miércoles, 23 de junio de 2021

42ª Reunión del Grupo Madrid

Crónica de la 42ª Reunión Grupo Madrid

Madrid, 19 de junio de 2021

Casa de Antonio López Arenas

Con la misma majestuosidad de un AVE entrando en la estación de Atocha, se acercaba el coche de Manuel Jurado para recogernos en la cabecera de nuestra calle. Doce en punto de la mañana. Más puntualidad es difícil de alcanzar, como no sea para recoger una herencia.

Los dos primeros abrazos para ir haciendo boca. Manuela me dejó generosamente su asiento de copiloto y se fue atrás con Andrea. Me vino a la mente la última vez que lo ocupé. Fue un 3 de octubre de 2014, en el viaje de vuelta de El Escorial, después de celebrar la 2ª reunión en la casa-museo de César García. El Vilas, en aquella ocasión, tuvo la habilidad, con su conducción, de dejarme todos los poros del cuerpo abiertos por el mareo. Sudoroso y medio deshidratado pude llegar a casa. Me dirigí inmediatamente hacia el grifo para recuperar lo perdido. Parecía un mulo bebiendo agua en el pilón del pueblo.

Esta vez fue muy diferente. Jurado pilotaba el coche con la seguridad de un práctico portuario. Él, sin saberlo, había conseguido quitarme el ”trauma de la rotonda”. Desde entonces, cada vez que veo una me acuerdo de mi querido Rafa. De nuevo llegamos al palacete de Antonio López, que es lo mismo que llegar a casa. No quiero ser cansino ni repetitivo, pero esto es lo que sentimos cada vez que venimos y es de justicia decirlo.

Dos días de diferencia, la última visita fue el 21 de junio de 2020, para cumplir un año sin vernos. Por eso los abrazos fueron especiales e intensos. Queríamos transmitir con ellos la profunda alegría de vernos de nuevo, después de este difícil año que hemos pasado. A Cari no la veíamos desde el 14 de diciembre de 2019. El tiempo se ha aliado con nuestras ninfas y están todas para cubrir alguna baja en la “Pasarela Cibeles”. Quiero agradecer a Cari, Consuelo, Manuela, Pilar y Vale las muestras de admiración que me regalaron por mi actual estado físico, después de perder más de 17 kilos. Me ruboricé como un estudiante de 1º de la ESO. Este apoyo moral me servirá, sin duda, para poder alcanzar los objetivos nutricionales. Con la ayuda de Andrea, mi enfermera-cocinera, estoy seguro que lo conseguiremos.

Enseguida llegó la arriada de mascarillas. El momento y lugar cumplía sobradamente con la normativa vigente. Como doncellas de un harén, iban mostrando su belleza. Nosotros las contemplábamos bobaliconamente extasiados. Como siempre, echamos de menos a los ausentes.

Ante una larga mesa, preparada ad hoc, comenzó el desfile de viandas. La intendencia estuvo a cargo, como siempre, de Victoriano y Manuel. Langostinos, choricitos, secretos ibéricos, aceitunas extraordinariamente aderezadas por la hermana de Antonio, sorbetes… Nuestro chef, Manolito Jurado, estuvo a pie de plancha hasta que nos sació a todos. Hemos acordado por unanimidad que en la próxima reunión estrenará uniforme de cocinero: gorro de cocina, o “Toque Blanche”, para protegerlo de los rayos solares y reconocerle la dignidad que merece y, por supuesto, el delantal. Victoriano, como comandante en jefe, se la tendrá que envainar durante la comida, porque es de dominio público que el mando pasa directamente al chef. Se acabó decir: “Esto le falta sal”, “parece que está un poco crudo…” y otras zarandajas.

