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viernes, 8 de diciembre de 2017

POSTAL NAVIDEÑA DE 1968

RECORDANDO A D. MOISÉS

“Uf, ¿escucho música… o estoy soñando? ¡Qué bien se está calentito en la cama!
Creo que hoy es domingo... No sé si es ocho o nueve de diciembre. Ya lo comprobaré cuando me levante. La música suena cada vez más fuerte. ¿Qué está pasando?”

Mientras intento aclararme, un tropel de pasos cercanos y unos alegres acordes de bandurrias y guitarras hacen que me incorpore ligeramente en la cama. La puerta del dormitorio común se abre, se encienden las luces y entran unos diez seminaristas mayores tocando sus instrumentos musicales. Al frente de todos ellos va mi paisano D. Moisés, tocado con una boina negra y bufanda gris. Trae una pandereta en la mano y luce su sonrisa grande de hombre bonachón.

Unos golpes rítmicos de su pandereta marcan la entradilla de la canción:

PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!
PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!

“A Belén llegaron los pastores
a anunciar el nacimiento de El Mesías
de camino a dar la enhorabuena
a José y a la Virgen María...”

La frescura de la rondalla inunda nuestros corazones adolescentes animándonos a vivir aquel nuevo día con una mayor alegría. 

Habíamos iniciado el 5º curso en San Pelagio apenas unos meses antes. Desconocíamos aún muchas cosas del Seminario mayor, entre ellas esta tradición pre navideña de despertarnos con villancicos los domingos y fiestas anteriores a las vacaciones de Navidad.

Escuchando los primeros acordes de este alegre villancico, mi atención se quedó clavada, involuntariamente, en mi paisano D. Moisés. Mientras le miraba, acudieron a mi mente algunos recuerdos, como flashes rápidos, de momentos vividos aquellos últimos años. En ellos aparecía a menudo su amable figura. 

En la primera imagen, me veía de pie en su despacho de Hornachuelos, que estaba situado muy cerca del salón de estudio y antes de bajar las escaleras que daban al patio. Aprovechando que yo salia del estudio, llamó mi atención y me invitó a entrar en su despacho. Sin llegar a sentarnos, se interesó por saber cómo me estaba adaptando a aquella nueva vida en comunidad y a continuación, me dijo:

-Manolito, tú y yo somos algo más que paisanos, somos como de la familia, familia lejana pero familia al fin y al cabo. 

Sin duda era así, pues su madre y mi abuela eran primas. 

-Te tengo en esa consideración, pero aquí nuestro trato tiene que ser el correcto. Delante de los demás te trataré como a uno más, sin diferencias... Nadie debe pensar que eres mi enchufado.

Me limité a asentir con la cabeza y terminó diciendo: 

-Eso sí..., la puerta de mi despacho está siempre abierta para ti. Ante cualquier problema importante, ya sea de día o de noche, aquí me encontrarás dispuesto a ayudarte.

Le di las gracias y le manifesté mi intención de molestarle lo menos posible. Aquella entrevista transcurrió, finalizando el mes de octubre de 1964. Hacía un par de semanas que habíamos entrado en el Seminario y yo tenia once años. Las reglas del juego quedaron perfectamente establecidas. En adelante, conté con su secreto afecto sin pretender ninguna demostración, que además hubiera sido contraproducente para mí.

D. Moisés había accedido aquel curso 1964-65 al Seminario de Santa María de los Ángeles, coincidiendo con nuestro primer curso, en calidad de formador. Asumió la responsabilidad de la Dirección Espiritual de 247 pequeños y traviesos seminaristas. Además de ese cometido, aquel curso impartió clases de religión a los compañeros de 2ºB, mientras que a los de 1ºA nos daba clase de geografía.

Me viene hoy a la memoria el recuerdo muy lejano de algunas clases suyas y un examen trimestral en el salón de estudio. Éramos muchos llenando las primeras hileras de pupitres, por lo que deduzco que debió impartirnos clase a dos aulas conjuntamente.

Otro curioso recuerdo me trajo imágenes de una excursión al río Guazulema, con el imprudente chapuzón de muchos de nosotros en sus frías aguas. 

También pasaron por mi mente momentos muy agradables en las celebraciones del día del Rector: las carreras de sacos, las chocolatadas, las competiciones de pichoncho…, en fin, todos aquellos juegos que nos hacían disfrutar y olvidar por un día la lejanía de nuestras queridas familias. 

Hay que destacar la inauguración de la piscina al inicio de la época estival de aquel curso. Aquello supuso un plus de diversión y hacernos más llevadero ese interminable semestre, de enero a vacaciones de verano.

En el curso 1965-66 D. Moisés siguió de Director Espiritual, cargo que ocupó los 4 cursos que estuvo en Santa María de los Ángeles. Lo compaginaba con las clases de religión en algunas aulas. Creo recordarlo también impartiendo las extrañas asignaturas de redacción o urbanidad. 

D. Moisés, durante aquellos años, se ganó el corazón de la mayoría de nosotros con su talante amable. Supo hacerse respetar sin necesidad de aplicar la rígida disciplina de la que otros curas abusaban. Nos ofreció la confianza de poderle consultar cualquier problema con total comprensión y confidencialidad de su parte. Siempre estaba disponible si lo necesitabas, con su amplia sonrisa y cierta complicidad paternalista. Era el más humano y cercano a nosotros. Los amplios corrillos en torno a su persona, cuando salía al patio de recreo, y las preferencias por su confesionario, habitualmente más visitado que ningún otro, así lo confirmaban.

Aquel segundo curso en Santa María de los Ángeles fue el más duro para mí, como os relaté en anterior escrito. Ahora, en el 5º curso del Seminario de San Pelagio, no quería volver sobre los tristes recuerdos que me acompañaron durante varios meses desde el inicio de 1966. La pésima relación con don José Delgado Albalá, a consecuencia de su antipatía hacia mi persona, que manifestaba abiertamente ridiculizándome ante mis compañeros, había sido el desencadenante para decidirme a dejar del Seminario. 

