e-mail: santamariadelosangeles63@gmail.com

sábado, 20 de enero de 2018

CUANDO VEO - poema



Cuando Veo

Poema de Andrés Osado
Córdoba, 12 de enero de 2018





"Quizás, entre sollozos, la otra tarde junto a la Cruz del Rastro, el más chiquitín, con las palabras que brotaron de su angustia, quiso decir algo parecido a este poema"





Cuando veo,
como tomáis, entre vuestras manos,
flores de ilusión.

Cuando escucho,
como besáis, entre labios enrojecidos,
nubes de ternura;
siento como mi interior
estalla en mil pedazos.

Contemplo como mis manos,
antes repletas de sol,
se han teñido de oscuridad,
por culpa de tanta desidia.

Quiero volver a tenerte,
a besarte
y a cambiar tu blanco pañal.
                                 

jueves, 4 de enero de 2018

Encuentro en Zamoranos - El Cañuelo

DESAYUNO MOLINERO 2018

Un tres de enero, con casi todas las fiestas pasadas, eso sí, a la espera del roscón de reyes, y por si cae algún regalo más, emprendemos uno de los encuentros, que al parecer se van, como se dice ahora, a hacer virales: se trata de nuestro ya tradicional desayuno molinero en la Cooperativa Virgen del Carmen, en Zamoranos, ofrecido por nuestro amigo, y presidente de la misma, Andrés Mérida Briones.

Foto PacoMo - Visita de la Almazara
Con un cierto cambio en el programa, a causa del frío, ya que había helado y no era conveniente dar comienzo por la visita temprana al olivar, tal y como estaba en un principio pensado, nos fuimos congregando en las puertas de la cooperativa, tras los besos y abrazos de rigor al resto, algunos de ellos, vistos días atrás en la comida de navidad, pero eso no es óbice, para agasajarnos mutuamente. Y damos comienzo a la visita, que como es de costumbre, da su entrada por la tolva de recepción del fruto, para continuar con el proceso de molido, amasado, hasta el centrifugado y decantado al final en la bodega, desde donde pasará el aceite, bien al envasado, bien a la venta directa.

Foto: PacoMo - El Cañuelo
Una vez terminada la visita “técnica”, pasamos a la “gastronómica”, degustando el pan con aceite, clásico “joyo” con pan de pueblo y aceite “El Gayumbal” ofrecido por la cooperativa, en esta ocasión, acompañado del famoso turrolate de Priego, tanto de almendra, como de cacahuete.

Y tras encontrarnos reconfortados con el desayuno, y una vez hecha nuestras respectivas compras, emprendimos camino de El Cañuelo, donde disfrutaríamos de una segunda parte, que debió ser la primera, una vez más entradito el día, visitamos un olivar para ver, in situ, las vicisitudes por las que pasa el fruto del olivo hasta estar en nuestra mesa. Hay un sinfín de tecnicismos que los dejaremos para que en otra ocasión nos los explique mejor, nuestro compañero y anfitrión en dicho lugar, Antonio López Arenas y nos diga eso de las dos cosechas, las olivas y las ramas o tallos nuevos, lo de las aceitunas de suelo o al vuelo, o sea de ordeño, las ramas que no darán frutos, etc. etc. etc.

Foto: PacoMo - El Cañuelo, visita a un olivar
Dejando el olivar para pasar a “Casa DonLope” donde, con independencia de la admiración de la propia casa, una casa rural con múltiples habitaciones y estancias, cuartos de baño… hasta la sala donde se proyecta y sobre todo, nuestro amigo Antonio hace su exposición magistral sobre la esencia y sapiencia del Aceite de Oliva Virgen Extra, del que seguro, aunque posiblemente sin ordenar del todo, nos trajimos los conceptos de los tipos de aceituna: hojiblanca, picual y picuda, los procesos de extracción con el deshojado, molido batido, decantado, centrifugado, etc. Los distintos tipos de aceite, a saber: lampante, oliva virgen y oliva virgen extra.
DonLope - Sala de cata de aceites
Los análisis y catas a que se somete, para determinar acidez libre, peróxidos esteres… hasta llegar al análisis sensorial que nos da los atributos positivos: amargo, picante… y los negativos: atrojado, rancio, de los que pudimos ser actores principales en la posterior cata a la que sometimos a cuatro tipos de aceite que se nos ofrecieron a catar y poder entresacar por nuestro sabor y olfato los distintos gustos y sensaciones, etc. Sinceramente fue un momento muy didáctico, del que, al menos, creo que la mayoría, sacamos alguna idea más exacta de cómo medir el tipo de aceite que compremos en el futuro. Si he cometido algún fallo, olvidado algo, o cualquier otra cosa, pido se me disculpe porque soy tan profano como el que más, que trató de abrir los ojos y los oídos, pero nada más, y mucho menos, repetirlo con la maestría del anfitrión, cosa, que tampoco es para esta ocasión.

Y pasamos a la cuarta fase, que no quiero calificar, ni como la mejor, ni mucho menos, porque todas tienen sus lados positivos, pero, el comer, y sobre todo las conversaciones que salen en las mesas, eso no está pagado con nada. Llegados a Casa Grego, se nos comenzaron a mudar las caras de eruditos que habíamos cosechado durante la clase y la cata, para tornarla en otra de satisfacción porque íbamos a compartir mesa y mantel con amigos, que a pesar de haber pasado casi todo el día juntos, continuábamos con ganas de seguir conversando y compartiendo. Y si ello iba acompañado de buenas viandas, como ya esperábamos, mejor que mejor.

