sábado, 25 de abril de 2020

Relato de Juan Martín Santiago

Regreso al futuro

Ante aquel hombre arrodillado con los ojos como platos, pude notar claramente el enfado de quien nos observaba, destilando un oscuro olor a soldadura eléctrica 

En este año 2020 confinados por la presión del coronavirus, el encierro a la fuerza nos obliga a mitigar las horas escarbando en los recuerdos, buscando alrededor de lo que somos y deduciendo a partir de lo que fuimos, o pudimos ser. En un vano intento de encontrar explicación a este castigo planetario. 

Sobre la mesa virtual, aparecen una tras otra cada secuencia de nuestra vida separando las emociones, al revisar despacio cada acierto y cada error hasta donde nos alcanza la memoria. Fue entonces cuando apareció la imagen de aquella salida de juventud en un utilitario, que nos llevó hasta las inmediaciones de Sevilla, en donde fuimos expuestos en grupo ante alguien, que desde arriba miraba nuestros pensamientos. 

Empezando por el principio, he de recordar la infancia que pasó muy rápida, quedaron prendidos en la memoria el olor del alpechín en el pueblo en invierno, la escuela de las monjas, la casa de mis abuelos junto al taller mecánico, el ruido seco de los aperos de labranza mientras los mulos tiraban del arado entre los olivos, y la escarcha humeante sobre la yerba. Recuerdo las mujeres y los hombres en la lumbre, pinchando el pan y el tocino sobre las brasas, y comiendo migas con leche antes del duro trabajo. 

En la juventud, tiene un lugar preferente el recuerdo de la etapa de estudiante en el Seminario Menor de los Ángeles y en S. Pelagio. Junto a las asignaturas, de la mano de los superiores aparecieron los conceptos más importantes de la Oración, la Compasión y el Respeto al Creador, que luego se quedaron para siempre como unos referentes de vida troquelados en la conciencia, a los que recurriría a menudo como se hace con los apuntes de clase antes de hacer un examen. 

Los seres Humanos llegamos como una parte culminante de la vida, hechos de la misma pasta que el resto de criaturas. La voluntad y la conciencia eran como las herramientas, que ayudan en el camino de la maduración a lo largo de los años. Luego en el momento de descansar en la presencia de Dios Padre, a todos se nos premia según los logros y las obras realizadas: Eso era lo que nos decían en aquellas enseñanzas. 

El año 1974, estando viviendo en Barcelona aproveché unos días de vacaciones y decidí ir a visitar la familia en Córdoba, tenía la nostalgia de la tierra. Allí me quedaban algunos amigos y amigas con los que me escribía, y a los que pasé a visitar sin falta. Recuerdo que tomando unas tapas en un bar de la judería, alguien dijo que podíamos ir a un pueblo de Sevilla, en donde pasaban unas cosas muy extrañas y curiosas, animándome a no dejar pasar la oportunidad de poder unirme a ellos en aquella aventura. 

Un joven del grupo tenía disponible el coche de su padre, y yo les podía llevar por tener carnet de conducir, así que los cuatro dos chicas y dos chicos, nos metimos en el 850 y salimos por la N-IV en dirección a Sevilla a media tarde. 

Al llegar al pueblo indicado, aparcamos el coche en un barbecho a las afueras, allí se había levantado un sencillo altar junto a una cruz de grandes dimensiones, y en un lado contiguo destacaba una imagen de la Virgen María. Hacia allí nos fuimos caminando sin dejar de observar el entorno, que era en realidad un puro rastrojo de trigo. 

En el suelo junto al altar medio acurrucados en unas mantas, se podían ver una serie de personas que en silencio parecían esperar algo. Nosotros por no estorbar nos fuimos hacia un lado, y desde allí observábamos aquel conjunto de hombres y mujeres, que en voz baja hablaban sin poder oír lo que decían. 

No llevábamos mucho rato mirando cuando una mujer dijo en voz alta y clara: Por allí vienen. 

Mirando hacia Sevilla pudimos ver a media altura en el cielo oscuro una luz que a intervalos se hacía pequeña o grande, que venía lentamente hacia donde estábamos. 

Luego un avión normal de pasajeros apareció en el cielo y la luz menguó hasta no verse. 

Después volvió a salir aquella luz, y otra vez aumentó de tamaño, luego bajó de intensidad y desapareció. 

A continuación empezamos a notar en la explanada un viento no muy fuerte, nadie dijo nada, pero en la tarde calmada aquella brisa parecía chocante. 

Aquel hecho ya por sí solo, era una cosa de lo más curiosa, pero a continuación pasó algo que nos dejó totalmente sorprendidos: Un señor de los que había allí sentado entre los presentes, empezó a caminar de rodillas de forma rápida hacia el altar hasta quedar parado. A su alrededor nos fuimos congregando todos los presentes y pudimos oír que hablaba con alguien en lo alto, invisible para los demás y esbozando una media sonrisa, pero por mucho que mirábamos encima nuestro, allí no se veía a nadie ni a nada. 

El vidente que así lo llamaron, estiró un brazo hacia una mujer y empezó a decir cosas que la hicieron llorar. Después siguió haciendo la misma operación con el resto de personas del corro, hablaba y contestaba a preguntas o pensamientos de los presentes. 

Aquello me pareció algo inaudito, por mis creencias yo no podía aceptar que el vidente estuviera en contacto directo con Dios, los Ángeles, Jesucristo o la Virgen María. 