Me vino después a la mente mi propia imagen sentado en el despacho de D. Gaspar. Le comunicaba mi decisión de abandonar el Centro. Él me pedía que escribiera una carta a mi padre, para informarle del asunto. Sibilinamente lo controlaba todo procurando que el paso del tiempo enfriase mi tajante decisión. Por este motivo retuvo mi carta, que nunca llegó a salir de su despacho.

Reviví a continuación las dos conversaciones que mantuve con D. Moisés a causa de aquel problema. Me escuchó francamente preocupado por la situación que me veía padecer. Respetaba mi decisión, pero insistía en que no debía marcharme precipitadamente. Me pidió que lo pensase durante un mes y que comprobase cómo evolucionaban los acontecimientos.

Nunca me atreví a preguntárselo directamente, pero me resultaba evidente que debió mantener conversaciones con D. Gaspar y con D. José, el cual dejó de meterse conmigo en público y comenzó a tratarme como a uno más.

Ahora me sentía feliz en 5º curso. Enormemente agradecido a D. Moisés por sus buenos consejos y por echarme una mano. Deseaba poner un tupido velo a aquellos tristes acontecimientos que padecí en el segundo curso. Escuchando los acordes del villancico, llegué a sacudir por un momento la cabeza tratando de alejar de mí aquellos malos recuerdos.

Enseguida me asaltaron imágenes más alegres de la época Santamariana, como la excursión a Hornachuelos: a la ida cruzamos el monte desde los campos de fútbol, para ganar terreno. A la vuelta regresamos por la carretera, en buena camaradería y rezando el rosario. 

Evoqué otras excursiones: a la presa del Bembézar y a San Calixto. La verdad es que nos sentíamos mayores. En los dos últimos cursos anteriores a San Pelagio, el trato con nuestros formadores y la convivencia en general habían mejorado mucho.

De aquellos cursos me llegó la imagen en la que me veía dentro de la capilla mientras oíamos misa.

Mi asiento estaba situado próximo al pasillo central entre la puerta de entrada y los confesionarios. D. Moisés solía sentarse en uno de ellos para atender a los que querían confesarse con él. Permanecía allí hasta poco después de la Consagración.

A continuación se levantaba y con paso tranquilo se dirigía hacia alguno de los que estábamos próximos al pasillo. Con la mirada y un leve movimiento de cabeza hacia un lado nos indicaba: “Ven conmigo”. 

Inmediatamente, el afortunado que recibía la señal abandonaba al grupo en la capilla y seguía con paso decidido a D. Moisés.

Muchas veces fui el elegido. El camino era siempre el mismo: el largo pasillo hasta la puerta del comedor, las escaleras que bajaban a las cocinas y, antes de llegar a ellas, la puerta que daba acceso a una pequeña capilla de oración con un altar. Era el lugar de culto de las monjas y quedaba justo debajo del comedor de los profesores.

Allí le ayudaba a ponerse el alba, el cíngulo, la estola, la casulla… 

A continuación oficiaba misa. Mis funciones se ceñían a las de cualquier ayudante para la celebración de la Eucaristía. En cierta ocasión me dijo: 

-Manolito, me gusta que me ayudes a celebrar la misa. No me importaría llamarte siempre a ti, pero tienes que comprender que también invite a otros compañeros que esperan y desean ayudarme.

Abandonar por unos minutos la rutina del grupo general y sentirte diferente, era ciertamente un premio para nosotros. Me limité a darle las gracias por las veces que me llamaba y le expresé la ilusión que me hacía ayudarle. Con una pequeña palmada entre el cuello y la nuca me contestó como solía:

-Gracias... Ya te puedes ir con los demás.

En otro flash, me llegó la imagen de muchos de nosotros contemplando la televisión que teníamos en la sala situada en el primer piso, encima de los servicios del patio grande de recreo. Nos gustaba ver el futbol y los programas musicales. Disfrutábamos con los cantantes y ritmos del momento. En abril de 1968, Massiel ganó el festival de Eurovisión, con su famoso “La,la,la” y una ola musical nos invadió. Al final de este 4º curso se organizó un certamen musical y me encargaron que pintase un cartel que anunciara el evento. En aquellas fechas se me daba bien la pintura a lápiz.

Como no existía papel en blanco grande, recurrí al rollo de papel beige con el que forrábamos los libros. Pinté un guitarrista enorme, con su guitarra eléctrica y con el atuendo de la época. Francamente era una copia del gran Elvis Presley. El cartel estuvo una semana colgado en la fachada principal del Seminario, junto a la puerta de entrada. Recuerdo la enhorabuena y felicitación por parte de D. Moisés.

Me sentía afortunado protagonista. Allí estaba yo, en mis ensoñaciones, de pie delante del cartel, contemplándolo y disfrutando aquel momento… 

De repente, unos golpes demasiados cercanos de la pandereta me sacan de mi ensimismamiento y me devuelven a la realidad:

PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!
PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!

A Belén llegaron los pastores
a anunciar el nacimiento de El Mesías
de camino a dar la enhorabuena
a José y a la Virgen María.

Virgen María, vamos todos al portal
porque desde aquí a Belén
hay mucho que andar, hay mucho que andar
porque desde aquí a Belén
hay mucho que andar, hay mucho que andar.

PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!
PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!


Algunos datos biográfico de D. Moisés

D. Moisés se ordenó sacerdote en el año 1961. Durante cuatro años estuvo ejerciendo el apostolado como párroco en el pueblo de Obejo. Allí realizó una magnífica labor y rápidamente se ganó el cariño de todos los feligreses. Muchos años después, en una visita al pueblo, casi no podía andar por la calle, al verse abordado por todos los vecinos que le querían saludar.

En esta etapa, nuestro compañero Antonio Ruiz Martón me ha confirmado que fue su monaguillo en la parroquia. Seguro que guarda numerosas historias y recuerdos por su cercanía a él.

Hay una anécdota relevante muy apropiada para esta “postal” de fiestas navideñas y reyes. En El Viso existe la antigua tradición del “Auto Sacramental de los Reyes Magos”, cuya representación se venía celebrando cada 7 años (Actualmente es cada 4 años. Este 2018 toca volver a hacerla).

D. Moisés tenía mucho interés en dar a conocer esta tradición y puso todo su empeño en que se pudiese celebrar una representación local, para todos los vecinos de Obejo.