Antonio, Antonio Bazuelo, Gregorio Páez, Miguel López, Pepe López,
 Antonio López, Rafael Montes, Juan de Dios López y Manolo Vida
Paco Sánchez, Antonio Luna, Antonio Toro, Paco Nieto, Carlos Samaniego,
Pedro Urbano y Paco Moreno.
Pasamos un muy buen rato durante la comida, de la que me imagino que ya habréis tenido la oportunidad de ver reportajes gráficos, para, sobre las cinco y algo de la tarde, hacer las fotos de rigor, despedidas, besos y abrazos y hasta la próxima.

No quiero dejar de pasar la oportunidad de agradecer a todos los que han puesto algo para la organización de este encuentro, que vuelve a dar un poco más de vidilla al grupo, y especialmente a nuestros compañeros Andrés Mérida Briones y Antonio López Arenas por su especial dedicación a que lo pasáramos lo mejor posible y a rellenar nuestro saco de sabiduría. Gracias, de vedad.

Paco Nieto.
Enero de 2018.

viernes, 22 de diciembre de 2017

El cumpleaños de Tomás "El Pollo"

La Granjuela (Córdoba). 12 de diciembre de 2017



La mañana no puede ser más limpia y soleada. Ayer mismo se hartó de llover, pero hoy la atmósfera vuelve a estar totalmente despejada. Da gusto pasear por el campo. Y hay que hacer ganas para el almuerzo. Tomás nos ha sacado del pueblo por el camino de la “Piedra Grande” para enseñarnos por donde discurría el famoso frente de Peñarroya, donde militó su padre, “más de derechas que el propio Franco” -me cachis en la mar, se queja el hijo a modo de disculpa. El camino de tierra bien asentada pese a la lluvia reciente nos lleva sinuoso y plácido entre pequeños olivares, tierras calmas pedregosas y de mala calidad, y granjas de cerdos ibéricos. Llama nuestra atención de forma poderosa la visión cercana de una piara de verracos enormes, descomunales, como borricos de grandes, que dormitan pacíficamente tomando el solecito. “Estos solo sirven pa follar -nos aclara Tomás-. Ahora sí, los polvos de estos verracos duran más de media hora”. “Joder -dice alguien-, en mi próxima reencarnación me pido ser verraco”. Enseguida, sin embargo, a ese alguien se le disipan las ilusiones futuristas cuando Jesús nos explica que ahora no es como antes, que los verracos de hoy no cohabitan con las marranas sino que se les hace masturbarse contra una especie de palo articulado y así les recogen el semen para las sucesivas inseminaciones de las hembras. ¡Nos ha jodido el invento!

En la huerta heredada de sus padres, Huerta Felisa, y reconvertida por Tomás en una productiva finca agrícola con su caserío moderno, que bien pudiera pasar por un hotelito rural, un grupo de amigos estamos celebrando los 65 años cumplidos por Tomás y por mí en el pasado mes de noviembre. Ambos, Escorpio. Sesenta y cinco años son ya un taco de años. De jóvenes no nos imaginábamos llegar a tener tanta edad, nunca nos vemos a nosotros mismos de viejos. Ni siquiera ahora que ya definitivamente lo somos.

Tomás está hecho un chaval, más barrigón, claro está; más calvo, natural. Pero yo diría que más pincho y, desde luego, más interesante que cuando lo conocí en los Ángeles, un mocoso rubio y medio cojo por la polio, con un flequillo de época, de esos que nos cubrían media frente a modo de cortina. Beni es su fiel esposa y compañera, una sesentona chiquita, morena y muy bien puesta. Para mí que esta pareja mantiene su estabilidad de tantos años basándose en la dialéctica de los contrarios: siempre poniéndose la contra el uno a la otra. Pero sin poder pasar la una sin el otro. Se conocieron en uno de los vagones del arcaico tren de la línea Córdoba-Almorchón, en el viaje de ida de las vacaciones de Navidad del año del Señor de 1974. Ese día nevaba en todo el valle del Guadiato y los pasajeros se apretujaban en aquellos asientos de bancos corridos para darse calor. Beni y Tomás coincidieron en el mismo banco apretujados. Él estudiaba agrónomos y ella magisterio. Él se apeaba en la Granjuela y ella, en Fuenteovejuna. Él, pollo, y ella, fonsmelariense. ¡Qué gentilicio más bello! Proviene de que en sus inicios como pueblo Fuenteovejuna se llamó Fuente de miel (Fons melariae); luego devino en Fuente abejuna; y finalmente, desde Lope de Vega, en Fuenteovejuna. Ea, para que veáis.

Al ser un día laborable, Agustín -aún en activo- no ha podido asistir. ¡Lástima! ¡Con lo que hubiera disfrutado las migas!... Con Pedro apenas podemos contar ya por sus múltiples ocupaciones en su parroquia y en la Catedral. Por otros motivos domésticos, tampoco Rafa Marín, Luis Enrique ni Salva. Otra vez será. Nos presentamos a la fiesta Jaime, José Pablo, Jesús Cantarero, Antonio Luna, José Antonio Naz y un servidor. Con nuestras santas, claro está.

