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lunes, 1 de diciembre de 2014

MI ENCUENTRO










Francisco Molina Pavón

Presentación

El dia de mi primer encuentro con vosotros, lo puedo juntar con los que son los días más felices de mi vida. Sin exageraciones, sin tópicos y sin cumplidos. La verdad.
Tanto tiempo esperando, tantas veces soñando, tantos recuerdos acumulados…
Cuando salí del seminario, creí que había sido casi el único aquellas navidades del 68 y que casi todoslos demás, seguiríais bastantes años más.
Ahora, en los distintos encuentros, oigo,  y voy viendo, en los distintos medios sociales que tenemos el grupo para comunicarnos, que a medida que se van incorporando nuevos compañeros, van expresando mensajes como “después de 50 años…”, “los pocos años me marcaron” o “yo solo estuve un par de años”…, “no sabia que existia el grupo”…etc. ¡No era yo el único!.
En mi primer encuentro con vosotros, llevaba redactado un escrito, relatando de forma bastante abreviada logicamente, cuándo salí del seminario, un poco como ha sido mi vida, y cómo conocí la existencia del grupo. No pude leerlo. Al final de la jornada me quedé literalmente sin habla.   Tenía tanta emoción acumulada   y tanto tiempo esperando ese día, tantas cosas que preguntaros,  que así acabé.
Era como una carta de presentación, para darme a conocer de nuevo. Al fin y al cabo solo estuve con vosotros tres años y pico, y 50 sin saber nada, y el grupo que llevaba ya años de reuniones, sabíais unos de otros.
Ahora, se me ocurre, que en lugar de leerlo en público, dejarlo en  la página del grupo, para que puedan leerlo los que lleguen después, y los que no puedan asistir a las reuniones.
Pero tambien con la idea, y os lanzo este reto o este guante, para que quien quiera animarse, lo haga tambien, ya sea veterano o de nueva incorporacion.
La intención es, una para conocernos todos un poco mejor y no tener que esperar a las reuniones, en las que siempre falta tiempo para conversar lo suficiente y siempre te quedas con las ganas. Otra, con la idea de formar junto con la efemérides fotográfica, una maravilloso volumen con nuestras historias, nuestras vidas, que se podra tambien imprimir y encuadernar quien quiera. Cada uno puede ponerle el título que quiera.  El mío se me ocurre a bote pronto “Mi Encuentro”.

Y para para animar, soy el primero en hacerlo. ¡Animo!
Espero no cansaros ni aburriros.