De paso, también daba la oportunidad de disfrutarla, a muchos jornaleros viseños, que en aquellas fechas, se encontraban en plena recolección de las aceitunas en la sierra cordobesa y que no habían podido asistir a las representaciones en los días de Reyes. Supuso un gran reto trasladar al numeroso grupo de actores, vestuario, rondalla etc. , incluida una nueva puesta en escena por parte de los organizadores, entre los que se encontraba Rafael, un hermano de D. Moisés.

Fue así como el 17 de enero de 1964, en la plaza de Obejo, se hizo la representación de este Auto Sacramental, que sirvió para hermanar a los pueblos de Obejo y El Viso.


En esta foto le vemos en la casa parroquial de Villaharta, año aproximado 1962. Está acompañado, desde la izquierda: Rvd. D. Constantino Calle, (párroco de esta población y tío de Pedro Calle), Rvd. D. Juan Francisco Hernández, Rvd. D. Moisés Delgado y Rvd. D. Antonio Mejías Castilla.

En octubre del curso 1964-65, entró como formador en el Seminario de Santa María de los Ángeles, ocupando siempre el cargo de Director Espiritual. Allí permaneció durante cuatro cursos, los mismos que nuestra promoción. También nos acompañaría durante los tres cursos siguientes en San Pelagio. En 5º fue nuestro profesor de religión y los dos cursos posteriores, pasó a ser formador de los seminaristas mayores.

He querido hacerle este pequeño homenaje desde mis vivencias personales. Me he apoyado en los registros que me han quedado de aquellos lejanos recuerdos infantiles y juveniles de nuestra experiencia vital en el Seminario menor.

Lógicamente tengo más vivencias de nuestra estancia en Córdoba. Sobre todo de unas entrevistas en su despacho, durante PREU, que me ayudaron a tomar una decisión sobre mi continuidad en el camino sacerdotal. Pero esa es otra historia...

Nunca perdimos totalmente el contacto. Aunque me vine a Madrid, nuestras coincidencias en el pueblo, con motivo de las fiestas patronales o en la romería del lunes de Pascua, siempre iban acompañadas de un caluroso y sincero saludo.

Durante los años que estuvo de párroco en Las Margaritas, nuestra mutua felicitación con tarjeta de Navidad, era un clásico cada año.


En esta foto de la romería de 1967, le vemos pasando un día alegre de campo. De pie está el Rvd. D. Manuel Cobos Risquez ( párroco de El Viso), sentado con él, el Rvd. D. Carlos Linares (D.E.P.), que también fue profesor en Hornachuelos y a su lado un pequeño sobrino de D. Moisés (otro Manolito...).

A finales del año 2006 mantuve varias conversaciones telefónicas con nuestro compañero Antonio Luna, encargado de los encuentros anuales que se venían celebrando. El objetivo era ver la posibilidad de hacerle un homenaje a D. Moisés, que llevaba dos años en la residencia para sacerdotes mayores en San Pelagio. Su movilidad era reducida al encontrarse en silla de ruedas. Estábamos valorando cuál sería la mejor opción, cuando nos sorprendió la noticia de su fallecimiento, causándonos una gran tristeza y la descorazonadora sensación de que habíamos llegado tarde. Falleció el 12 de enero de 2007 a los 71 años de edad. 

D.E.P. D. Moisés, siempre estará en nuestros corazones y formará parte de nuestros mejores recuerdos de seminaristas.

Quiero terminar este escrito recordando a nuestro amigo Antonio Crespo. La semana pasada nos dejó inesperadamente y su ausencia ha representado un duro golpe para todos nosotros. Que descanse en paz y que toda su familia, en especial su esposa Caridad, sus hijos Gema, José Antonio y David, encuentren fuerzas y ánimos para seguir adelante.

Muchas gracias amigos vicarianos por leerme. Hasta siempre.

Móstoles, 8 de diciembre de 2017. (Han pasado 49 años...)

Manuel Jurado.

lunes, 4 de diciembre de 2017

CRÓNICA DE LA REUNIÓN DE LOS VICARIANOS CORDOBESES

EN LA SEDE DE LA SOCIEDAD DE PLATEROS

Córdoba, 30 de noviembre de 2017

Con el sentimiento encontrado: por un lado por la muerte de nuestro querido Antonio Crespo y por el otro, debido a la alegría de volver a vernos, otro jueves fin de mes; nos hemos dado cita en este día especial, también, por la celebración de San Andrés.

No podía faltar que nuestro primer brindis, fuera dedicado a la memoria de Andrés Luna. Pero el siguiente, lo hicimos en honor de otros dos queridos compañeros que nos alegraron con su presencia: Francisco Castro Jiménez y Rafael Pérez Molina. Después de los cálculos correspondientes dijeron que ellos eran del curso 66. Nuestra más sincera felicitación por su incorporación al grupo (no saben ellos bien donde se ha metido, bueno… sinceramente de algo empezaron a darse cuenta, por lo que más tarde relataré)

Esta vez los comensales estuvieron de suerte. Primero y como era de rigor, ofrecí una invitación por el día de mi santo y por tanto cariño demostrado. Sin embargo ahí no quedó la cosa. Tanto Paco Jiménez como Rafael Pérez, mejor dicho a la limón, ofrecieron otra invitación por el feliz reencuentro. He de decir que nos quedamos todos algo sorprendidos, pues se trataba de la primera vez que, unos compañeros recién incorporados, ofrecían una invitación. ¡Bravo por ellos! 

Al poco rato se presentó Jenny, de lo que nos alegramos mucho. Sentíamos más cerca a nuestro querido Andrés.