Desde el aire o desde la distancia, el encuadre no tiene más chiste ni otra enjundia que un grupo de amigos departiendo en el campo entre charlas, vinos y risas, un fuego de palos y una sartén de migas encima de unas trébedes. Así sería en efecto, si no fuera porque detrás de esta simple escena hay mucha historia. Mucha. Tanta como cincuenta y tres años para atrás.






martes, 19 de diciembre de 2017

COMIDA NAVIDEÑA 2017

COMIDA NAVIDEÑA DE LOS VICARIANOS CORDOBESES

En el Restaurante-Pizzería COPE
Córdoba, 16 de diciembre de 2017


Conforme caminábamos por el puente “oxidao” de nuestra capital, eché un vistazo al otro majestuoso puente, de incomparable belleza, construido aguas abajo (sobre el inservible romano) por Hisham I. Nos adentramos en el “Campo de la Verdad” o “Arrabal de Sacunda”. Allí resonaron (en mi interior) los gritos de espanto provocados por la gran masacre, ordenada por el también emir Al-Hakam I, el 25 de marzo de 818, ante las justas reivindicaciones de las gentes que habitaban este lugar. Ahora no nos dirigíamos hacia revuelta alguna, sino todo lo contrario, a reunirnos en plena amistad.

Pues bien, con la puntualidad que nos caracteriza, adquirida en años de batalla, se encontraban las gran mayoría de amigos que nos habíamos dado cita en el Restaurante COPE (sin entrar en mas detalles sobre el nombre, ¿vale? que no se os puede dar rienda suelta)

Una vez dentro y antes de comenzar… ¿estamos todos? ¡No, falta Antonio Camacho!

−¿Antonio, vas a venir?... Quédate ahí, yo voy a recogerte –le dije por el móvil.

Como no estaba lejos, llegué rápidamente. Resguardado a la sombra de la estatua del benefactor del Barrio del Campo de la Verdad, Fray Albino, se encontraba el amigo Antonio. Pretendía llegar, por la carretera de Castro, siguiendo instrucciones, al lugar de reunión. Sin entrar en más aclaraciones, sobre todo porque yo no tenía ni idea seguir por ese camino, optamos por dejar allí el coche y dirigirnos andando. Así lo hicimos y llegamos en dos minutos

−¡Ya estamos todos! 

−¡Posadero, ya puede traer las viandas!

Sin más dilación, dimos cuenta de una suculenta y bien elaborada comida. A decir verdad, hemos de dar nuestras felicitaciones a Paco Nieto, por la elección del lugar y menú: aperitivos de jamón (algunas voces exaltaron el inolvidable jamón de Dos Torres, pero no se puede establecer comparación) queso, patatas revueltas, aceitunas y croquetas para luego pasar al churrasco o bacalao, según elección. Terminamos con un flan y el cava de rigor. Servido éste, Paco Nieto brindó a la salud de presentes y ausentes y nos deseó unas felices fiestas. Siguió otro bis, esta vez glosado por Andrés Amado, el cual tras mostrar su pesar a nuestras queridas compañeras, por “haberse casado con tanto cabroncete”, nos deseó, también, unas felices fiestas.

Entre la conversación amena, mientras dábamos cuenta de los ricos manjares, nuestro “Primus inter Pares” Excmo. Sr. Francisco Sánchez, entronizó a los nuevos vicarianos, que con gran júbilo y honor, aceptaron la misma, de lo que nos congratulamos todos los presentes. El número va en aumento… buena señal. No vayan a pensar ustedes, que el acto fue algo vulgar, o chistoso. Todo lo contrario, con todo boato y dignidad ceremonial, se dio cumplimiento a tal acto, como debe ser y está reglamentado.

Hemos de destacar la presencia, no solo de los nuevos entronizados, sino de los venidos ende las montañas granadinas, como Lola-Manolo Sepúlveda y Pilar-Antonio Luna. De otras montañas, pero en este caso malagueñas, vinieron Lucía-Paco Molina. Del llano, tras nuestro rio, Paqui-Alfonso Belmonte. No podía faltar y no lo hizo, el “Hombre que susurra a las Fargos” Miguel López. Bravo por ellos. Bueno… y bravo tambien por todos los allí reunidos. Antes de marcharnos llegó Mateo Calero a darnos unos abrazos, de lo que le estuvimos muy agradecidos.

Echamos un gran rato de alegría y felicidad. 

Se tomaron acuerdos de futuro, como los peroles para los meses de enero y febrero: jueves fin de mes de enero será un perol de migas, donde celebraremos la jubilación de Manolo Sepúlveda (en nuestra Sede de la Sociedad de Plateros) y para el fin de mes de febrero, se ha apalabrado un perol en casa de nuestro nuevo entronizado, Rafael Pérez Molina. Ni que decir tiene que nuestras compañeras están invitadas, como siempre.

Descubrimos otra faceta de Carlitos, la de Confesor. Se acomodó en su chiringuito, montado al efecto en un rincón del salón y allí exigió que todo los allí reunidos, pasáramos a descargarnos de nuestras cuitas. De camino, ligaba un poquito. ¡Es que está en todo!

Menos mal, que nos pusimos a cantar. Moli se decía para sus adentros “Andrés tiene toda la razón, toda esta gente son una pandilla de… Después que les he mandado las canciones por Whatsapp, no vamos a cantar ningún villancico” Pero no fue así, después de mucho rogar nos pusimos manos a la obra y sonaron unos cuantos villancicos y el Himno del Grupo, que salió a la perfección, no solo porque ya lo vamos aprendiendo, sino porque se está convirtiendo en una prueba más de que algo grande se mueve entre nosotros. Miren ustedes por donde, todo salió a la perfección. Y esta vez sí… Moli tenía una cara resplandeciente, al ver el deber cumplido. En el fondo, somos buena gente. Gracias Moli por tu empeño y al, tambien, esfuerzo de todos.

