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lunes, 20 de agosto de 2018

Carta abierta a Caronte


Metafísica del Cielo cuando menos lo esperaba

Carta abierta a Caronte: Agradecido por traerme de vuelta, en un viaje relámpago desde la puerta del Hades.

En el Seminario de los Ángeles principalmente, fue donde más me impactó el variado mensaje del Evangelio leído a diario en Misa. Aquellas lecturas que nos hablaban del Cielo como la morada de Dios, los Ángeles y los Santos, se quedaban para la gran mayoría de nosotros en una pura entelequia incomprensible, algo intangible para la mente de unos jóvenes estudiantes, para los que la Fe era decir solo Amén.

Pienso que más o menos nos pasó a todos un poco igual, al pasar de la vida común y corriente del pueblo a una vida de comunidad, donde el concepto religioso ya lo impregnaba todo desde la primera hora del día.

Por eso me he atrevido después del tiempo pasado, a comentar de forma pública un hecho vivido por mí, que de alguna manera  me corroboró de una forma más clara lo que aprendí de joven seminarista.

Era el año 1985, haciendo mi trabajo en la empresa en la que he estado toda la vida, y en la que me he jubilado, visitaba a un cliente cuando supongo que algo raro le pasó a mi estómago del que siempre he padecido.

En aquella ocasión como en otras, el cliente me ofreció un cigarrillo que le acepté de buen grado, y me dejó solo en la pequeña oficina mirando unas facturas.

Fue al cabo de unos minutos cuando empecé a sentirme mal, me notaba mareado e indispuesto, entonces pensé en salir a tomar un poco de aire buscando la salida, pero solo llegué hasta la puerta, allí me caí al suelo redondo y sin sentido.

Noté la angustia de ir perdiendo la conciencia, sintiendo un sudor frío por todo el cuerpo, y como impotente mi cabeza perdía sin remisión la noción de las cosas.

Sin embargo, la realidad que se esfumó en aquel momento fue suplantada por una suerte de ensoñación que mi subconsciente guardó en la memoria, y que luego con el paso de los años fui rememorando con todo detalle.

Según estaba sentí inconsciente, me pareció tener un sueño en el que me veía metido  sin sufrir dolor alguno ni oponerme, en un compartimento pequeño y oscuro como el maletero de un coche, en el que no me podía mover apenas ni tampoco ver nada.

Sin embargo me di cuenta, de que aquella cosa se movía a una gran velocidad, asustado por no poder conducir ni frenar, temí que aquel objeto chocara contra algo. E impotente por verme allí transportado a ciegas y sin saber a dónde iba, empecé a sentirme un poco angustiado.

El siguiente paso que recuerdo fue el de encontrarme en una gran sala llevado en una especie de camilla por Caronte el barquero del Cielo, sin escuchar ruidos ni palabra alguna. Era un espacio amplio y cubierto, poco iluminado y un tanto gris, en el que había más gente ocupada en actuaciones similares.

En un momento dado la camilla se paró ante un personaje que no parecía ser ni hombre ni mujer, y que me auscultó de forma superficial de un vistazo.

Aquel ser era semejante al que me llevaba en la camilla, y cuyos grises atuendos se parecían bastante, había bulto de persona pero yo no podría decir como eran sus facciones, ni sus manos o sus pies.

Vaya, como si no hubiera nada debajo de aquel sayo. Oí sin embargo en mi cabeza una pregunta seca y escueta, que le hizo el personaje que me auscultó al camillero: ¿Éste que has traído, porqué está aquí? Y también sentí en mi cabeza la respuesta, igual de árida y seca:  Me lo dieron en la calle y lo he traído rápidamente.

Todo era mecánico en silencio y funcional, el ambiente era en blanco y negro, yo me sentía como un paquete fuera de contexto, mudo y sin voz ni voto.  

Aquella situación no admitía posibilidades de cambio, aquellos seres tenían la última palabra y estaba claro que eran inteligentes: Los vi borrosos, ligeros, silenciosos y de movimientos algo lentos, pero formando parte de una Institución organizada.

Sus rasgos eran imperceptibles, y funcionaban más con la cabeza que con las manos, no demostraban emociones, y parecían más bien autómatas.

Sin duda aquello era la antesala del Hades y aquel personaje su Portero, pero no sentí demasiada curiosidad por saber más de ellos. Yo Estaba allí expectante por lo que pasara: Cualquier cosa que ocurriera, lo consideraría inapelable, eso era algo que ya lo tenía asumido.

La respuesta que escuché a continuación en mi cabeza, supongo que dada por el jefe de Caronte me dejó sorprendido, fue clara y directa:

-¡Devuélvelo de inmediato a su origen!... A éste aun no le ha llegado su momento.