Excelente plática se entabló, sobre todo por la incorporación de nuevos miembros y por los datos que fueron aportando y que van engrosando la memoria histórica de aquellos tiempos. Digo buena, hasta que “se armó el Belén” (parafraseando el título de aquella película protagonizada por Paco Martínez Soria, de los años 70) Resulta que empezamos a hablar sobre la comida de Navidad… la poca gente que nos habíamos apuntado; lo tarde que dejamos el decir si se va a un acto o no. Se recordó la cita de Dos Torres y lo mal que se funcionó en este sentido. El Belén resultó mejor que los que monta Moli, pero en esta ocasión, los Reyes Magos estaban en el Castillo de Herodes; Herodes con la lavandera; el caganet haciendo de las suyas en el propio portal y la mula de parranda con el mulo del que estaba arando. En fin, un guirigay. Los pobres nuevos me miraban (es que los tenía al lado) y yo les miraba a ellos y ambos nos mirábamos con cara de… Noté en ellos la expresión en sus rostros, como preguntándose dónde se habían metido. Yo traté de explicarles que, en ocasiones, no nos pone de acuerdo ni el mejor “intermediario”. Que no lo tuvieran en cuenta y no se asustaran. No se si lo conseguí… que sí, lo conseguí, porque se fueron muy contentos.

Son cosas de niños y como tales hemos de tomarlas. Sí, sí pero como no avisemos con la suficiente antelación en los próximos actos, ni Antonio Luna ni Manolo Sepúlveda, nos van a tener en cuenta (¡ah! y luego no borrarse el mismo día, salvo lo que se salva). He dicho. 

Bueno, bromas aparte, me hubiera gustado que vierais la cara de susto de nuestros más jovencitos, la cosa no fue a mayores y como siempre… se llegó al consenso. ¡Uf, pero después de un buen rato!

Diego estuvo también con nosotros, lo que significaba que se encontraba mejor de su intervención y del estómago. Se le podía abrazar un poquito mejor, debido a su pérdida de peso. 

¡Qué bien se explicó Carlitos en la disertación que nos dio sobre Santa María de los Ángeles! Nos puso al corriente de todo lo que había escuchado por boca de su amigo, una veces “con Don y otras sin Don” no digo el nombre, por aquello del secreto de la confesión. En resumidas cuentas, parece ser una realidad, al darle algo de uso a aquel sitio de nuestras alegrías y penas. Que así sea y para bien de todos.

Como siembre, quedaron unos cuantos para el final, sí, esos del mal vivir. Pero mirese por donde, no fue el balde. En conversación con Antonio, el dueño de Plateros, nos ofreció la posibilidad de celebrar peroletes en la Sede de Plateros, siempre que se lo avisemos con tiempo. Podemos llevar nuestra comida y no nos hemos de preocupar por el tiempo. Así que ya tenemos otra cuestión a debatir. ¡Espero que no sea traumática!

Cuidaos mucho y nos vemos pronto. Un abrazo.


P.D.: No quisiera dejar estas letras, sin dejar constancia de mi recuerdo hacia Antonio Crespo.


“Como decíamos ayer” (Fray Luis de León)

Ahora, reposadamente,
cuando el noviembre se ha fijado en tí,
y sin borrar la sonrisa de tu rostro,
te ha reclamado;
dejo volar mi mano para recordarte.
Fue otro noviembre,
engalanado entre flores
de jarales y madroñeras,
quien nos marcó,
entre latines, griegos y alegrías,
con el sello de la amistad,
de la nobleza y la sencillez
(aunque tú ya lo llevabas de nacimiento)
Ese noviembre se hizo continuo,
 con etapas sin calendario,
pero no importó.
Nuestro reencuentro,
nos devolvió a la niñez.
Contigo, en el recuerdo,
seguiremos desgranando noviembres.
Por eso, amigo Antonio…
“como decíamos ayer”
Córdoba, 29-11-17

Andrés Osado, 3 de diciembre de 2017

domingo, 3 de diciembre de 2017

Carta a mi padre

Querido papá:

Estoy viendo a nuestro Atleti, estarías ya de una mala leche... “¡¡Mierdas que sois unos mierdas!!” Claro que luego, cuando ganamos, te cambiaba la cara y ya te callabas, ¿eh? ¿Y ahora qué? Ahora no puedo pincharte y decirte” ¡qué, listo, mira como ganan!”.

Ahora no podemos discutir, ni puedo hacerte rabiar, ni podemos hablar de la vida, como tantas veces hacíamos.

No echo en falta nada porque todo lo he vivido contigo, me he reído contigo como con nadie, porque siempre hacías las cosas a tu manera sin pensar en el que dirán, con la inocencia de un niño grande y aunque al final no salieran las cosas como querías, mirabas y seguías intentándolo incansable, testarudo, pesado, ese eras tú.

Me cuesta tanto hablar de ti en pasado... es increíble porque aún no me lo creo, porque te siento conmigo, porque tengo que cerrar los ojos para creer en todo lo que pasó, te has dormido para siempre.

Todos me dicen que, que faena que fuese a mi lado, pero no, sé que fue como tenía que ser, con tu sonrisa, con la mía, eso fue lo último que vimos y es un privilegio.

Siempre me he sentido orgullosa de los padres que tengo, pero “tronco”, ahora no puedes imaginártelo, la familia, tus amigos, los nuestros, nuestros vecinos, gente del trabajo...todo el mundo habla de lo especial que es Antonio Crespo, un ser con unos valores, unos principios, un ser especial.

Los niños están emocionados porque ahora tienen la suerte de tener un angelote gordo cuidándoles desde una estrella y miran al cielo buscando al abuelito. (Piensan que tal vez no te guste mucho eso d gordo, pero ya les he dicho que yo te lo decía muchas veces y que no me hacías ni caso).

Mamá, está triste, muy triste, ya no tiene a su compañero de vida, pero está fuerte, (Estoy convencida que es gracias a la fuerza que la estás enviado). No te preocupes, que ya me lo dijiste alguna vez y no, nunca la dejaremos sola, para eso estamos todos para darla la mano y acompañarla en la vida.

¿Los demás? pues bueno pasando el trago, como puedes imaginarte, David llevando el timón del barco, tal y como a ti te gustaría, porque él es tu fiel heredero, responsable, controlando y preocupándose por todos.

Joselillo?... Enfrentando la situación, ya sabes con sus lagrimitas de cocodrilo, pero fuerte cogiendo todos tus consejos.

Y yo?... Fuerte, con la actitud que tú querrías, clavando los puños en el suelo y levantándome para cumplir todos los planes que teníamos y que tú eras una parte tan importante de todos ellos, no puedo decepcionarte, tengo que trabajar duro y cumplirlos.