Tras lo cual, nos fuimos despidiendo. 

Pero como siempre, quedamos esos a los que nos cuesta trabajo dejar el buen momento. Nos alegramos de ello, ya que muy amablemente, el posadero, nos obsequió con unos deliciosos pestiños, que duraron un visto y no visto.




Permitidme que este villancico sirva para desear a todas las personas que formamos este sin igual grupo, una Feliz Navidad y un año lleno de salud.

A

golpe de pandereta,

el Árbol de la Navidad, va cobrando significado.

Con el abonado de nuestra melodía, nos donará sus frutos.

Su primavera dependerá, de una entrañable sintonía entre NOSOTROS.

Comprometida

Y feliz

Navidad,

SIEMPRE

XXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Andrés Osado Gracia
Córdoba, 19 de diciembre de 2017

domingo, 17 de diciembre de 2017

Crónica de la 26ª reunión Grupo Madrid

Reunión en Casa Pepe

Fuenlabrada (Madrid), 16 de diciembre de 2017

Con el alba de compañera, me pongo manos a la obra para intentar hilvanar todo lo que sucedió ayer en Casa Pepe.

No estaba seguro de que pudiera asistir a la reunión. Andrea seguía con el insistente dolor de pierna y todo dependía de la evolución a lo largo de la mañana. Manuel Jurado me mandó un correo a la 9,44 ofreciéndose generosamente para recogernos. Decliné su invitación, primero porque todo estaba en el aire y segundo porque desde la experiencia con Rafa Vilas, el 3 de octubre de 2014, en la segunda reunión del Grupo en El Escorial, me prometí no subir en coche ajeno salvo en caso de extrema gravedad. Pero vayamos al grano.

Con la incertidumbre de cómo se desarrollaría el encuentro, llegamos a Casa Pepe a la hora acordada. Jurado lo hacía simultáneamente en su flamante coche. Después de darle mi experto “visto bueno” nos dirigimos al restaurante. Dentro nos aguardaban Carmen y Rafa y la primera sorpresa agradable: Rafael Raya de la Mora. Primeros abrazos y comentarios ante unas cervezas y aceitunas aliñás. Manolo Jurado no las probó porque conserva un trauma infantil. Nos contó que se quedó muy jartico de ellas cuando las tenía que recoger en la finca familiar. Lo comprendí. 

No tardamos mucho en sentarnos. Hombres a un lado, mujeres a otro. ¡Menos mal que la mesa no era una góndola! Me tocó Andrea a mi lado y casi no comí de embelesado que estaba mirándola. Bueno me he pasado un poco. En el ambiente flotaba el recuerdo de Antonio Crespo. También de los ausentes porque quedaron sillas sin ocupar. 

La conversación fue amena y diversa. Se tocó varios temas: fútbol, Raya fue árbitro, ephemérides, aquí arrasó Manuel, y religión. La eterna conflictividad entre Razón y Fe. Decía Juan Pablo II que “la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”. Cuando entre las personas hay respeto, tolerancia y empatía se puede hablar de cualquier tema con la seguridad de salir ilesos.

¡Y otra vez ocurrió! Fue en el segundo plato. Todos los comensales apurando con exquisita avidez sus viandas y yo mirando a un lado y a otro. Tuve que hurtarle al Vilas algunas patatas; al observar mi famélico rostro, reaccionó con prontitud y, emulando el estilo franciscano, me ofreció un exiguo trozo de carne. Se lo agradecí con la mirada mientras que las glándulas salivares se abrieron sin avisar. No babeé porque todavía conservo reflejos de mi cercana juventud y pude evitar la mancha.

Terminados los postres nos ofrecieron los típicos licores de hierbas. Estábamos brindando por Antonio Crespo cuando ocurrió: ¡hizo su entrada en el comedor, Cari y su hija Gemma! ¡Segunda sorpresa del día! Como una piña nos arremolinamos junto a ellas para saludarlas. Tuve que beber agua rápidamente para deshacer el nudo que me atenazaba la garganta. Entre lágrimas nos explicó que tenía que hacer el esfuerzo de venir para estar con nosotros. Poco a poco se fue relajando y la conversación manaba mansamente. 

Rafa Vilas se sentó un rato con las mujeres. Parecía el capellán de las monjas de clausura. Con sabias y certeras palabras estuvo dándole aliento a Cari para lidiar este toro que le ha tocado en suerte. Todos estamos seguros que saldrá adelante. Ayer dio el primer capotazo. 

Otro ejemplo más de entereza, de fuerza, de querer superar esta dolorosa pérdida. Y lo va a conseguir. Primero porque tiene unos hijos extraordinarios que van a estar a su lado. Gemma es una chica maravillosa, llena de fuerza y positivismo, ¡como su padre! Será un buen bastón donde apoyarse. Y además nos tendrá a nosotros, que tampoco la dejaremos sola.

Siempre me hago la misma pregunta. ¿Cómo se puede explicar que un encuentro, después de 50 años, te lleve a una amistad tan profunda? ¿Y nuestras mujeres? Se llevan conociendo 3 años. ¿Cómo se puede labrar una amistad tan auténtica en tan poco tiempo? Ellas no estuvieron en el Seminario pero el espíritu de Los Ángeles ha recalado también en ellas a través de nosotros.

Después de una larga sobremesa tocó la despedida. Creo que salimos todos con el corazón henchido de emociones. 

En estos días hay muchas comidas de empresa, muchos besos y felicitaciones. ¡Tó er mundo es güeno! Sólo me queda decir que somos unos privilegiados por contar con vuestra amistad.