En este encuentro, la conversación giró fundamentalmente sobre la pandemia. Parecíamos personal sanitario del Hospital de Emergencias “Enfermera Isabel Zendal”. Llegó un momento que alguien, con buen criterio, instó a los comensales a cambiar de tema. Yo pensé, relamiéndome cuan perrilla ratera, ¡-esta es la mía”. Rápidamente, con estudiada candidez, le pregunté a Victoriano cómo se apañaba sin Artemio, su farmacéutico de cabecera. Enseguida entró al trapo como el mejor de los vitorinos y nos informó ampliamente sobre el tema, con la aquiescencia de Consuelo. ¡Da juego el temilla! Terminada la comida, Manuela y Andrea se levantaron para tirarse un baile a los sones de una música salsera. Sus movimientos parecían dos barquitas moviéndose con viento de poniente en la bahía de Cádiz. Mientras tanto, Consuelo disfrutaba de un baño en el agua transparente de la piscina. Daba gusto ver a las chicas sentadas en el cuidado césped, al lado del frondoso olivo. Parecían alumnas de Eramus en un descanso de clase. Larga sobremesa, acompañada de café y algunas copas. Antonio Porras y Pilar se marcharon antes. Fue una verdadera gozada compartir con ellos este día. Nosotros nos quedamos a ver la primera parte del España-Polonia. Hicimos una merienda-cena con lo que nos sobró en la comida. En el descanso recogimos la mesa y nos preparamos para la despedida. Solo nos faltó la foto final.

Nuevamente tenemos que agradecer a Antonio López su total entrega hacia nosotros y a todos, a todas y a todes, que han contribuido para que pasáramos un día inolvidable.

Damos las gracias a Manuel y Manuela porque sin su ayuda no podríamos haber estado en el encuentro.

Quedamos a la espera de que Victoriano, nuestro comandante en jefe, nos informe de la próxima reunión. Hasta entonces os deseo a todos,

Paz y bien.

Antonio Estepa Romero
Móstoles, 20 de junio de 2021

Crónica de la 1ª reunión del Grupo Córdoba

Crónica de la 1ª reunión en Plateros, 3-6-2021

Era la primera vez, según nos tenía acostumbrado Antonio, nuestro apreciado tabernero, que nos hacía esperar en la puerta, algo más de la cuenta. Eran ya las ocho y algunos minutos cuando el cerrojo de la puerta entonó su canto de apertura. Tanto Antonio como Jesús, nos recibieron con los “puños extendidos” (ahora no se puede decir con los brazos abiertos) La pandemia solo ha sido capaz de ralentizar las agujas del reloj ya que nuestros deseos de estar nuevamente juntos han podido con ellas. Bueno, si lo pienso bien, gracias a las agujas, no del reloj sino a las que han servido para inyectarnos la vacuna, han posibilitado este encuentro.

Una cosa era cierta, sabía que íbamos y fue fiel, minuto arriba o abajo, a darnos el paso franco.

Por cierto, nos dio tiempo a chorrear de alegría al vernos de nuevo. ¡CUANTO TIEMPO! Más aún cuando uno de mis queridos margaritos, venido allá del sur, nos dio la oportunidad de abrazarlo. Nada más y nada menos que Rafa Raya. ¡Ya estábamos los tres! A los demás que le den. Que no, que es broma. Cómo no me iba alegrar de ver a Pacomo, Diego, Carlitos, el otro margarito Antonio “alias volaor” a Juan Villén.

CHORREO TOTAL.

Bueno, sentimos las ausencias que se produjeron por diversos motivos (lamentaron por uno u otro medio su ausencia). Ello vino a demostrar las ganas de pasar un rato agradable.

Antes de empezar tuvimos un recuerdo especial por quienes están padeciendo una enfermedad. Dimos las gracias porque Antonio Rodríguez se estaba recuperando y nuestro deseo se elevó hasta Trini, para su total recuperación, de la que estábamos seguros.

Ale, al ataque.

Como no estamos, afortunadamente en el WhatsApp, puedo expresarme sin miedo a meter la pata, cosa frecuente en ese medio.

