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sábado, 13 de diciembre de 2014

LAS COMPLICIDADES

Encuentro en Baena

Edificio Casa del Monte (1774) en la plaza Mayor de Baena
Tenía noticias de que Victoriano Castillejo y Consuelo aprovecharían el puente de la Constitución para acercarse a Baena a saludar a Antonio Bazuelo y a Josefina. Ya, cuando Bazuelo vino a Madrid acompañando a su hijo David y nos acercamos a verlo Antonio Crespo y yo, Castillejo se quedó con ganas de darle un abrazo.
Por otra parte, mi mujer y yo hacía un año justo que no pasábamos unos días en Priego y era este puente, con lunes festivo, una fecha ideal para ello. Por suerte Paco Moreno e Isabel podian acompañarnos ese fin de semana en mi pueblo.
Siendo Baena un punto con buena comunicación entre la Campiña Cordobesa, era fácil “apuntarse” a la cita de Bazuelo y Castillejo y así fue. Paco y yo decidimos unirnos a la cita y ya puestos, Bazuelo llamó a Pedro Urbano y a Rafa Montes y yo hice lo mismo con Pepe Montes Cubero, que efectivamente me confirmó que en esos días viajaría de Almería, su residencia habitual, hasta su patria chica, Doña Mencía.
Rafa Montes tenía ya un compromiso con su cofradía para viajar a la “pérfida Albión”, país de herejes, como es bien sabido y de costumbres licenciosas. ¿Qué pretendían con su visita los muy pios egabrenses en las islas del estaño? Será cosa de que el adelantado Montes Santiago y por nombre el del Arcángel nos lo aclare en futuro capítulo.
Y ahí nos tenéis un frío y soleado domingo, en la cúspide de la vertical Baena, frente a su ilustre ayuntamiento, a estos locos del 63 con el brillo en los ojos y el pálpito en la piel, abarcándonos en hermanado abrazo, bajo la bondadosa mirada de nuestras cómplices esposas. Una experiencia que por vivida no deja de ser novedosamente emocionante.
- No has cambiado nada es estos cincuenta años, Pedro - digo yo mirando a Urbano.
- Pues yo a ti no te reconocería ni por asomo. ¡Madre mía eras tan flaquillo! - me dice Pedro.
- El que sigue igual es Castillejo, acordamos los dos. Si no fuera por el pelo blanco, diríase que es el mismo que correteaba por los Ángeles. Todo esto bajo la bonachona mirada de Bazuelo y Moreno Osuna, que por su estatura y ser “de los mayores” siguen siendo los compañeros protectores de los más pequeñillos de nosotros.
Nuestras esposa, mientras tanto, departen como amigas y conocidas de toda la vida; bien es cierto que Santa Mª de los Ángeles en Hornachuelos ha sido una referencia constante desde que nos ennoviamos hasta hoy  y eso ayuda mucho en estos locos encuentros del “decíamos ayer” del fraile de León. Pero que paciencia la de ellas ¡Dios mio!, y que placer verlas tan cómplices.

Carmen, Cenci, Bazuelo, Josefina, Castillejo, Isabel, Consuelo,
Rafa Vilas, Paco Moreno y Pedro Urbano
Antonio Bazuelo y Josefina, como buenos anfitriones, nos presentan al personal del restaurante Mesón Casa del Monte, donde tenemos un salón preparado para nuestro encuentro. Previamente nos hacemos la foto de familia; Pedro y Cenci tenían ya que estar en Málaga y han retrocedido de Cabra a Baena solo para darnos un abrazo. Nos despedimos de ellos y pasamos al comedor.
Aún no habíamos terminado los primeros platos y nuevamente se abre la caja del tiempo al aparecer la menuda y vital figura de Pepe Montes Cubero. Mirada inquisitiva, sonrisa abierta y sincera; abrazos de hermanos y nuevamente el tiempo se pliega y volvemos a ser aquellos que siempre hemos estado juntos y ahora además nos sentimos más juntos que nunca.
Rafa Vilas, Josefina, Isabel, Paco Moreno, Pepe Montes, Victoriano Castillejo
Carmen, Bazuelo y Consuelo
Ya la sobremesa comienza a alargarse cuando decidimos tomar un café en La Hacienda Minerva, un recóndito y maravilloso lugar a los pies de Zuheros, donde el mar de olivos dorado de atardecer rompe contra las peñas de la Subbética. Un café, una charla entre amigos va llevándonos a la irremediable despedida. Castillejo y Consuelo acercarán a Montes Cubero a Doña Mencía, de camino a Lucena y de allí continuarán por Córdoba a Aldea de Cuenca. Bazuelo y Josefina volverán a Baena, mañana les espera otra vez la faena, que las gentes de la aceituna no conocen de fiestas. Paco Moreno, Isabel, Carmen y yo volveremos a Priego, esta vez por Cabra, que hay menos curvas. Todos a nuestros quehaceres pero más reconfortados por las presencias de los otros, al saber que ahora esta despedida no será sino un breve paréntesis.
El destino hoy ha sido cómplice de estos niños del 63 y la curva del tiempo nuevamente se ha plegado y cincuenta años han quedados reducidos a un instante.
Se nos ve felices.

Rafael Vilas
Priego de Córdoba 7 de diciembre de 2014 

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