Paz y bien.

Atonio Estepa Romero

viernes, 8 de diciembre de 2017

POSTAL NAVIDEÑA DE 1968

RECORDANDO A D. MOISÉS

“Uf, ¿escucho música… o estoy soñando? ¡Qué bien se está calentito en la cama!
Creo que hoy es domingo... No sé si es ocho o nueve de diciembre. Ya lo comprobaré cuando me levante. La música suena cada vez más fuerte. ¿Qué está pasando?”

Mientras intento aclararme, un tropel de pasos cercanos y unos alegres acordes de bandurrias y guitarras hacen que me incorpore ligeramente en la cama. La puerta del dormitorio común se abre, se encienden las luces y entran unos diez seminaristas mayores tocando sus instrumentos musicales. Al frente de todos ellos va mi paisano D. Moisés, tocado con una boina negra y bufanda gris. Trae una pandereta en la mano y luce su sonrisa grande de hombre bonachón.

Unos golpes rítmicos de su pandereta marcan la entradilla de la canción:

PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!
PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!

“A Belén llegaron los pastores
a anunciar el nacimiento de El Mesías
de camino a dar la enhorabuena
a José y a la Virgen María...”

La frescura de la rondalla inunda nuestros corazones adolescentes animándonos a vivir aquel nuevo día con una mayor alegría. 

Habíamos iniciado el 5º curso en San Pelagio apenas unos meses antes. Desconocíamos aún muchas cosas del Seminario mayor, entre ellas esta tradición pre navideña de despertarnos con villancicos los domingos y fiestas anteriores a las vacaciones de Navidad.

Escuchando los primeros acordes de este alegre villancico, mi atención se quedó clavada, involuntariamente, en mi paisano D. Moisés. Mientras le miraba, acudieron a mi mente algunos recuerdos, como flashes rápidos, de momentos vividos aquellos últimos años. En ellos aparecía a menudo su amable figura. 

En la primera imagen, me veía de pie en su despacho de Hornachuelos, que estaba situado muy cerca del salón de estudio y antes de bajar las escaleras que daban al patio. Aprovechando que yo salia del estudio, llamó mi atención y me invitó a entrar en su despacho. Sin llegar a sentarnos, se interesó por saber cómo me estaba adaptando a aquella nueva vida en comunidad y a continuación, me dijo:

-Manolito, tú y yo somos algo más que paisanos, somos como de la familia, familia lejana pero familia al fin y al cabo. 

Sin duda era así, pues su madre y mi abuela eran primas. 

-Te tengo en esa consideración, pero aquí nuestro trato tiene que ser el correcto. Delante de los demás te trataré como a uno más, sin diferencias... Nadie debe pensar que eres mi enchufado.

Me limité a asentir con la cabeza y terminó diciendo: 

-Eso sí..., la puerta de mi despacho está siempre abierta para ti. Ante cualquier problema importante, ya sea de día o de noche, aquí me encontrarás dispuesto a ayudarte.

Le di las gracias y le manifesté mi intención de molestarle lo menos posible. Aquella entrevista transcurrió, finalizando el mes de octubre de 1964. Hacía un par de semanas que habíamos entrado en el Seminario y yo tenia once años. Las reglas del juego quedaron perfectamente establecidas. En adelante, conté con su secreto afecto sin pretender ninguna demostración, que además hubiera sido contraproducente para mí.

D. Moisés había accedido aquel curso 1964-65 al Seminario de Santa María de los Ángeles, coincidiendo con nuestro primer curso, en calidad de formador. Asumió la responsabilidad de la Dirección Espiritual de 247 pequeños y traviesos seminaristas. Además de ese cometido, aquel curso impartió clases de religión a los compañeros de 2ºB, mientras que a los de 1ºA nos daba clase de geografía.

Me viene hoy a la memoria el recuerdo muy lejano de algunas clases suyas y un examen trimestral en el salón de estudio. Éramos muchos llenando las primeras hileras de pupitres, por lo que deduzco que debió impartirnos clase a dos aulas conjuntamente.

Otro curioso recuerdo me trajo imágenes de una excursión al río Guazulema, con el imprudente chapuzón de muchos de nosotros en sus frías aguas. 

También pasaron por mi mente momentos muy agradables en las celebraciones del día del Rector: las carreras de sacos, las chocolatadas, las competiciones de pichoncho…, en fin, todos aquellos juegos que nos hacían disfrutar y olvidar por un día la lejanía de nuestras queridas familias. 

Hay que destacar la inauguración de la piscina al inicio de la época estival de aquel curso. Aquello supuso un plus de diversión y hacernos más llevadero ese interminable semestre, de enero a vacaciones de verano.

En el curso 1965-66 D. Moisés siguió de Director Espiritual, cargo que ocupó los 4 cursos que estuvo en Santa María de los Ángeles. Lo compaginaba con las clases de religión en algunas aulas. Creo recordarlo también impartiendo las extrañas asignaturas de redacción o urbanidad. 

D. Moisés, durante aquellos años, se ganó el corazón de la mayoría de nosotros con su talante amable. Supo hacerse respetar sin necesidad de aplicar la rígida disciplina de la que otros curas abusaban. Nos ofreció la confianza de poderle consultar cualquier problema con total comprensión y confidencialidad de su parte. Siempre estaba disponible si lo necesitabas, con su amplia sonrisa y cierta complicidad paternalista. Era el más humano y cercano a nosotros. Los amplios corrillos en torno a su persona, cuando salía al patio de recreo, y las preferencias por su confesionario, habitualmente más visitado que ningún otro, así lo confirmaban.