Tus otros hijos, Isa, Sisi y Óscar, pufff... que te voy a decir de ellos, cada uno pasando su trance, si me tengo que quedar con algo de cada uno: La frase de Isa; “Te quise como a un padre y ahora estás con el mío”.

A Sisi, le diste una de tus últimas palabras y ya las tiene tatuadas en el corazón:
“Cada uno vive la vida como le da la gana”.

Y bueno, Oscar, estuvo contigo dándote la mano y sé que tú siempre estarás dándosela a él a lo largo de su vida, acompañándole y manteniendo en otro plano esa relación tan bonita que teníais los dos.

¡Joder! Necesitaba escribirte esta carta para que sepas todo esto de nosotros aunque sé que estás viéndolo todo, por eso estarás tremendamente orgulloso de ver toda la gente que te acompaño en la despedida, como te lloraron, como nos apoyaron y nos llevaron en volandas en unos momentos tan duros.

En fin, me voy a despedir, (Con un gol del Atleti, ahora mismo), tengo claro que está despedida no es eterna, porque te tengo conmigo, porque un padre nunca te abandona y tú siempre estarás con nosotros cumpliendo tu sueño y siendo una piña, que ese era tu mayor sueño.

Papá; Te quiero. Siempre.

Gemma Crespo Cristóbal
Leganés, 2 de noviembre de 2017

miércoles, 29 de noviembre de 2017

CARTA ABIERTA A UN AMIGO

Caridad Cristobal y Antonio Crepo 
Móstoles,  28 de noviembre de 2017


Querido Antonio:

Cuando el olor a polvorones se va  metiendo por las rendijas de nuestros hogares; cuando las calles, ataviadas con sus vestidos luminosos, nos van diciendo que se acerca la Navidad; cuando la gente enloquecida con el Black Friday preparan con avidez las próximas fiestas…, coges tú y nos dejas. Así, sin avisar. Como el que no quiere molestar. ¡Con la sencillez de los grandes!

El próximo sábado, ya sabes, teníamos la reunión del Grupo. Todos teníamos ilusión de que llegara para vernos de nuevo y echar un rato. Hemos decidido cancelarla. Seguro que estarás diciendo: “¡qué va, hombre, de eso nada. Tenéis que seguir adelante! Y es verdad. Todos tenemos que seguir adelante. Pero ahora mismo no es fácil.

Perdóname, pero hoy me cuesta escribir. Y es que has dejado, querido amigo, un hueco muy grande. No me refiero al espacio en la mesa, que también, sino en nosotros. En nuestras vidas. Sí, ya sabemos que vas a seguir vivo en nuestro recuerdo, pero no es igual.

Créeme, te vamos a echar mucho de menos. Tu amistad sincera y sencilla, tu eterna sonrisa, tu coraje para luchar la vida, tu entrega por hacer felices a todos los que te rodeaban, son valores que no olvidaremos nunca.

Sé que ya estás en el cielo, disfrutando de esa otra vida para siempre; ya estarás con Andrés, con D. Moisés, con todos los familiares y compañeros que te han precedido. Ese es el futuro que nos espera a todos, Reunirnos para siempre en ese lugar maravilloso, junto a nuestro Padre Dios y Ntra. Sra. de los Ángeles, a la que tantas veces le rezamos.

Bueno, Antonio, te dejo. Ya no te puedo decir que te vaya bien, porque estás viviendo para siempre en el mejor sitio posible, después de tu paso por aquí.

Ahora te toca a ti rezar por nosotros. No te cortes en dar el coñazo, El Señor tiene mucha paciencia, y nuestra Madre ¡ni te cuento!

Recibe un abrazo muy, muy fuerte de todos nosotros, tus vicarianos.


Antonio Estepa

jueves, 16 de noviembre de 2017

Velada en el patio

Junto al pozo de un patio cordobés

Ahora, ya en el frío otoño, me viene a la memoria este encuentro de mayo en Córdoba.

Ya de atardecida nos fuimos acercando a la Plaza de las Tazas. Se abrió el portalón y como en una ceremonia iniciática, precedidos por los anfitriones, fuimos entrando al patio. Un jardín vertical preñado de flores nos abrazaba. Tomamos asiento a la mesa, preparada para la ocasión, junto al pozo y la alberca y fuimos dejándonos llevar por el embrujo de la noche cordobesa entre una alegre conversación, las canciones de Antonio Martínez Rangel y la lectura de alguna poesía.

De estas os dejo una muestra.

Un abrazo

Rafa Vilas


AZUL Y ROJO
(A los patios de Córdoba)

Preludio de interior acompasado
en el marco azulado de tu entrada:
fachada de color entrelazada
de jarcha y blanco del pasado.

¿Cuándo tu azul
se difuminó en el horizonte?
¿Quién, como roedor cruel,
penetró por tu costado?

Hoy quiero rememorarte;
mirar por el pretil
de tu engalanado pozo
en busca de esa luna
allí, en otro tiempo, acomodada
y soñar con la fragancia,
que en versos de clavel enamorado,
por las paredes de tu patio goteaba.

Andrés Osado
Córdoba, 16 de mayo de 2017


EXISTENCIA EN BINARIO

Y todo era como en Matrix.
01000110010

Realmente no tenía sentido pensar;
las sensaciones no partían de razón alguna.
011000101

Las pasiones estaban ya escritas,
los olores ya escritos,
los sabores ya escritos.
101001010

Sabores, olores, formas y colores,
todo escrito en color fósforo
bajo el cristal de la pantalla
del "Gran Hacedor".
1010010

Él tenía todo el tiempo,
yo solo era una línea en binario
01000100100000000……..

Rafael Vilas
Priego de Córdoba, 14 de mayo de 2017

sábado, 11 de noviembre de 2017

CRÓNICA DE UN ENCUENTRO IMPREVISTO

El encuentro 

Mis colegas cronistas comprenderán el temor que me invade, al tratar de reseñar un encuentro amistoso, a solas, frente al ordenador.

-Tienes que escribir una crónica de las tuyas para el blog –te dicen, sin considerar el “embolao”.