En mi cabeza noté un rechazo total hacia todo lo que allí pasaba, fue entonces cuando la mano apuntó hacia mí y la tomé como hicieron los demás, yo no me arrodillé ni articulé palabra alguna, el vidente hablaba por su cuenta y mi cabeza seguía bloqueada. Sin abrir la boca yo me pregunté para mis adentros: ¿Si allí había alguien, quiénes eran, y qué querían aquellas supuestas criaturas celestiales? 

Noté de inmediato en el entorno como un fuerte enojo o sorpresa, de quienes fuera que estuvieran suspendidos en el aire: Mi cabeza seguía bloqueada, entonces intuí una duda o consulta entre...¿dos criaturas de diferente rango?.. La oleada del enfado la noté con toda claridad, con brusquedad inesperada una orden mental me mandó arrodillarme. 

Entonces si que me asusté un poco, junto a la orden imperativa noté el olor a soldadura eléctrica o de carbón de fragua que también conocía de mi época de aprendiz de herrero, me llegó nítidamente a la cara como si fuera el aliento de un dragón. 

Todo el mundo estaba expectante y en silencio, la mano del vidente seguía cogida con la mía y en mi mente seguía la pregunta:... ¿Quiénes sois? 

En ese momento me arrodillé junto al vidente, demostrando con ello humildad y respeto ante mi ignorancia de no saber con quiénes estábamos hablando. El vidente seguía hablando y me dijo que yo era un descreído, que no aceptaba lo que allí pasaba. Siguió con la mano buscando a los demás, y la volvió hacia mí por tres veces con el mismo resultado. 

Luego el vidente pidió bendecir lo que quisiéramos ofrecerle, algunas medallas, cruces y escapularios que elevó hacia arriba. Pasado ese momento dijo que cantáramos alguna canción: Entonces todos los presentes en coro, como se hace en las procesiones de los pueblos, improvisamos una canción mariana: "Con flores a María". 

Luego se puso a comentar con quienes tenía a su lado algunas impresiones, y la gente poco a poco empezó a irse, dejando libre aquel sitio y marchando para sus casas. 

Igual hicimos nosotros que nos fuimos hacia el coche, y al pasar junto a la imagen de la Virgen de una forma espontánea, nos arrodillamos y cada cual en silencio rezó alguna oración. Fue al subir al coche cuando me noté algo confuso o mareado, entonces decidí andar un poco por aquel rastrojo segado para despejar la cabeza. 

De regreso cada cuál se centró en sus pensamientos, hicimos el camino hablando solo lo justo, aquella escena nos había impactado, ya no había el mismo clima de alegría y desenfado que se respiraba entre nosotros al iniciar el viaje. 

El trabajo en Barcelona me absorbía por completo, y aquella salida en Córdoba se fue quedando en el olvido. No obstante a lo largo de los años, algunas situaciones en las que me vi involucrado me hicieron pensar, si por alguna razón quienes asistimos a la reunión con el vidente, quedamos protegidos contra daños que de otra manera hubieran sido serios accidentes: Intuiciones, ayudas inesperadas, caminar por un sitio y parar unos segundos antes de que se desplome un bloque de piedra de un alero, o cambios repentinos en la profesión que ahorraron descalabros insospechados. Coincidencias que comentaban las personas que las veían, como unos simples golpes de suerte. 

En mi interior no obstante hice cábalas, y recordé, que el primer cambio importante que se dio en mi vida empezó mucho antes, cuando inicié en el Seminario de los Ángeles el primer curso de bachillerato por el año1966. 

Allí empecé a relacionar la oración con el compromiso personal basado en el respeto hacia la Divinidad, pareciendo que a partir de esa forma de entendimiento o diálogo, se deducía la evidencia de que alguien nos observaba ya desde el nacimiento y actuaba individualmente con cada criatura desde la altura Celestial. Siempre desde esa distancia entre la condición humana y la Divina, con una actitud seria de prudencia, y avanzando hacia la mayor madurez personal y global a lo largo de generaciones. 

En esta pandemia del coronavirus no obstante, pienso que el momento nos obliga a reflexionar muy en serio sobre el tipo de camino que tomará la Humanidad, ante la evidencia real de todo el daño que sufre el Planeta, por la contaminación del aire, del agua, la tierra y los seres vivos. Más la ingente cantidad de productos no reciclables. 

25 de abril de 2020

domingo, 5 de abril de 2020

Poema de esperanza




TAL VEZ 


La luna, cuando se vistió de jazmín, 

quedó algo extrañada. 

Veía con más nitidez a la Tierra. 

Antes de que el sol se cubriera de carmesí, 

le preguntó: 

             —¿Sabes por qué la tierra brilla más? 

El, con algo de extrañeza, se encogió de hombros 

A la mañana siguiente, cobrada su energía solar, 

Le dijo a la Tierra: 

            —Te noto triste, por otro lado, algo contenta. 

Ella, le contesto: 

            —Estoy triste porque no veo a 

los niños jugar por las calles y no se por qué. 

            —Alegre porque, tal vez, los humanos 

han acabado con los humos de CO2: 

de las fábricas tóxicas, de los aviones con sus estelas lacerantes, con las guerras… 



¡Seguro, los niños, jugarán nuevamente! 

¿Contribuiremos al aumento de su alegría? 



Andrés Osado
Córdoba, 3 de abril de 2020 

Mes de reclusión y aprendizaje.