Yo estaba en el centro de la mesa, la verdad es que estos cabrones me pusieron en el sitio peor. Saben que no puedo doblar durante mucho rato el cuello y mirar de un lado hacia otro. ¡Pos toma!, que si no quieres taza, toma dos. Pero no vino mal. Pude estar pendiente a diestra (Juan, Pacomo y Carlitos) y a siniestra (Rafa Rafa, Diego y Antonio) La parte de la izquierda la dejé un poco de lado porque sabía que discurriría por cauces normales: chistes, algo de la política y la calma de Diego. Me involucré más en la derecha. ¡Eh! Mucho cuidadito, me estoy refiriendo única y exclusivamente al lado de la mesa. (es broma, todos mis respetos. Son cuestiones del guion)

Anda, hablando de mesa. Cuando nos aposentamos en esa larga mesa que durante largo tiempo ha venido siendo la nuestra observamos de tenía nombre. ¡JULIO ROMERO DE TORRES!. Pues, buen nombre para una “memorial mesa” que adquiere también honor por se lugar donde efluyen nuestros sentimientos más profundos. Algún día habrá una inscripción donde se indique “aquí se reunían los compañeros y amigos del Seminario de Hornachuelos. Queda dicho.

Pues bien, hablando de derechas, me involucré en esa orientación cardinal.

—Carlitos, que sepas que estoy aquí por Rafa Raya y por Andrés. (palabras de Pacomo, dichas desde toda interiorización de su verdad)

Esa fue la oportunidad para una fructífera y esperada exposición de sentimientos escondidos y no aflorados.

Como sabía de la importancia de esas palabras provoqué que tanto Pacomo como Carlitos entablaran un diálogo, duro y sincero. Se abrieron los corazones y en ese mismo momento maldije al WhatsApp.

Pacomo exponía sus sentimientos de sentirse ninguneado que, como tales, deben ser dignos de tener en cuenta y, en la medida de lo posible, solucionados.

Carlitos argumentaba su falta de estar pendiente del dichoso WhatsApp, pero que para el lo importante era estar presente y abrazarse. De hecho, le pegó tal magreo a Pacomo, que un poco más y hubiéramos tenido que llamar al Equipo de Urgencias COVID.

Afortunadamente en Plateros, se arregló, en parte, un largo entuerto.

Menos mal que aún somos jóvenes e iremos arreglando todos los que se vayan planteando. Pienso que aún quedan algunos escondidos, me refiero a desencuentros, pendientes de afrontarlos. Tal vez si todos ponemos de nuestra parte y dejamos a un lado nuestros “yo” lograremos limar asperezas. Empecemos por estar más pendientes de los demás y “contar hasta diez” antes de hablar (en este caso escribir en el WhatsApp)

La izquierda transcurrió dentro de la normalidad. Comentarios del día a día y de hechos pasados de nuestras vidas en el Seminario de Hornachuelos y sus consecuencias. Una cosa importante fue la comunicación, por parte de Diego, de que el día 16 de junio pasaba a engrosar las listas de los jubilados. Día de su cumpleaños. Le deseamos lo mejor.

Recordamos que, más o menos, por estas fechas, se dio inicio a la creación de este grupo. (Pacomo ha puesto una foto)

Nuestro más sentido y cariñoso recuerdo a María, la mamá de nuestro compañero Agustín Madrid. Manolo Vida (en conversación telefónica) me decía que la quería muchísimo pues estuvo viviendo en su casa. Descanse en paz.

Decíos que ya empezaremos a tener los jueves “fin de mes en Plateros”. Por consecuencia, el último jueves de junio nos reuniremos en Plateros aquellos que podamos. Luego lo dejaremos hasta la finalización de las vacaciones. A ser posible en septiembre volveremos a reiniciar nuestras reuniones.

Fructífero y esperado encuentro el que tuvo lugar este jueves, tres de junio de dos mil veintiuno.

Que vuestras señorías sean felices.

Andrés Osado
Córdoba, 3 de junio de 2021