Un abrazo siempre.
Francisco Molina Pavón


Málaga 30 de Noviembre de 2014


MI ENCUENTRO

La mayoría de vosotros os habéis seguido relacionado desde hace ya tiempo, a través de los encuentros y los contactos mantenidos años atrás. Al ser yo el último en llegar, quería presentarme -al fin y al cabo después de tantos años, soy un desconocido para vosotros - que supierais algo de mi vida, y expresaros mis emociones. Espero ser breve y no resultar pesado.
La última vez que os vi,  fue el en el año 67,  en el cuarto curso del Seminario. Total hace solo 50 años. Evidentemente los cambios a nivel físico son palpables en todos nosotros, y el choque visual es bastante fuerte. Es lógico que a algunos no os reconociera  a primera vista, pero al preguntar vuestro nombre, rápidamente os asocié con la imagen que tenía de vosotros de aquel tiempo. A otros nada más que veros,  os identifiqué inmediatamente  y me acordaba de vuestro nombre y apellidos.  A otros, la verdad, no os recordaba.  Supongo que conmigo os pasaría igual.
Remontándome a la época del seminario, aunque fueron escasos los años que estuve en el seminario, 3 y el primer trimestre del cuarto, fue un tiempo que nunca olvidaré, y que naturalmente me marcó. Para bien.
Mi salida del seminario, se produjo en las vacaciones de Navidad del 4º curso, allá en el año 67. En una carta Don Gaspar “me invitó” amablemente a dejarlo, porque “los estudios eclesiásticos requieren mucho esfuerzo y estudio”, y aunque  tuviera vocación para el sacerdocio, mis notas mostraban claramente que no iba a ser capaz de seguir la difícil carrera. Era cierto. Las matemáticas, y fisica-química, casi siempre suspensas, para septiembre. Las demás, no muy brillantes, la verdad. Lamentablemente no fui un buen estudiante.
Me gustaba la vida del seminario; me sentía feliz y con vocación,  y sentí pena  abandonarlo.    Me supuso, la verdad, un pequeño trauma dejar todo aquello. Ahora siento un poco de rabia, cuando veo en las efemérides, que algunos repetían curso. ¡Yo también podría haber aguantado un año más! Me supo a poco aquellos  tres años y pico.
Pero no tardé mucho en curarme. En una edad explosiva en la vida del hombre, el mundo exterior se me abría,  con todos los peligros de los que tantas veces nos advertía  D. Gaspar y D. Moisés, y de los que ya en esas mismas vacaciones de Navidad pude experimentar, sin temores y sin nada que temer. La Navidad, era fecha propicia para guateques caseros y salidas con los amigos, sin el temor a que también pudiera haber alguna chica y tener que evitarla, ni tener el remordimiento de estar haciendo algo pecaminoso, o al menos desaconsejable para un seminarista.  Además,   mi cuerpo ya había comenzado a percibir  los cambios físicos y sensaciones... peligrosas propias de esa edad, y alguna vez dudaba de mi vocación.  Aun así, echaba de menos el seminario y a mis compañeros.
Después de “pasear” por academias, tratando de salvar el 4º curso sin conseguirlo, mis padres decidieron que no podía seguir perdiendo más mi tiempo, ni su dinero  y me buscaron un trabajo.
Con recomendación,  tuve la suerte de entrar en la mejor librería de Córdoba durante muchos años. La Librería Luque. Necesité de buenas referencias y D. Gaspar no dudó en enviármelas, con los mejores elogios sobre mí y los motivos de mi salida del seminario. Siempre le estaré agradecido.
Allí pasé 6 años. Al ser un establecimiento relacionado con el ámbito de la enseñanza y la cultura,  pensé que quizá tendría la ocasión de ver algún que otro exseminarista,  que también hubiera abandonado el seminario,  pero que hubiera seguido estudiando,   y poder tener algún contacto y evocar tiempos pasados.
Nadie. Absolutamente nadie,  pasó por allí, al menos que yo lo viera.  Tan solo alguna vez, muy esporádica, D. Pedro Llamas. Claro, todos o casi todos, continuabais en el seminario, o vivíais en pueblos de la provincia.
Unos años mas tarde, con más edad y más consciente ya,  de que debía seguir formándome,    terminé el bachiller nocturno. Seguí clases de francés y de administrativo,  y después de terminar la mili como voluntario,  aprobé oposiciones en Correos y Telégrafos.   Corría el año 75 y tenía 23 años.
A la hora de pedir plaza como funcionario,  solicité destinos en provincias  que tuvieran mar.   Me fascinaba estar cerca del mar,   ya veis,  y yo de secano. Quizás por eso mismo.
Palma de Mallorca.   Ese fue mi destino.  Fue como quien ahora se va a…  Dubái por ejemplo.
Me casé con mi novia de Córdoba que ya conocía,   nació allí mi primer hijo,  y tras dos años maravillosos en aquella preciosa isla,  y buscando la tierra,  volví a pedir destino,   también con mar,  pero por aquí abajo.
Málaga. Cerca de Córdoba para ver a la familia más a menudo, y lejos de ella para  enterarnos de los problemas, cuando ya han pasado, aunque con la idea de al cabo de algunos años,  irnos para nuestra tierra.
Pero pasa el tiempo,   te embarcas en  la vivienda,   los críos crecen, y no quieren cambiar de sitio. En el trabajo estás a gusto,  y cuesta tener que levantar la casa.  Ya llevamos 37 años allí.
Durante este tiempo,  he estudiado lo que debía haber hecho antes,  y paradójicamente, con notas brillantes, y por gusto.
En la Escuela de Artes Aplicadas, me gradué en Arquitectura de Interior y Diseño, y trabaje un tiempo en un estudio, alternándolo con mi trabajo de funcionario, pues tenía jornada completa. Posteriormente,  en la Escuela Oficial de Idiomas, obtuve el grado medio de inglés. 
También  fui cambiando de trabajo: me pasé a la banca, y trabajé en Caja Postal, la posterior Argentaria y la actual  BBVA, donde felizmente me prejubilé en 2006 por reajustes organizativos, Tenía a los 54 años, y hace ya 8.