Esa fue toda la conversación que yo escuché entre Caronte y su jefe, el Portero del Cielo que controlaba las llegadas de criaturas como yo, que seguía paralizado y expectante.

Noté en el camillero una especie de asentimiento por toda respuesta, y de forma inmediata me vi otra vez transportado y devuelto al compartimento oscuro. De nuevo sentí aquella sensación de circular a una velocidad desenfrenada, y el miedo por el riesgo de chocar con algo en cualquier momento.

Luego abrí los ojos, y lo siguiente que recuerdo fue el ruido habitual de la calle, la cara de uno de los Guardias Urbanos que me sujetaba en una silla, y al compañero de éste que indicaba a unos técnicos sanitarios de una ambulancia, en donde estaba yo sentado.

Después de examinarme y preguntar por lo que me pasó, me llevaron en la ambulancia a la sala de urgencias de un hospital, allí volví a sentirme otra vez más en mí.

Llevaba la ropa empapada, en el hospital una vez ya solo, visto y preguntado otra vez por lo que me pasó, me tuvieron un buen rato controlado en un boxer.

Me facilitaron un medicamento para el estómago, y al ver que mi estado mejoraba y no revestía gravedad, estando ya más consciente me dieron el alta y me dejaron ir, saliendo por mi propio pie del Hospital.

Con aquel aspecto lastimoso me metí en un autobús y me marché a casa, desde el asiento del autobús le di las gracias a Dios por encontrarme otra vez en el mundo donde la gente hablaba y hacía ruido, agradecido por tener otra segunda oportunidad.

No supe el tiempo que estuve caído en el suelo, ni de cómo me sentaron en una silla, tampoco noté la llegada de los Guardias Urbanos que me tomaron los datos, y llamaron a la ambulancia para que me recogiera.

Si recuerdo lo que me pasó por la cabeza en aquel estado inconsciente, y que luego consideré que fue un sueño de lo más raro, algo que se me quedó grabado en la memoria de forma nítida.

Aquella frase no era posible que la dijeran los Guardias Urbanos, tampoco el cliente o  los técnicos sanitarios que aun no habían llegado, aquella frase era con toda seguridad del Jefe de Caronte, el Portero del Cielo.

-¿Éste porqué está aquí?...Aun no es su momento...¡Devuélvelo inmediatamente!

Me dio mucho que pensar, agradecido por siempre a la benevolencia de Caronte que me dejó recordar aquel viaje, despertando en mí un sentimiento de responsabilidad a partir de aquella escena en la misma puerta del Hades.

Aquel hecho me  transmitía claramente una obligación, me quedó nítida la indirecta del veredicto del Jefe de Caronte:

                 ...¡Aun no es su momento!...  

Era igual que decirme que espabilara, que me quedaba aun mucha faena por hacer y mucha piedra por picar aquí, en el Mundo normal de la luz y del ruido. Aquella frase era para mí una orden.....¡¡Devuélvelo inmediatamente!!....Otra orden imperativa para Caronte sin discusión posible. Como si fuera un texto dado por nuestra profesora de literatura en el Instituto Séneca, me propuse analizar detalladamente todo lo que suponía para mí aquel mensaje y las imágenes vistas desde el primer minuto. Quería sacar todas las conclusiones posibles que me pudieran alumbrar alguna respuesta, sobre nuestra naturaleza humana.

La primera conclusión fue recoger el encargo: Debería seguir fiel a mis convicciones, y continuar puntualmente la hoja de ruta marcada de cara a la familia, la mujer y los hijos, desde el respeto de la Fe y el Credo, que ya traía puestos conmigo.  

La segunda conclusión sería: Hacer una reflexión  comparada, a partir de lo que vi y de lo que dijeron aquellos personajes. El cuerpo humano en la Tierra parecía desde allí algo muy lejano y sin mucho valor, y Caronte era el encargado de cobrar la hipoteca en cuanto el reloj marcara la hora. Acudiendo raudo a la Tierra para recoger el alma, la esencia que nos sostiene y nos comunica con el Hades, al otro lado de la vida.

La tercera conclusión es: Que todo parece que lo tienen controlado en la Tierra desde allí arriba de forma precisa, en el sentido de que aquí no se mueve ni una hoja sin que  lo sepan todo y tomen nota, en el Remoto Mundo Invisible.

Desde la época de las cavernas a esta parte, la Humanidad ha hecho un largo recorrido de evolución en progresión geométrica, que demuestra la existencia de una clara influencia superior sobre todos los seres humanos. Cosa que por ejemplo no les ha pasado, a las otras especies animales que siguen quietas en el tiempo en la recámara.

La cuarta conclusión: Sobre lo que se ha dado en llamar el alma humana, yo la intuyo a partir de aquella experiencia, en lo que había de mí en el maletero de Caronte. Que me pareció la esencia de nuestro ser, como algo que no tiene apariencia física, ni género, pues en el sueño yo no distinguía a nadie como hombres o mujeres, ni siquiera formas, salvo por el hábito de franciscano que algunos llevaban.