Aquel segundo curso en Santa María de los Ángeles fue el más duro para mí, como os relaté en anterior escrito. Ahora, en el 5º curso del Seminario de San Pelagio, no quería volver sobre los tristes recuerdos que me acompañaron durante varios meses desde el inicio de 1966. La pésima relación con don José Delgado Albalá, a consecuencia de su antipatía hacia mi persona, que manifestaba abiertamente ridiculizándome ante mis compañeros, había sido el desencadenante para decidirme a dejar del Seminario. 

Me vino después a la mente mi propia imagen sentado en el despacho de D. Gaspar. Le comunicaba mi decisión de abandonar el Centro. Él me pedía que escribiera una carta a mi padre, para informarle del asunto. Sibilinamente lo controlaba todo procurando que el paso del tiempo enfriase mi tajante decisión. Por este motivo retuvo mi carta, que nunca llegó a salir de su despacho.

Reviví a continuación las dos conversaciones que mantuve con D. Moisés a causa de aquel problema. Me escuchó francamente preocupado por la situación que me veía padecer. Respetaba mi decisión, pero insistía en que no debía marcharme precipitadamente. Me pidió que lo pensase durante un mes y que comprobase cómo evolucionaban los acontecimientos.

Nunca me atreví a preguntárselo directamente, pero me resultaba evidente que debió mantener conversaciones con D. Gaspar y con D. José, el cual dejó de meterse conmigo en público y comenzó a tratarme como a uno más.

Ahora me sentía feliz en 5º curso. Enormemente agradecido a D. Moisés por sus buenos consejos y por echarme una mano. Deseaba poner un tupido velo a aquellos tristes acontecimientos que padecí en el segundo curso. Escuchando los acordes del villancico, llegué a sacudir por un momento la cabeza tratando de alejar de mí aquellos malos recuerdos.

Enseguida me asaltaron imágenes más alegres de la época Santamariana, como la excursión a Hornachuelos: a la ida cruzamos el monte desde los campos de fútbol, para ganar terreno. A la vuelta regresamos por la carretera, en buena camaradería y rezando el rosario. 

Evoqué otras excursiones: a la presa del Bembézar y a San Calixto. La verdad es que nos sentíamos mayores. En los dos últimos cursos anteriores a San Pelagio, el trato con nuestros formadores y la convivencia en general habían mejorado mucho.

De aquellos cursos me llegó la imagen en la que me veía dentro de la capilla mientras oíamos misa.

Mi asiento estaba situado próximo al pasillo central entre la puerta de entrada y los confesionarios. D. Moisés solía sentarse en uno de ellos para atender a los que querían confesarse con él. Permanecía allí hasta poco después de la Consagración.

A continuación se levantaba y con paso tranquilo se dirigía hacia alguno de los que estábamos próximos al pasillo. Con la mirada y un leve movimiento de cabeza hacia un lado nos indicaba: “Ven conmigo”. 

Inmediatamente, el afortunado que recibía la señal abandonaba al grupo en la capilla y seguía con paso decidido a D. Moisés.

Muchas veces fui el elegido. El camino era siempre el mismo: el largo pasillo hasta la puerta del comedor, las escaleras que bajaban a las cocinas y, antes de llegar a ellas, la puerta que daba acceso a una pequeña capilla de oración con un altar. Era el lugar de culto de las monjas y quedaba justo debajo del comedor de los profesores.

Allí le ayudaba a ponerse el alba, el cíngulo, la estola, la casulla… 

A continuación oficiaba misa. Mis funciones se ceñían a las de cualquier ayudante para la celebración de la Eucaristía. En cierta ocasión me dijo: 

-Manolito, me gusta que me ayudes a celebrar la misa. No me importaría llamarte siempre a ti, pero tienes que comprender que también invite a otros compañeros que esperan y desean ayudarme.

Abandonar por unos minutos la rutina del grupo general y sentirte diferente, era ciertamente un premio para nosotros. Me limité a darle las gracias por las veces que me llamaba y le expresé la ilusión que me hacía ayudarle. Con una pequeña palmada entre el cuello y la nuca me contestó como solía:

-Gracias... Ya te puedes ir con los demás.

En otro flash, me llegó la imagen de muchos de nosotros contemplando la televisión que teníamos en la sala situada en el primer piso, encima de los servicios del patio grande de recreo. Nos gustaba ver el futbol y los programas musicales. Disfrutábamos con los cantantes y ritmos del momento. En abril de 1968, Massiel ganó el festival de Eurovisión, con su famoso “La,la,la” y una ola musical nos invadió. Al final de este 4º curso se organizó un certamen musical y me encargaron que pintase un cartel que anunciara el evento. En aquellas fechas se me daba bien la pintura a lápiz.

Como no existía papel en blanco grande, recurrí al rollo de papel beige con el que forrábamos los libros. Pinté un guitarrista enorme, con su guitarra eléctrica y con el atuendo de la época. Francamente era una copia del gran Elvis Presley. El cartel estuvo una semana colgado en la fachada principal del Seminario, junto a la puerta de entrada. Recuerdo la enhorabuena y felicitación por parte de D. Moisés.

Me sentía afortunado protagonista. Allí estaba yo, en mis ensoñaciones, de pie delante del cartel, contemplándolo y disfrutando aquel momento… 

De repente, unos golpes demasiados cercanos de la pandereta me sacan de mi ensimismamiento y me devuelven a la realidad:

PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!
PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!

