que un adolescente, un joven, en el descubrimiento de su ser, caía íntimamente, esporádicamente en el Onanismo, eso bajo mi estimativa, no era pecado. O viendo a las féminas tuviera una inclinación emocional, controlada, hacia las mismas. He tenido ese sentimiento y lo he considerado normal para mi y no lo he visto como pecado. Y porque no alguno viendo al varón sintiera inclinación hacia el mismo si para él era normal aunque para mi no lo ha sido nunca y no considero que pecara por ello. Ni besar a una chica o intimar sin estar casados no era pecado. Me refería a esa posible represión o inducción al temor que más que descubrir la sexualidad de una forma sana y que contribuyera a la realización personal podía llevar a unos ciertos desequilibrios en el futuro.
      Un abrazo.
      Ramón Moreno Jurado

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  5. Debía de estar en el aula, porque era de ese curso y ahí me correspondía, era una clase con una salida a una terraza que cubría el edificio anexo y que estaba unido al principal por un puente voladizo. Digo que debía de estar porque no tengo recuerdo de esa intervención del Rector con afán de infundir morigeración en aquellas mentes, a punto de hundirse en la lascivia y el desenfreno. ¿Qué pensaría aquel hombre acerca de lo que ocupaba nuestros pensamientos? en esa epoca yo tenia 12 años y unas ideas no muy claras acerca del pecado, sigo sin tenerlas, pero creo, a tenor de mi desmemoria acerca ese dia, que no me afectó mucho esa charla. Gracias en todo caso Ramón, porque todo ayuda y un abrazo muy fuerte, me alegra tenerte aquí.

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    1. Francisco César: No dudo que el Rector así como el resto de los educadores que allí teníamos procuraran que no fuéramos pecadores y tu aunque dices que no sabes todavía lo que es, bajo mi parecer lo defines en tu comentario cuando dices que procuraban que no nos hundiéramos en el desenfreno. Porque desde mi estimativa considero que pecado es toda anormalidad, toda transgresión sobre el sistema del ser humano, personal o interpersonal, todo lo que crea una anhomeostasis en el sistema. Y desde esta perspectiva te manifiesto la vivencia del pecado. Como hombre que soy y sintiéndome como tal tenía la necesidad de demostrarlo en todos los aspectos de la vida, trabajo (profesor, comercial, agricultura), deportivo (actividad cinegética, carrera de medio fondo) sexualidad. Todo ello me llevó a un sobre esfuerzo que junto con circunstancias adversas de parte de la realidad me provocaron una torticolis espasmodica (pérdida del control supraespinal, extrapiramidal, por una alteración en la membrana de la célula, bomba sodio-potasio produciéndose una diferencia de carga. Una neurona motora alfa, afectando principalmente los músculos, trapecio, escaleno, esplenio, y esternocleidomastoideos, del cuello, así como el plexo cervical y plexo braquial, de esto hace cuarenta años, había dejado el seminario recientemente. Es la vida. Por ello a mis descendientes he procurado transmitirle una vida con los menos pecados posibles, aunque con las exigencias de la misma y la cruda realidad a veces le sea difícil. Tienes que pecar trabajando porque no hay otra solución ahora mismo y aceptar el pecado del que administra y manda trabajar. Aunque a veces se le daba más trascendencia, pienso, a detalles intrascendentes que es donde radica el comentario.
      Gracias por tu atención y relató.
      Un abrazo.
      Ramón Moreno Jurado

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