Caronte me llevó a la antesala del Hades para ser diagnosticado, y su jefe me  evaluó en un segundo como alguien prematuro. Seguramente por no llevar encima la moneda metida en la boca, y por eso supongo que me enviaron de regreso a la Tierra.

Aunque no pasé de la puerta de entrada del Hades, lo que pude ver en aquel rato me dejó información suficiente como para darle crédito a las enseñanzas recibidas en el Seminario, pues puestos a pensar yo diría que en las lecturas del Evangelio de una u otra forma, se intenta explicar como funciona el Cielo. Y la verdad es que se parece bastante a lo que yo recuerdo haber visto allí brevemente.

Todo sea dicho para dejarlo claro, que soy consciente de que aquel sueño solo significó el divagar de mi mente en unos momentos de total ausencia de conciencia, y que la conexión con el Hades bien pudiera ser un espejismo a consecuencia de mis temores o anhelos personales, o puede que fueran la consecuencia de la formación religiosa recibida. Pero verlo lo vi, y haberlo lo hay, como pasa con las meigas gallegas, estoy  seguro.

La última conclusión que saqué es: Que no eran las nubes el envoltorio de aquel sitio llamado Cielo, ni se veían por los rincones Angelitos alados cantando y tocando la lira, ni personajes ancianos con el pelo blanco, al menos en la puerta en que yo estaba. Sino que había unas paredes desnudas más bien altas, y cerradas por un techo como pasa aquí con los grandes edificios.

El Cielo visto como la casa de Dios Padre a donde acudimos llevados por Caronte, tiene sus paredes altas y un techo abovedado, con pocos muebles. No debe de estar muy lejos, dado lo poco que tarda Caronte en ir y venir de allí a la Tierra, solo en unos cuantos segundos, aunque el tiempo para Caronte puede que también funcione diferente.

Aquel viaje me produjo una honda reflexión sobre lo que creemos ser las personas en la Tierra, sujetos al frágil cuerpo que a veces nos tiraniza, con obsesiones y avaricias.

Aquellas enseñanzas del Seminario basadas en las lecturas repetidas de la Biblia, y en los mensajes de Cristo, donde las personas estamos tutelados por los Ángeles, si que parecían tener más fundamento a la luz de lo que sentí en aquel viaje supersónico.

Caronte debía ser un Ángel que no me dijo ni una palabra, pero me dejó recordar todo lo que me pasó desde el minuto uno, en que me metió en el maletero oscuro de su bólido.

Una conclusión saqué a modo de resumen: Que nuestra capacidad de actuación es muy limitada, siendo en todo momento tutelados a distancia. Que al igual que la energía; La vida ni se crea ni se destruye, sino que solo se transforma.

Y que la capacidad del ser humano para aprender desde el error, es el camino que nos orienta en la búsqueda de los verdaderos Valores Universales, que nos corresponden de Justicia, Bondad, Respeto y Compasión para seguir creciendo.

Al mirar alrededor nuestro tanto en lo próximo como en lo lejano, lo que vemos nos supera de largo en todas las dimensiones y capacidades. Sintiéndonos el ser humano unos simples inquilinos miopes, de esta inmensa obra exuberante de la Naturaleza.

Reconociendo sin rodeos, que las personas seguimos estando en la Tierra a años luz de Caronte, que no necesitaba hablar con la boca para entenderse con  nadie, no como nosotros que estamos sordos como tapias, por más que nos repitan los fundamentos de lo que es el Mundo, y de lo que somos las personas.

Gente dada al ruido pensando en que no hay mañana, lo que nos deja claro el largo camino que nos queda aun por recorrer, para parecernos siquiera remotamente a lo que es Caronte, o a su Jefe el Portero del Hades.

Y del Bólido de Caronte ya ni hablamos, nada parecido a lo que tenemos aquí en la Tierra, ni de gasolina ni de gasoil: Un bólido sin volante que iba a mil por segundo con solo decirle a dónde, sin chocar con ninguna piedra del camino.

Sin contaminación ni señales de tráfico, sin ruedas ni tubos de escape, una maravilla que no necesita carnet de conducir, solo ser Ángel como Caronte.

Lo que digo; El Hades está a años luz de lo que somos nosotros hoy aquí en la Tierra, y aun así tienen la santa paciencia de seguirnos llevando de la mano hasta la puerta, por si a alguno de nosotros seamos mujeres u hombres, grandes o pequeños, el Jefe de Caronte le da el visto bueno.

Entonces le dejará pasar al otro lado de la entrada, y podrá ver lo que hay dentro.

Juan Martín