A Belén llegaron los pastores
a anunciar el nacimiento de El Mesías
de camino a dar la enhorabuena
a José y a la Virgen María.

Virgen María, vamos todos al portal
porque desde aquí a Belén
hay mucho que andar, hay mucho que andar
porque desde aquí a Belén
hay mucho que andar, hay mucho que andar.

PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!
PAN PARA PAN PAN PAN PARA PAN PAN PAPANNNN!!!


Algunos datos biográfico de D. Moisés

D. Moisés se ordenó sacerdote en el año 1961. Durante cuatro años estuvo ejerciendo el apostolado como párroco en el pueblo de Obejo. Allí realizó una magnífica labor y rápidamente se ganó el cariño de todos los feligreses. Muchos años después, en una visita al pueblo, casi no podía andar por la calle, al verse abordado por todos los vecinos que le querían saludar.

En esta etapa, nuestro compañero Antonio Ruiz Martón me ha confirmado que fue su monaguillo en la parroquia. Seguro que guarda numerosas historias y recuerdos por su cercanía a él.

Hay una anécdota relevante muy apropiada para esta “postal” de fiestas navideñas y reyes. En El Viso existe la antigua tradición del “Auto Sacramental de los Reyes Magos”, cuya representación se venía celebrando cada 7 años (Actualmente es cada 4 años. Este 2018 toca volver a hacerla).

D. Moisés tenía mucho interés en dar a conocer esta tradición y puso todo su empeño en que se pudiese celebrar una representación local, para todos los vecinos de Obejo.

De paso, también daba la oportunidad de disfrutarla, a muchos jornaleros viseños, que en aquellas fechas, se encontraban en plena recolección de las aceitunas en la sierra cordobesa y que no habían podido asistir a las representaciones en los días de Reyes. Supuso un gran reto trasladar al numeroso grupo de actores, vestuario, rondalla etc. , incluida una nueva puesta en escena por parte de los organizadores, entre los que se encontraba Rafael, un hermano de D. Moisés.

Fue así como el 17 de enero de 1964, en la plaza de Obejo, se hizo la representación de este Auto Sacramental, que sirvió para hermanar a los pueblos de Obejo y El Viso.


En esta foto le vemos en la casa parroquial de Villaharta, año aproximado 1962. Está acompañado, desde la izquierda: Rvd. D. Constantino Calle, (párroco de esta población y tío de Pedro Calle), Rvd. D. Juan Francisco Hernández, Rvd. D. Moisés Delgado y Rvd. D. Antonio Mejías Castilla.

En octubre del curso 1964-65, entró como formador en el Seminario de Santa María de los Ángeles, ocupando siempre el cargo de Director Espiritual. Allí permaneció durante cuatro cursos, los mismos que nuestra promoción. También nos acompañaría durante los tres cursos siguientes en San Pelagio. En 5º fue nuestro profesor de religión y los dos cursos posteriores, pasó a ser formador de los seminaristas mayores.

He querido hacerle este pequeño homenaje desde mis vivencias personales. Me he apoyado en los registros que me han quedado de aquellos lejanos recuerdos infantiles y juveniles de nuestra experiencia vital en el Seminario menor.

Lógicamente tengo más vivencias de nuestra estancia en Córdoba. Sobre todo de unas entrevistas en su despacho, durante PREU, que me ayudaron a tomar una decisión sobre mi continuidad en el camino sacerdotal. Pero esa es otra historia...

Nunca perdimos totalmente el contacto. Aunque me vine a Madrid, nuestras coincidencias en el pueblo, con motivo de las fiestas patronales o en la romería del lunes de Pascua, siempre iban acompañadas de un caluroso y sincero saludo.

Durante los años que estuvo de párroco en Las Margaritas, nuestra mutua felicitación con tarjeta de Navidad, era un clásico cada año.


En esta foto de la romería de 1967, le vemos pasando un día alegre de campo. De pie está el Rvd. D. Manuel Cobos Risquez ( párroco de El Viso), sentado con él, el Rvd. D. Carlos Linares (D.E.P.), que también fue profesor en Hornachuelos y a su lado un pequeño sobrino de D. Moisés (otro Manolito...).

A finales del año 2006 mantuve varias conversaciones telefónicas con nuestro compañero Antonio Luna, encargado de los encuentros anuales que se venían celebrando. El objetivo era ver la posibilidad de hacerle un homenaje a D. Moisés, que llevaba dos años en la residencia para sacerdotes mayores en San Pelagio. Su movilidad era reducida al encontrarse en silla de ruedas. Estábamos valorando cuál sería la mejor opción, cuando nos sorprendió la noticia de su fallecimiento, causándonos una gran tristeza y la descorazonadora sensación de que habíamos llegado tarde. Falleció el 12 de enero de 2007 a los 71 años de edad. 

D.E.P. D. Moisés, siempre estará en nuestros corazones y formará parte de nuestros mejores recuerdos de seminaristas.

Quiero terminar este escrito recordando a nuestro amigo Antonio Crespo. La semana pasada nos dejó inesperadamente y su ausencia ha representado un duro golpe para todos nosotros. Que descanse en paz y que toda su familia, en especial su esposa Caridad, sus hijos Gema, José Antonio y David, encuentren fuerzas y ánimos para seguir adelante.

Muchas gracias amigos vicarianos por leerme. Hasta siempre.

Móstoles, 8 de diciembre de 2017. (Han pasado 49 años...)