Actualmente vivo una época dorada y no solo por la edad. Mi tiempo libre está  lleno de muchas actividades (siempre que me dejan).  Al prejubilarme me planteé hacer aquello que siempre quise y nunca pude,  por unos motivos u otros.  Así,  hice un curso de  submarinismo y lo practico de vez en cuando;  quise sentir la sensación de volar y probé el parapente,  asisto al gimnasio dos o tres veces a la semana y a clases de baile de salón, etc.   También paso el tiempo construyendo cosas para mi belén; Amante del arte y las antigüedades, reparo y restauro alguna pequeña  adquisición en el rastro,  ,... etc.   y todo ello no me quita nada de tiempo,  para disfrutar de mi nieto que tuve la suerte de tener, justo el año que me prejubilé.   Todavía me quedan retos, que espero tener tiempo y salud para realizarlos.
Desde mi salida del seminario,  siempre me ha acompañado la nostalgia y el recuerdo. Dejé amigos, ilusiones, proyectos. Ya fuera, en mis paseos por Córdoba cuando venía de vacaciones o fines de semana que venía desde Málaga, miraba y buscaba, en vano, cruzarme o encontrar algún antiguo compañero del seminario.  ¡Tendría que haber alguno por algún sitio!.. ¡Éramos muchos!   ! No podían haber desaparecido todos!.. ¿No se le habría ocurrido a ninguno que ya esté fuera,  reunirse,   aunque fuera de vez en cuando?.  Pues parece ser que no… Solo a un compañero una o dos veces en todos los años.
Hará cosa de unos 17 años, me encontraba trabajando en Caja Postal, en Málaga. Cogí el teléfono que sonaba:  “Caja Postal, dígame.”
- “Hola, mira,  soy un compañero del banco en Ciudad Real, que voy trasladado a Málaga,  y quisiera algo de información de allí”.
Aquella voz… en algún momento de mi vida yo la había oído, me resultaba vagamente familiar, pero atento a la conversación, no podía pensar.
Continuó preguntándome: “¿Tú eres de Málaga?
- No, soy de Córdoba, contesté.  De Córdoba capital.
- ¡Ah, yo también soy de Córdoba, bueno de un pueblo de Córdoba,  de Hinojosa del Duque.
- ¡No me digas.   Bueno, cómo te llamas? Le pregunté.
- Manolo Leal, contestó.
De forma casi inmediata,  más rápido que el ADSL de 10 megas,  me vino a la memoria el segundo apellido.  En el seminario, la rutina de pasar lista en las clases, varias veces al día,  inconscientemente te hace recordar hasta la guía telefónica. O al menos te suenan los nombres.  Pero no le ponía rostro.
-¿Tú te llamas Manolo Leal Aranda?, pregunté.
-Síí. Tú me conoces? Cómo te llamas?
-Mi nombre es Francisco Molina Pavón, contesté.
-“Molina Pavón.... me suena ese nombre.., dijo.
- Le pregunté yo.: ¿Tú has estado en el seminario de Hornachuelos?,
- Síi. ¡Ah claro, ahora ya caigo, pero... No me acuerdo de ti... contestó.
- Bueno a mí me pasa igual,  después de tantos años...
Llegó a Málaga. Estuvo un par de años, y volvió a Ciudad Real.  Fue un reencuentro muy emocionante.  Fraguamos una muy buena amistad, como de familia, que aún mantenemos.   Nos visitamos alguna vez y hablamos bastante por teléfono.  En nuestras charlas sale a relucir, como no podía ser de otra forma, el tema del seminario, las ganas de volver algún día por allí y lo raro de no ver a nadie ni saber nada de nada. Claro, los dos estamos lejos.
Hace dos años, en una de las conversaciones por teléfono me dijo:
- Paco, casualmente he entrado en una cafetería en Córdoba, y al lado mío había un par de personas,  que sin estar yo pendiente de lo que hablaban, oí la palabra exseminarista. Les pregunté, y resulta que efectivamente lo eran y que se reúnen todos los años.
- ¡Por Dios, Manolo!, pero como puede ser eso posible, y nosotros sin saber nada?
Saltaron todos los resortes. A partir de ahí, todo el afán de recabar información, tratar de contactar con alguien y no perdernos la siguiente reunión por nada. Esa fue la del año 2012.  Describirla?  Muy difícil.   La adrenalina por las nubes.
Contando el tiempo que faltaba para hacerlo realidad.
Días después de esta reunión del 2012, otro exseminarista que también fue su primer reencuentro,  me envió una narración de Fili,  del año que visitasteis el seminario.
Presintiendo su contenido, esperé a la noche para leerlo y estar solo con mi intimidad,  para que nada me distrajera y sumergirme en su lectura.
José María, no sé si esa narración te salió de forma fluida y natural,  o lo provocaste intencionadamente,  pero en este artículo,  y seguramente ya te lo habrán dicho, remueves sentimientos,  tocas la fibra sensible.  Al menos a mí, sí. Los pelos como escarpias.
Muchas gracias,  porque - y leyendo textualmente las palabras del compañero que me envió el artículo, y con quien me identifico totalmente en su sentir - ,”sin haber vuelto al seminario, como aún sigo soñando, por muy decepcionante que sea la realidad como tú narras,  conforme he ido leyendo,  yo he estado allí con vosotros en esa reunión, era uno más del grupo, y he vivido de nuevo aquellos años; tal y como lo ibas describiendo. Lo he leído, con mucha atención, satisfacción y con mucha emoción, y mis ojos en algún momento se empañaban por estar más húmedos de lo normal. Has acentuado y vivido de nuevo vagos recuerdos, que coinciden con tu narración,  y otros que no los viví,  ahora parece que sí.   Ten en cuenta, que he estado aislado con mis recuerdos, todos estos años, demasiados, sin poderlos compartir con ningún compañero,  por eso para mí la reunión de ese año pasado ha sido... tendría que ponerle muchos calificativos.
Desde siempre he querido volver a nuestras raíces, y encontrar al grupo, te aseguro que hubo momentos en los que me  estremecí, y mis ojos brillaron un poco.
Fantástico el relato, Sin estar allí en aquella reunión, volví al pasado, viví lo que tantas veces he querido revivir.
Para finalizar, espero vivir aún algunos años más, y realizar sueños aún pendientes.  El estar con vosotros, era uno de ellos,  y lo he podido cumplir.  Gracias a todos.