-No os preocupéis, que eso está hecho –contesta uno aparentando suficiencia.

En fin, vamos allá. 

Miguel me contactó el lunes, 23 de octubre, para quedar con Mónica y conmigo y salir a comer juntos. Con él se encuentra Rafael Ruano, con quien intercambio por teléfono unas palabras a modo de saludo. 

Miguel me recuerda que desea retomar nuestra conversación en Tabarca sobre la reencarnación, ya que el tema le impresionó vivamente. 

Por su parte Rafael me pregunta si podremos echar alguna partidita de ajedrez, tal como teníamos concertado en unos correos electrónicos anteriores a la reunión de Lucena. Dichos correos patentaban nuestra común afición a ese juego sangriento, que a ojos de un espectador profano puede parecer sosegado hasta el aburrimiento. Los contendientes, silenciosos, sin apenas moverse en sus asientos, desplazan las piezas sintiendo su corazón acelerarse con cada jugada efectuada. Se oculta el nerviosismo lo mejor que se puede, esperando el golpe aniquilador del rival tras el último dudoso movimiento propio.

Prometo atender a ambos amigos lo mejor que pueda. Pero lo primero es buscar un sitio para comer. Miguel propone un restaurante de la Universidad de Alicante, donde hacen un arroz “de puta madre”. No obstante, me pregunta si conozco yo algún otro sitio que venga bien al caso. No se me ocurre lugar mejor que el Li-Du, restaurante asiático del que es dueña y regente Linda, una mujer china, muy agradable, y amiga nuestra desde que nos consiguió unos trajes de taichí a precio de costo, traídos por su madre desde China.

El Li-Du se encuentra en las afueras de Mutxamel, a cinco minutos de nuestra casa yendo en coche. Por otra parte podremos tomar el café en la terraza interior de nuestro piso, con el ajedrez por medio, sin distracciones para la conversación o el juego.

-Vamos al Li-Du, no hay más que hablar. ¿A qué hora nos vemos? –resuelve y pregunta Miguel.

Mónica propone que comamos a las dos. En la siguiente llamada le doy nuestra dirección y alguna “desorientación” para llegar.

A las dos bajamos Mónica y yo a esperar a Rafael y a Miguel a la puerta de nuestro piso. A las dos aparecen nuestros amigos en la “fragoneta” de Miguel. Fascinante sincronicidad.

Saludos afectuosos y, ya en marcha hacia el restaurante, la típica conversación acerca de complicaciones y rodeos para encontrar nuestra calle. Miguel ha preferido no poner en marcha el GPS del móvil y ha preguntado a un transeúnte. ¿Para qué necesitamos los móviles bajos de batería teniendo paisanos? 

Saludamos a Linda, que nos recibe con su habitual sonrisa, y nos sentamos a la mesa. Mónica se percata del cambio de decoración de la pared convexa. El edificio es cilíndrico, de techo muy elevado y ventanales luminosos. Se ofrece Linda a sacarnos una foto. A continuación le pido que se fotografíe con Mónica y conmigo.

-¿Qué había pintado antes en la pared? -pregunto exhibiendo mi “fantástica” memoria.

-En vez del actual paisaje campestre bordeado con ramitas de ciruelo, había un poema chino –me contesta Linda.

Pedimos cuatro menús. Degustamos: rollito de verduras, de primero, -Miguel prefiere la sopa picante-; arroz chino, de segundo; pescado al vapor para Miguel y Mónica y ternera con bambú para Rafael y para mí, de tercero; finalmente, de postre: pudin de mango Rafael y Mónica y plátano frito Miguel y yo. 

Durante la comida Miguel habla con Paco Moreno. Nuevo intercambio de saludos. Paco le dice a Miguel que no se preocupe por Yeni, que está bien.

Después seguimos hablando a dos bandas. Mónica explica a Miguel el tema del millón: ¿Por qué estamos aquí, en la Tierra? ¿Por qué nacemos, morimos y volvemos a nacer…?

Yo hablo sin parar, tanto, que no recuerdo nada de lo que le dije a Rafael… y me quedo solo con mi tercer plato. Los demás han terminado hace tiempo.

Ya en nuestra casa, Miguel grava los sonidos de la campana y del cuenco tibetanos, “para despertar al personal”. Luego, pone a recargar el móvil. Rafael y yo preparamos los combates ajedrecísticos.

Mientras Mónica nos sirve amablemente los cafés y el agua, me intereso por la jubilación de Rafael. Ya no trabaja, pero seguirá cotizando unos meses más hasta cobrar el paro. Ninguno de sus dos hijos quiso quedarse su empresa de transporte. La vendió razonablemente bien. Ahora, ya libre de ocupaciones, su mujer intenta atraparle en tareas domésticas como la limpieza de cristales y otras lindezas semejantes. No hay miedo, ha salido por pies, escapando a reunirse con sus amigos.

-Nunca me he ocupado de las labores caseras y no me siento ahora animado para ello.

Comenzamos el duelo en el tablero escaqueado y me sonríe a mí la diosa Caissa.

-Me hubiera gustado ganarte alguna partida, pero juegas mejor de lo que me esperaba -confiesa un poco decepcionado Rafael.

Miguel, ha llevado de marcha a Rafael, estos días pasados, a más sitios de los que me caben en la página. Ahora, acusa los gin-tonis de la noche anterior y se queda adormilado en el sillón mientras jugamos las últimas partidas.

Rafael me ha dado muchas facilidades para ganarle al ajedrez: de entrada, la resaquita de los gin-tonis de anoche y, luego, el despiste de jugar en mi pequeño tablero. Está acostumbrado a las partidas rápidas online del ordenador.

Le consuelo como puedo, regalándole el libro de partidas de ajedrez de Magnus Carlsen, actual campeón mundial, que ya le había prometido por teléfono. Y le sugiero bromeando que se prepare mejor para nuestro próximo campeonato. 

Soy consciente de que no he podido tratar el tema de los registros akásicos y la reencarnación con Miguel, como ambos deseábamos. Otra vez será.

Tras las despedidas me quedo con la sensación maravillosa que produce la amistad y con una secreta tristeza por no haber dado satisfacción a ninguno de los dos amigos.