Manuel Jurado.

lunes, 4 de diciembre de 2017

CRÓNICA DE LA REUNIÓN DE LOS VICARIANOS CORDOBESES

EN LA SEDE DE LA SOCIEDAD DE PLATEROS

Córdoba, 30 de noviembre de 2017

Con el sentimiento encontrado: por un lado por la muerte de nuestro querido Antonio Crespo y por el otro, debido a la alegría de volver a vernos, otro jueves fin de mes; nos hemos dado cita en este día especial, también, por la celebración de San Andrés.

No podía faltar que nuestro primer brindis, fuera dedicado a la memoria de Andrés Luna. Pero el siguiente, lo hicimos en honor de otros dos queridos compañeros que nos alegraron con su presencia: Francisco Castro Jiménez y Rafael Pérez Molina. Después de los cálculos correspondientes dijeron que ellos eran del curso 66. Nuestra más sincera felicitación por su incorporación al grupo (no saben ellos bien donde se ha metido, bueno… sinceramente de algo empezaron a darse cuenta, por lo que más tarde relataré)

Esta vez los comensales estuvieron de suerte. Primero y como era de rigor, ofrecí una invitación por el día de mi santo y por tanto cariño demostrado. Sin embargo ahí no quedó la cosa. Tanto Paco Jiménez como Rafael Pérez, mejor dicho a la limón, ofrecieron otra invitación por el feliz reencuentro. He de decir que nos quedamos todos algo sorprendidos, pues se trataba de la primera vez que, unos compañeros recién incorporados, ofrecían una invitación. ¡Bravo por ellos! 

Al poco rato se presentó Jenny, de lo que nos alegramos mucho. Sentíamos más cerca a nuestro querido Andrés.

Excelente plática se entabló, sobre todo por la incorporación de nuevos miembros y por los datos que fueron aportando y que van engrosando la memoria histórica de aquellos tiempos. Digo buena, hasta que “se armó el Belén” (parafraseando el título de aquella película protagonizada por Paco Martínez Soria, de los años 70) Resulta que empezamos a hablar sobre la comida de Navidad… la poca gente que nos habíamos apuntado; lo tarde que dejamos el decir si se va a un acto o no. Se recordó la cita de Dos Torres y lo mal que se funcionó en este sentido. El Belén resultó mejor que los que monta Moli, pero en esta ocasión, los Reyes Magos estaban en el Castillo de Herodes; Herodes con la lavandera; el caganet haciendo de las suyas en el propio portal y la mula de parranda con el mulo del que estaba arando. En fin, un guirigay. Los pobres nuevos me miraban (es que los tenía al lado) y yo les miraba a ellos y ambos nos mirábamos con cara de… Noté en ellos la expresión en sus rostros, como preguntándose dónde se habían metido. Yo traté de explicarles que, en ocasiones, no nos pone de acuerdo ni el mejor “intermediario”. Que no lo tuvieran en cuenta y no se asustaran. No se si lo conseguí… que sí, lo conseguí, porque se fueron muy contentos.

Son cosas de niños y como tales hemos de tomarlas. Sí, sí pero como no avisemos con la suficiente antelación en los próximos actos, ni Antonio Luna ni Manolo Sepúlveda, nos van a tener en cuenta (¡ah! y luego no borrarse el mismo día, salvo lo que se salva). He dicho. 

Bueno, bromas aparte, me hubiera gustado que vierais la cara de susto de nuestros más jovencitos, la cosa no fue a mayores y como siempre… se llegó al consenso. ¡Uf, pero después de un buen rato!

Diego estuvo también con nosotros, lo que significaba que se encontraba mejor de su intervención y del estómago. Se le podía abrazar un poquito mejor, debido a su pérdida de peso. 

¡Qué bien se explicó Carlitos en la disertación que nos dio sobre Santa María de los Ángeles! Nos puso al corriente de todo lo que había escuchado por boca de su amigo, una veces “con Don y otras sin Don” no digo el nombre, por aquello del secreto de la confesión. En resumidas cuentas, parece ser una realidad, al darle algo de uso a aquel sitio de nuestras alegrías y penas. Que así sea y para bien de todos.

Como siembre, quedaron unos cuantos para el final, sí, esos del mal vivir. Pero mirese por donde, no fue el balde. En conversación con Antonio, el dueño de Plateros, nos ofreció la posibilidad de celebrar peroletes en la Sede de Plateros, siempre que se lo avisemos con tiempo. Podemos llevar nuestra comida y no nos hemos de preocupar por el tiempo. Así que ya tenemos otra cuestión a debatir. ¡Espero que no sea traumática!

Cuidaos mucho y nos vemos pronto. Un abrazo.


P.D.: No quisiera dejar estas letras, sin dejar constancia de mi recuerdo hacia Antonio Crespo.


“Como decíamos ayer” (Fray Luis de León)

Ahora, reposadamente,
cuando el noviembre se ha fijado en tí,
y sin borrar la sonrisa de tu rostro,
te ha reclamado;
dejo volar mi mano para recordarte.
Fue otro noviembre,
engalanado entre flores
de jarales y madroñeras,
quien nos marcó,
entre latines, griegos y alegrías,
con el sello de la amistad,
de la nobleza y la sencillez
(aunque tú ya lo llevabas de nacimiento)
Ese noviembre se hizo continuo,
 con etapas sin calendario,
pero no importó.
Nuestro reencuentro,
nos devolvió a la niñez.
Contigo, en el recuerdo,
seguiremos desgranando noviembres.
Por eso, amigo Antonio…
“como decíamos ayer”
Córdoba, 29-11-17

Andrés Osado, 3 de diciembre de 2017