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viernes, 22 de diciembre de 2017

El cumpleaños de Tomás "El Pollo"

La Granjuela (Córdoba). 12 de diciembre de 2017



La mañana no puede ser más limpia y soleada. Ayer mismo se hartó de llover, pero hoy la atmósfera vuelve a estar totalmente despejada. Da gusto pasear por el campo. Y hay que hacer ganas para el almuerzo. Tomás nos ha sacado del pueblo por el camino de la “Piedra Grande” para enseñarnos por donde discurría el famoso frente de Peñarroya, donde militó su padre, “más de derechas que el propio Franco” -me cachis en la mar, se queja el hijo a modo de disculpa. El camino de tierra bien asentada pese a la lluvia reciente nos lleva sinuoso y plácido entre pequeños olivares, tierras calmas pedregosas y de mala calidad, y granjas de cerdos ibéricos. Llama nuestra atención de forma poderosa la visión cercana de una piara de verracos enormes, descomunales, como borricos de grandes, que dormitan pacíficamente tomando el solecito. “Estos solo sirven pa follar -nos aclara Tomás-. Ahora sí, los polvos de estos verracos duran más de media hora”. “Joder -dice alguien-, en mi próxima reencarnación me pido ser verraco”. Enseguida, sin embargo, a ese alguien se le disipan las ilusiones futuristas cuando Jesús nos explica que ahora no es como antes, que los verracos de hoy no cohabitan con las marranas sino que se les hace masturbarse contra una especie de palo articulado y así les recogen el semen para las sucesivas inseminaciones de las hembras. ¡Nos ha jodido el invento!

En la huerta heredada de sus padres, Huerta Felisa, y reconvertida por Tomás en una productiva finca agrícola con su caserío moderno, que bien pudiera pasar por un hotelito rural, un grupo de amigos estamos celebrando los 65 años cumplidos por Tomás y por mí en el pasado mes de noviembre. Ambos, Escorpio. Sesenta y cinco años son ya un taco de años. De jóvenes no nos imaginábamos llegar a tener tanta edad, nunca nos vemos a nosotros mismos de viejos. Ni siquiera ahora que ya definitivamente lo somos.

Tomás está hecho un chaval, más barrigón, claro está; más calvo, natural. Pero yo diría que más pincho y, desde luego, más interesante que cuando lo conocí en los Ángeles, un mocoso rubio y medio cojo por la polio, con un flequillo de época, de esos que nos cubrían media frente a modo de cortina. Beni es su fiel esposa y compañera, una sesentona chiquita, morena y muy bien puesta. Para mí que esta pareja mantiene su estabilidad de tantos años basándose en la dialéctica de los contrarios: siempre poniéndose la contra el uno a la otra. Pero sin poder pasar la una sin el otro. Se conocieron en uno de los vagones del arcaico tren de la línea Córdoba-Almorchón, en el viaje de ida de las vacaciones de Navidad del año del Señor de 1974. Ese día nevaba en todo el valle del Guadiato y los pasajeros se apretujaban en aquellos asientos de bancos corridos para darse calor. Beni y Tomás coincidieron en el mismo banco apretujados. Él estudiaba agrónomos y ella magisterio. Él se apeaba en la Granjuela y ella, en Fuenteovejuna. Él, pollo, y ella, fonsmelariense. ¡Qué gentilicio más bello! Proviene de que en sus inicios como pueblo Fuenteovejuna se llamó Fuente de miel (Fons melariae); luego devino en Fuente abejuna; y finalmente, desde Lope de Vega, en Fuenteovejuna. Ea, para que veáis.

Al ser un día laborable, Agustín -aún en activo- no ha podido asistir. ¡Lástima! ¡Con lo que hubiera disfrutado las migas!... Con Pedro apenas podemos contar ya por sus múltiples ocupaciones en su parroquia y en la Catedral. Por otros motivos domésticos, tampoco Rafa Marín, Luis Enrique ni Salva. Otra vez será. Nos presentamos a la fiesta Jaime, José Pablo, Jesús Cantarero, Antonio Luna, José Antonio Naz y un servidor. Con nuestras santas, claro está.

Desde el aire o desde la distancia, el encuadre no tiene más chiste ni otra enjundia que un grupo de amigos departiendo en el campo entre charlas, vinos y risas, un fuego de palos y una sartén de migas encima de unas trébedes. Así sería en efecto, si no fuera porque detrás de esta simple escena hay mucha historia. Mucha. Tanta como cincuenta y tres años para atrás.






5 comentarios:

  1. Buen ejemplo de cómo aprovechar la vida de jubilatas. Junto a mi sana envidia mi saludo a todos los compañeros.
    Pedro

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  2. Es que ahora que, por fin,tengo Internet me aprovecho. Esta tarde vuelvo a Palenciana a pasar las fiestas con mi familia. De manera que ahora os quedan unos días de asueto, al menos por mi parte.

    Lo dicho, muy felices fiestas para todos.

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  3. Ni más ni menos y entre ellos, nos has descrito maravillosamente un sin fin de sensaciones. Cuando sea mayor, quisiera escribir como tu. Por cierto, a pesar que el escrito no indica el autor, me daba un "tufillo" a que eras tu, amigo Fili. ¿Sería eso de "verraco? Eres genial. Un fuerte abrazo y que lo pases bien en familia.

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  4. Amigo José Maria, muy bien documentada esa reunión pastoril de antiguos compañeros vicarianos. Me has puesto los dientes largos, sobre todo porque hace tiempo que tengo ganas de darle un abrazo en persona a Tomás. Supongo que en algún encuentro será posible.
    Muy simpática la anécdota de los verracos. Me ha traído a la memoria aquellas piaras de cerdos que cruzaban los campos de fútbol del pozo de Santa Maria. Mientras practicabamos nuestro deporte favorito, ellos iban a lo suyo y en las primaveras nos daban aquellos sorprendentes expectaculos "naturales".
    Que tengas unas Felices Fiestas en tu tierra la Palenciana. Recibe un fuerte abrazo.

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  5. Gracias muchachos. Me queréis demasiado.
    Desde Palenciana, con un tiempo malísimo, os envío un fuerte abrazo a todos.

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