Espero que esta sencilla crónica, al menos, sea de su agrado. Un abrazo, amigos Rafa y Miguel, y mil gracias por vuestra amabilísima visita.

Mutxamel, 28 de octubre de 2017
Pedro Calle Ballesteros

domingo, 5 de noviembre de 2017

Encuentro de otoño en Dos Torres

CRÓNICAS DEL ENCUENTRO POR PACO NIETO Y "EL FILI"


Crónica de Paco Nieto

54 AÑOS DESPUÉS

            Hacía exactamente 54 años. Un 4 de noviembre de 1963 peregrinamos hacia un lugar, para nosotros desconocido hasta ese momento, pero que nuestras retinas mantienen aún en nuestro cerebro, per sécula seculorum, como era el Seminario de Nuestra Sra. de los Ángeles, y que nos golpea el corazón todavía.

            Pues bien, 54 años más tarde, un 4 de noviembre de 2017, volvimos a peregrinar hacia otro lugar, desconocido también, para muchos, como era la Villa de Dos Torres, en plena comarca de Los Pedroches, para que, según el alcalde, D. Manuel Torres Fernández, nos dijera que nuestras retinas se habían impregnado de parte del legado artístico que dicha Villa tienen dentro de su patrimonio.

            Pero nosotros, además de eso, íbamos buscando algo más. Volver a convivir, como lo habíamos hecho hacía 54 años atrás, con nuestros compañeros, y en este caso con sus actuales compañeras, la mayor parte de ellos, aunque alguno, como en otras ocasiones, presumíamos de solteros, aunque no sea verdad.

            Y va el insurrecto de Paco Nieto, y vuelve a osar, haciendo de Osado, y se arremanga e intenta, eso sí, solo intenta, hacer una reseña de lo ocurrido a lo largo de dicho día, que por cierto, aunque se nos hizo corta, fue muy intensa, en cuanto a convivencia.

            Bueno, bromas aparte, vamos a lo serio. Comenzamos a llegar sobre las 10 de la mañana, a la plaza de la Villa, donde no podían faltar los organizadores. Por supuesto, en la puerta del Hotel Los Usías, se encontraban los señores Paco Sánchez Sánchez y Manuel Rafael Muñoz Medrán, cual buenos anfitriones, dando la bienvenida a cuantos compañeros y compañeras comenzaban a llegar, dando algunas explicaciones de cómo se desarrollaría el día, que después nos fastidiaría el dichoso tiempo, hasta en ello, igual al 4 de noviembre de 1963. Nos faltaba el camión, los autocares y las maletas, aunque Alguno apareció con la suya, en esta ocasión, atestada de cuadros, como veremos a continuación.

            Nos llamó la atención que la parroquia estuviese atendida aún por nuestro compañero, aunque de algún curso superior, Manuel Cantador.

            Y comienza nuestro periplo por la villa, acompañados de la guía turística María del Mar Carrasco Serrano, que tras una breve reseña sobre la historia de las dos antiguas villas con sus propias torres: Torremilano y Torrefranca, que con el devenir de los tiempos, en 1839, se convirtiera en una sola con el ya conocido nombre de Dos Torres.

            Y como no podía ser menos, comienza la visita guiada por la Iglesia de la villa, como decía anteriormente, regida por nuestro antiguo compañero Manuel Cantador, donde, además de la cumplida información, dada por la guía, sobre santos, naves, cúpulas, retablos, arcos, etc., etc. se canta la salve, en latín, en pleno altar mayor. Y es cuando empieza el desconcierto. Al salir de dicha visita comienza un aguacero que hace trastocar todo lo planificado. Y en lugar del recorrido previsto, vamos para la casa donde se muestra el tipo de arquitectura de la zona, eso sí, la arquitectura de los ricos, la de los pobres, no sé si es que no la enseñan porque no merezca la pena, o que por efímera ha desaparecido.

            Y de allí a la ermita de la Virgen de Loreto, patrona de la Villa, con su avioncito en la puerta, que ni nuestro "volaor" pudo arrancar para dar una vuelta, el pozo de nieve, etc., etc. Lo que se suprimió por la lluvia fue la ruta de los escudos que, al no ser posible, nos la dieron enlatada en un folleto que, al menos guardamos para hacerla tranquilamente en casa.

            Y entre aguas y vientos, al pabellón donde nos tenían preparado el refrigerio, que al comiendo, más que refrigerio nos pareció un jarro de agua fría, ya que por un malentendido decían haber preparado en lugar de una comida, un coctel hasta sin sillas. Pero con la intervención de nuestro anfitrión Sánchez, el entuerto fue fácilmente resuelto, y en diez minutos teníamos las sillas, que tanto esperábamos tras la larga caminata que nos habíamos dado.

            Distintos gazpachos: de melón, de tomate... salmorejos, salsamorra, ibéricos: chorizo, lomo, jamón... berenjenas a la miel, pescaíto, el clásico lechón, que le pasó igual que las bodas de Canaán era lo mejor y lo dejaron para el final, para terminar con el conocido plato de arroz, muy bien cocinado, eso sí, aunque para algunos ya no cabía. Eso sí, todo muy bueno y regado con cerveza, refrescos y distintos vinos, tanto de nuestro Montilla-Moriles como de otras tierras, blancos y tintos.

            La ya clásica sobremesa acompañada de nuestros antiguos cánticos estuvo llena de brindis, uno de ellos dedicado a nuestro compañero, ya emigrado Andrés luna y como no podía faltar, su embajadora aquí, nos acompañó. Jenny estuvo con nosotros y con ella, la presencia de Andrés, se hizo patente.

            Por supuesto, Serenata de la Mezquita, Soy Cordobés y nuestro himno de Amigos para siempre, no faltaron.

            También estuvimos acompañados de sorpresas, como la maleta llena de sus cuadros, con la que se presentó nuestro amigo y compañero Manuel Gómez Sánchez que nos hizo entrega a cada cual, algunos hasta dos, que guardamos, no solo en nuestro corazón, sino en nuestras casas, con la promesa de sacarlos a la luz, si algún día cotizan al alza. No siendo ésta, la única sorpresa, regaló para el grupo dos décimos de lotería que habrá que determinar los participantes, aunque ya lo hizo saber: para los presentes en el acto y resto del grupo de WhatsApp.