3 comentarios:

  1. Antonio Estepa Romero1 de diciembre de 2014, 16:52

    Muy emotivas, Molina Pavón, tus vivencias. Gracias a Dios que poco a poco el Buen Pastor está reuniendo de nuevo a "sus ovejas". ¡Todo un lujo! .

    Recibe un abrazo muy fuerte.

    Antonio Estepa

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  2. Paco, ¡qué bonito lo que cuentas!. Para algunos de nosotros, veteranos ya en estas reuniones, tus palabras y sentimientos nos parecen lejanos, pero te aseguro que mi primer encuentro con Jaime y con Agustín "el Añoro" fue igual de emocionante. La gente de fuera, los que no han sentido ni vivido el privilegio de nuestro seminario, no entienden estas cosas. Yo les digo que solamente por haber disfrutado de aquellos años entrañables ha valido la pena nuestro paso por la vida. Tú, Paco, estuviste tres años y pico. Algunos de nosotros, diez años o más. Un privilegio, un lujo, una emoción única.
    Un abrazo para la gran familia del seminario.

    Un abrazo

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  3. Paco, yo a pesar de estar en Córdoba y ver a alguno de vez en cuando, no había asistido a ninguno de los encuentros, hasta el de este año en Hornachuelos. Te aseguro que las vivencias y sensaciones que afloraron en todo mi ser, son exactas a las tuyas. Para seguir viviéndolas me he hecho asiduo al último jueves de cada mes y disfruto enormemente viéndonos las calvas, las canas y las arrugas. Un abrazo y hasta pronto.

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