            Y ya cantando, pero bajito, fuimos recogiendo: despedidas, abrazos, besos y demás, pensando en un próximo encuentro en el que, por qué no superar al presente, aunque la fecha dice mucho y ayer, era nuestro 54 cumpleaños.

            Gracias, organizadores, y asistentes. Lo siento por los ausentes.

            Córdoba, 5 de noviembre de 2017
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Crónica de "El Fili"
José Mª Rivera Civico

De pronto me ha impelido un arrebato de responsabilidad inesperada y autoimpuesta. Me he despertado esta mañana con la obligación moral de cubrir para vosotros lo acaecido en la feliz jornada de ayer en Dos Torres, ante la ausencia de nuestros dos cronistas oficiales, léase, el famélico de Móstoles y el sublime Andrés. Y no hago más que ponerme en harina cuando veo con grata sorpresa que alguien ya se me ha anticipado. Joer con el Paco Nieto, cómo le cunde el paso, nene. Y ha resultado realmente emotivo su relato sobre todo por la feliz coincidencia de fechas entre la de ayer y la del 4 de noviembre de 1963, día en que ellos, los mayores, pisaron "Tierra Santa" por vez primera.

La voluntad, lo primero. Bueno, no. "Lo primero e principal, oír misa y almorzar; y si precisa, se deja la misa" (El Quijote). Pero ha sido mucha la voluntad de la gente nuestra asistiendo al evento en un día de tan sombrío pronóstico climatológico -que luego no fue tanto, las cosas como son-. Voluntades, las del Luna y de su señora Pilar, que abandonaron sus cálidas sábanas a las cinco de la mañana, y que después de las preceptivas abluciones y de un frugal desayuno recogieron en Órgiva a Lola, la prudente esposa del "fuguilla" Manolo Sepúlveda; luego, a un servidor en las cercanías de Antequera, y más adelante, a Gregorio en Córdoba capital.

En las fotos que ya ha incorporado nuestro ejemplar editor, el gran Rafa Vilas (gran, de grande, corpulento, entraíto en carnes), podéis comprobar el grueso de todos los asistentes. Pero no tendréis inconveniente en que, de entre todos y todas, ponga el foco en dos de ellos: por ser nuevos en nuestras convocatorias y porque a mí me hicieron más tilín, ea; pa eso soy yo quien escribe. Ramón Moreno Jurado era amigo mío en los Ángeles, pero rival cansino en los partidos de fútbol; y encima, era del Atlético de Madrid. Poseía un regate único con su única pierna útil, la izquierda. Regate del que todos los futboleros de entonces comentábamos con cierto hartazgo y su mijita de envidia, pero que ninguno éramos capaces de imitar. Y pasaba como con el famoso regate de Garrincha, que siempre se iba por el mismo lado, que todo el mundo lo sabía, pero no había manera de cortarlo. Algo así, pero en el campo del pozo, claro. Lo perdí de vista en 1973, año en que abandoné san Telmo. Cuarenta y cuatro años después nos abrazamos ayer. No está mal. Ha sido un hombre valiente, así se lo dije a la cara. Ha de ser muy complicado superar un problema de salud nada grave por una parte, pero cruelmente fastidioso para las relaciones sociales. Y él lo ha hecho. Ha sabido orientar sabiamente su vida profesional, familiar y social. Me alegré un montón de volver a verlo. De Manuel Casimiro Gómez Sánchez solamente puedo decir que me sonaba mucho su cara, que yo sabía que era del curso 64, del nuestro, pero nada más. Se nos reveló como un hombre cabal y bondadoso. En términos futbolísticos, un buen fichaje. Y gratis. Es un artista en la pintura figurativa. En la sobremesa expuso una hilera de cuadros pequeños para que cada uno de los presentes escogiera a su gusto. Preguntado por el precio, medio se ofende "que él no iba a cobrarles nada a sus amigos".

Nuestro ínclito y entrañable Paco César, algún día, tendrá que iluminar nuestra cerril sesera a fin de que podamos comprender desde la psicología conductual qué es lo que bulle en nuestra amígdala cerebral, o quizás en nuestro corazón emocional, para que consideremos amigos íntimos, casi hermanos, a personas a quienes no vemos desde hace una cuarentena de años, y con quienes "solamente" nos une el vínculo de unas vivencias tiernas -o duras, según se mire- en una etapa de nuestra vida, etapa, por otra parte, crucial, crítica e irrepetible. Te esperamos Paco.

El día físico fue feo de cojones. Hizo frío y calor; salió el sol y se volvió a esconder; llovió y amainó; chaleco dentro, chaleco fuera; abre y cierra paraguas. Lo endulzó bastante Marimar, la joven y sugerente guía turística con sus doctas explicaciones sobre ambas primitivas torres, las disputas de siempre entre lugareños vecinos, y la posterior fusión en el bonito pueblo de hoy, con la moraleja acompañante de tanta actualidad de que más vale unir que separar. Aunque, la verdad sea dicha, a mí particularmente en ocasiones se me iba el santo a las mallas apretujadas de la muchacha en detrimento de piedras y granitos por muy vernáculos que fueran. Que las mujeres perdonen mi imprudencia, pero es que soy un viejo verde. Mu verde.

Del recorrido cultural y del atracón culinario ya ha dado buena muestra Paco Nieto. Eso que me ahorro. Pero volvería a ver (y lo recomendaría) la Iglesia de la Asunción, la casa museo-exposición y el pozo del hielo. En lo relativo al manduco bastará que sepáis que esta madrugada me ha perjudicado uno de esos apretones de tripa tan míos, y que ha malogrado intestino abajo tan exquisitos manjares. Tengo para mí que, a lo tonto a lo tonto, escancié más de lo aconsejable para mi condición. Como conducía el Luna...

En fin, una jornada bonita y emotiva, como tantas otras, con el aliciente de ser la primera de las de los muchos otoños sucesivos que nos quedan por disfrutar.

Sed buenos.

Palenciana, 5 de noviembre de 2017